12 oct. 2008

El amor en los tiempos del cólera: amor y cine en estado de gracia




"Piensa en el amor como en un estado de gracia. No como un medio para llegar a nada, sino como un origen y un fin. Como un fin en sí mismo."

Así le describe el significado del amor Florentino Ariza a su amada Fermina, tras cincuenta y tres años, siete meses y seis días de esperar que sea correspondido.
El amor en los tiempos del cólera no es una película romántica, sino una profunda reflexión sobre el amor. Sobre las diferentes clases de amor, esos motores que no siempre funcionan a la perfección en el camino de nuestra vida.
El amor de Florentino, un penélope masculino para quien no existe la palabra imposible y que separa tajantemente la pureza de su amor por Fermina de sus seiscientas veintidós conquistas sexuales. El amor imposible que a fuerza de paciencia se hace real.
El amor entre una madre y su hijo y la entrega del hijo, el amor como la prioridad tierna y rutinaria del sacrificio del cuidado. El amor que no necesita preguntas ni respuestas.
El amor cotidiano de un matrimonio atravesando décadas, hijos, peleas, dudas, reconciliaciones, muerte... hasta converitirse en algo tan corriente como el beber y perder dolorosamente su trascendencia. El amor que se pregunta a sí mismo si es amor.
El amor más allá de la edad, más allá del cuerpo, más allá de las preguntas, que termina fluyendo y desembocando en la inmensidad de la vida, sin que importe la brevedad o la eternidad del baile de las manecillas del tiempo.
La película es también un homenaje al romanticismo de finales del siglo XIX, a su literatura almimbrada de cursilerías y fogosa rimbombancia, a las cartas de amor escritas en cuidadosa caligrafía y dudoso estilo, que conmovían el corazón de recatadas damiselas; a las arriesgadas citas planeadas por el amado en balcones perfumados de noche, con la intimidad prohibida de miradas y apresuradas caricias robadas en los refugios de las iglesias. A la atrevida posibilidad de que un amor así puede ser tan imperecedero como cualquier otro. La historia de un hombre que no se averguenza de su alma romántica, que hace de ella la razón de su vida y que escribe cartas comerciales henchidas de palabras amorosas, pero que no duda en explorar la sexualidad en cuerpos desconocidos, rincones oscuros de la ciudad y escenarios adúlteros.
Es un reencuentro grato y bien logrado con el universo de García Márquez, con la notas justas y comedidas de realismo mágico para envolver la película en un halo de etérea materialidad.
Es también un homenaje a la belleza de Colombia, la Colombia ajena a este presente de narcotráfico y fosas innombradas, la Colombia que se desliza apabullante de verdor por el cauce del Magdalena, viajando chispeante en el vapor blanco llamado Nueva Fidelidad, que despierta siestas con el tañido de las campanas, que pasea riquezas y miserias entre las calles lujuriosas de edificios blancos y palmeras inmutables de la Cartagena decimonónica, la Colombia que llega al corazón del viajero y le conquista para siempre.
La banda sonora, una maravilla de Shakira, sin más comentarios, el acompañamiento perfecto a la danza entre los amantes. El trabajo de los actores impecable, el de Javier Bardem, como siempre, magistral (¿habrá algún papel que no pueda interpretar este hombre?).
Una película para conmoverse una vez más con lo que siempre nos conmueve, el primer beso entre los amantes que ha esperado cincuenta años para nacer y será eterno.

9 oct. 2008

Hola, soy Kyrte, nueva miembra de Amazonia




Mamá Angie me ha dado permiso para escribir en su blog y presentarme a tod@s vosotr@s.
Llevo ya casi tres semanas con mis nuevas mamás, Angie y Adriana, mi mamá biológica no sé qué fue de ella, pero estoy muy contenta, porque mis mamás adoptivas me miman mucho y me dan muy bien de comer. Me lo como todo, hasta la naranja (y la comida de mi hermanita Doni, cuando no me ven las mamás).
Hace sólo tres semanas yo estaba muy solita y tenía mucho frío y me metí en un coche que estaba aparcado enfrente de la cafetería donde trabajaba mamá Adriana. Pero tenía mucho miedo y mucha hambre y no paraba de maullar, así que desde la cafetería llamaron a la polícía municipal para que me sacaran del coche. Los guardias pensaban que el cohe estaba abandonado porque estaba un poco sucio, pero no, era el coche de Carlos, un amigo de mis mamás que vive allí cerca y no tiene mucho tiempo para lavarlo; a mí no me importaba que estuviera sucio porque estaba calentito. Llegaron tres coches de la policía (no entiendo por qué tantos, si soy tan pequeñita) y armaron mucho jaleo y yo me asusté mucho y mordí una mano enorme que me quería coger. Luego supe que era de una municipala amiga de mamá Adriana, por lo que le pido disculpas, pero es que estaba muy, pero que muy asustada.
Yo pensaba que los municipales venían a rescatarme y llevarme con mi mamá, pero no, simplemente me sacaron del coche de Carlos y me dejaron enfrente, en el jardín del asilo, donde había muchos gatos grandes y malos que me echaron enseguida de allí. Vagué toda la noche buscando un lugar caliente y por la mañana muy temprano encontré otro coche donde cobijarme. Pero seguía teniendo hambre y maullaba desesperada de miedo cada vez que alguien se acercaba. Resulta que el nuevo coche que era de la hija de la dueña de la cafetería donde trabajaba mi mamá y pronto escucharon mis maullidos. Justo la noche antes, mamá Adriana y mamá Angie habían estado hablando de mí sin conocerme, porque mamá Angie hacía tiempo que queria un gato y pronto nos mudaremos a una casa en el campo donde es posible que haya ratones que yo podré cazar cuando sea un poco más grande. Así que mami Adriana llamó a mami Angie y ella vino con unos guantes puestos a por mí. Abrieron el capó del coche (yo estaba donde el motor, que se está más calentito) y mami me cogió con mucho cariño (no como el guardia del día anterior) y me empezó a llamar "tesoro" , "cosita mía", "chiquitín" (aún no sabía que era una gatita) y aunque yo no sabía lo que quería decir, no me parecieron cosas malas... También dijo "Ay, qué sucio está, pobrecito mío", pero no lo dijo con asco, sino con pena.
Mami Angie me trajo a casa y me dio leche tibia, pero yo no sabía que era buena y me metió en la boca con una cosa muy rara que se llama cuentagotas, como si yo fuera un bebé recién nacido. Menos mal que pronto descubrieron que podía comer cosas normales y a mediodía me dieron pollo asado y por la noche atún.

Al principio yo seguía estando muy asustada y desconfiaba, buscaba rincones oscuros para esconderme, como detrás del sofá y debajo de las estanterías, pero mami Angie me sacaba de allí con mucha paciencia y me acariciaba muy dulcemente. También Mami Adriana cuando llegaba del trabajo me acariciaba mucho y me decía cosas bonitas. Poco a poco fui perdiendo el miedo y ahora estoy muy tranquila porque sé que ellas me quieren mucho y me van a cuidar siempre. Mi hermanita Doni al principio no me dejaba acercarme a ella, me gruñía (claro, no me conocía y sospecho que estaba celosa de mí), pero ahora ya se ha acostumbrado a mí y me deja que me acueste cerca de ella en el sofá e incluso muchas veces nos subimos las dos al regazo de mami Adriana mientras está en el ordenador.

Mami Angie no nos deja subirnos cuando trabaja en el ordenador. Pero no es que sea mala, ni mucho menos... ni hablar: se pasó dos días enteros pensando qué nombre ponerme. Primero, al día siguiente de recogerme, me llevaron al veterinario para asegurarse de que era un gatita y que no me pasaba nada grave. Mami estaba leyendo una novela sobre las amazonas y allí decía que el nombre de amazonas se lo inventaron los griegos, que a ellas no les gustaba que las llamaran así, se enfadaban mucho con los griegos esos. El nombre de su pueblo era tal Kyrte, que significa "gente libre", así que mami decidió llamarme Kyrte. Dudó mucho porque también le gustaba mucho Isis, menos mal que no me lo puso porque seguro que hay muchas gatas que se llaman Isis, pero seguro que no hay ninguna que se llame Kyrte, así que ¡gracias mami por ponerme un nombre tan bonito y tan original.
Mis mamis le dan muchas gracias a la Madre por haberme encontrado, dicen que he sido un regalo suyo, ahora, en lugar de ver la televisión se pasan el rato mirándome cómo corro, salto y hago cabriolas por el salón. Se ríen muchísimo y yo hago todavía más cabriolas, para que se rían más porque las quiero mucho y se ponen muy guapas cuando ríen a carcajada limpia.

En fin, que yo también le doy las gracias a la Madre Grande de Tod@s, porque me ha regalado una mamis muy, muy buenas y cariñosas. Y por vivir en un sitio tan bonito y tan libre como la República Libre de Amazonia, donde no dejan abandonadas a las gatitas huérfanas como yo.

5 oct. 2008

Nefasta versión sobre las amazonas

430 páginas de sufrimiento me han supuesto Las últimas amazonas, de Steven Pressfield.
Diréis que soy masoca y que porque no dejé la lectura antes. Pues masoca no sé, pero idealista un rato, de esas que siempre le dan varias oportunidades a un libro o a un/a autor/a. Si no lo fuera, jamás me hubiera leído La risa de la Medusa, de Cixous, o Cien años de soledad, que empecé varias veces antes de conseguir disfrutarlos como se merecen, ni estaría disfrutando ahora de La Diosa Blanca, de Graves, que dejé inacabado hace algunos años. Hay libros difíciles y momentos adecuados y no siempre coinciden. También los hay que rechazo como una urticaria, como el Ulises de Joyce (es que no puedo con él y mira que lo he intentado, pero lo encuentro una soberana estupidez y espero que no me caiga ningún rayo vengador patriarcal por ello).
Pero este me lo he leido hasta el final para ver hasta donde llegaba la imaginación de un hombre para tratar el mito ateniéndose sólo a la versión masculina, en este caso la de Plutarco sobre la guerra con Atenas y los amores entre Antíope y Teseo. La novela es entretenida, eso sí, está más o menos bien escrita. Pero el retrato que hace de las amazonas es sinceramente cruel y muy tendencioso. Supuestamente son las heroínas incomprendidas de la historia, "admiradas" por su valor e invencibilidad en la batalla, por su pericia con los caballos, pero son más las descripciones de su inhumanidad y frialdad a la hora de cargarse a los enemigos, así que terminan dando el retrato de unas salvajes sanguinarias y sin piedad. Por supuesto, su única parte humana es la de su capacidad de enamorarse, como Antíope o Selene, de un héroe griego y,como consecuencia de su pasión inadecuada, o bien tienen que renunciar a su patria amazónica y traicionar a su gente, como Antíope, o al contrario, renuncian a su amado y no tienen más remedio que morir por ello, como Selene. Se reconoce que las amazonas se amaban entre ellas, pero no hay ni una sola frase sobre la calidad de este amor. En cambio, los sentimientos hacia estos dos hombres, Teseo y Damón, están descritos con todos los tópicos habidos y por haber sobre la pasión heterosexual.
El verdadero héroe es Teseo, claro, que discretamente tratado en cuanto al número de anecdótas y páginas que protagoniza, compensa su importancia por la calidad de su personalidad (es el gran civilizador, creador de la democracia) y por la magnanidad de su comportamiento cuando renuncia a vengar la muerte de Antíope en aras de la paz. Jua, jua, jua (risa sarcástica).
De las 430 páginas, aproximadamente el 70 por cien se dedica a la guerra, las luchas cuerpo a cuerpo y las escenas violentas, que llegan a cansar tanto que me he saltado páginas enteras del asedio a Atenas. Y los malos de la película, que son los escitas, más salvajes y despiadados todavía que las amazonas y además violadores perpetuamente borrachos, al final se redimen y el caudillo, Borges, retratado durante toda la novela como un cerdo, un traidor y un embustero, se convierte en aliado de Teseo y en un viejo rezumante de nobleza y admiración por el pueblo que acaba de aniquilar. Como si Hitler se hubiera hecho amigo de Churchill en aras de la paz de Europa y hubiera justificado el holocausto judío como un accidente necesario de la historia.
Repugnante.
El resto es legible y salpicado de algunos datos interesantes, que no sé si son cosecha de ficción del autor o están basados en alguna fuente fiable (lo averiguaré, lo juro).
Nada que ver con las amazonas de Marion Zimmer, verdaderas heroínas, valientes sin fisuras, profundamente humanas a pesar de su ferocidad guerrera, coherentes con su tradición y conscientes de lo ineludible de su desaparición.
Así que si queréis cogeros un cabreo fenomenal, os lo recomiendo.
A mi la novela me ha servido para ponerle un nombre a mi gata.