22 dic. 2008

La Navidad ancestral: Yule



El comienzo del invierno es el momento del año de mayor oscuridad.

Pero pronto la oscuridad dará paso a la luz, la esperanza al desaliento, la renovación a las cenizas. No importa cuál sea la tradición espiritual: es el nacimiento del Dios Sol, el Hijo de la Diosa, sean los que sean los nombres que les demos. El ciclo de la vida parece estar detenido mientras el Rey Oscuro (el viejo año) se transforma en el Niño de Luz. Esperamos que llegue la nueva aurora, cuando la Gran Madre de nuevo dará a luz al niño divino, el Sol, que traerá la esperanza y la promesa de la vida que continúa. La rueda de la vida hace su giro hacia la luz , llamamos al sol con luces y adornos brillantes de Navidad, desde el vientre oscuro de la Madre invernal.

Estamos tan acostumbrados a nuestra celebración católica, a Jesús, a Belén, al pesebre y a los regalos que traen magos de Oriente o ancianos vestidos de rojo (los que curiosamente se pasan todo el día anterior en unos grandes almacenes con cara de aburridos, con todo el trabajo que deberían estar haciendo para que a ningún niño del mundo le falten sus regalos) que pocas veces dudamos de su irrefutable verdad, ni cuestionamos las costumbres culturales que nos presionan y condicionan: comidas copiosísimas que hacen peligrar nuestra salud... demasiado alcohol, que si vino, que si cava, que si baileys, que si cubatas... juguetes de última generación carísimos para nuestros hijos que la mayoría no valorarán y arrinconarán unos días más tarde... reuniones estresantes con familiares que no siempre nos apetece ver y nos abren viejas heridas... un despilfarro abrumador de energía en las ciudades con alumbrados escandalosamente llamativos e innecesarios que no harán sino añadir más devastación a nuestro planeta...

Pero la Navidad ya se celebraba mucho antes del nacimiento de Jesucristo y su llegada como niño precario en una noche estrellada no es más que una adaptación más de los cultos ancestrales a la Diosa Madre que transformó el cristianismo para contentar al pueblo y siguiera celebrando sus ritos sin ofender al Dios patriarcal. Las referencias más antiguas que se pueden rastrear de esta festividad nos llegan de los antiguos pueblos celtas y sajones, de los druidas. Algunas de sus ideas fueron recogidas por los romanos, que prestaron un poco a los persas y así continúo. También los griegos celebraban el nacimiento de Dionisos, así como más tarde se celebraba su sacrificio (la pasión y muerte de nuestro Jesús en primavera). La Navidad no es más que otro fruto de la síntesis de elementos diversos que transcurre fluidamente en los cauces del tiempo y que llamamos “cultura”.

Prácticamente todas las civilizaciones tienen algún tipo de celebración invernal, que marca el Solsticio de invierno, los rituales de nuestros antepasados se remontan hasta al menos cuatro mil años atrás para conmemorar que el ciclo anual se completa y se vive el momento de transformación que representa Yule: los finales se convierten en inicios (la palabra proviene de un vocablo anglosajón con el significado de “rueda”). El fuego es parte importante de estas celebraciones invernales, las fogatas que los antiguos encendían para celebrar el regreso del sol se transformaron en las luces brillantes del árbol de navidad y las ventanas resplandecientes de las oscuras noches nevadas.

Para los druidas, Yule señalaba la lucha entre el Rey Roble (el rey del año creciente) y el Rey Acebo (del año menguante), mientras el acebo significaba la muerte, el roble era el renacimiento. También en Yule, las bayas blancas del muérdago (la “rama dorada”, poderosa en los temas de fertilidad) están maduras y simbolizan la semilla sagrada del dios que encarna el espíritu de la vegetación, la chispa de la vida. El acebo está brillante y vivo, prometiendo la continuidad de la vida y sus abundantes bayas rojas simbolizan la sangre de la Diosa, la fuente de la vida. Acebo (Holly en inglés) debe su nombre a la diosa subterránea Holle, también llamada Hel, cuyo reino oscuro está dentro de la Tierra e incluye las aguas subterráneas. Pero su palacio no es lugar de temor, sino de renovación y resurgimiento, lo opuesto a lo que los mitos posteriores llamarían el infierno, Hell. Es la morada de Hécate, el hogar de la sabiduría de la Anciana, allí donde Perséfone acude en busca de respuestas en las entrañas de la Tierra. Mientras está con su abuela, Démeter la busca desesperadamente y olvida proveer de fertilidad a la Tierra, que se cubre con un manto helado y se sumerge en la oscuridad.

El árbol de navidad empezó a popularizarse en la Europa del siglo XV y en las islas británicas se decoraba con imágenes de lo que se deseaba para el año siguiente, pero hay infinidad de tradiciones relacionadas con la decoración del árbol. Los árboles de hoja perenne, como el acebo, eran sagrados porque parecían no morir cada año y representaban el carácter eterno de la Diosa, la Gran Madre que pertenece constante mientras el Dios muere y renace cada año.

El 25 de diciembre era el nacimiento de Mitra, el dios del sol de persas y romanos nacido de la diosa Astarté; en el Antiguo Egipto, Horus nacía de Isis, la del tocado del disco solar y en Babilonia, Tammuz nacía de Istar; en los países nórdicos, la diosa Frigg daba luz a Balder y en Palestina María paría a Jesús.

La Navidad, en suma, es la celebración de la esperanza y de la luz, no del estrés, el despilfarro y el consumo materialista, una celebración sagrada de la integridad personal, el cuidado a una misma y a las personas amadas, y una fiesta del amor familiar entre los habitantes de la Tierra.

Si eres un poco bruja, decora tu altar con símbolos brillantes (dorados plateados), unge velas con aceites esenciales y enciéndelas para obtener prosperidad y crecimiento. Cocina un suntuoso festín con tus recetas más mágicas. Pasa por tu altar el humo de un manojo de ramas secas de salvia para mandarle tus deseos a la Diosa. Goza con los paisajes, sonidos y olores de esta época del año. Talla símbolos solares en el tronco de Yule y quémalo cantando ¡que vuelva la luz!

Todos, alrededor del árbol eterno de la vida, contemplando la titilante estrella del nacimiento renovado…


La luz surge de la oscuridad;

la visión, de la ceguera.

¡Sombras, salid volando!

En esta hora sagrada,

la palabra mágica es pronunciada

y la noche se rompe.

El año seguirá su ciclo.

¡La tierra fría será liberada

y encontrado lo perdido!

En esta hora sagrada,

la palabra mágica es pronunciada

y el hielo se rompe…

Cuando las pérdidas sean fructíferas

y el dolor se vuelva alegría,

la pena no lacerará el mundo.

En esta hora sagrada,

la palabra mágica es pronunciada

y la muerte se rompe…

Las sagradas mareas proveen,

del invierno surge la primavera,

que nuestros cantos lo celebren.

En esta hora sagrada,

la palabra mágica es pronunciada

y el miedo se rompe…

Marion Zimmer

En el nombre sagrado de la luz

la Madre nos bendice a todos

20 dic. 2008

Angie vuelve por Navidad con casa nueva

He visto que mi último post fue el 12 de octubre, qué barbaridad, no me imaginaba que había pasado tanto tiempo...
He estado muy, pero que muy ocupada. Nos hemos mudado de casa y ahora vivimos en el campo, adiós al bullicio del centro, a los claxons de los impacientes, a los bolingas que escandalizan el sábado noche (o cualquier otra noche), al tráfico, a mis vecinos gitanos de enfrente con su mascota cerdito (se llamaba Fairy y chillaba como un condenado), a los gritos de los vecinos, a los timbrazos equivocados, al estrés urbano (porque el campito tamibén tienes sus estreses, aunque diferentes).
Han sido más de dos meses de curro y más curro, en que hemos hecho de todo: de electricistas, de fontaneras, pintoras, albañilas, carpinteras, chapuceras en domicilio... Pero nos ha quedado una casa preciosa y ha aumentado la familia: mi padre está viviendo con nosotras y su perro, Hans. Así que ahora somos seis, número mágico de la Diosa, dos veces tres, su trinidad Anciana, Madre, Joven.
Por poco me meto también a terrorista, para ponerles una bomba a los de telefónica: un mes y medio esperando internet, dos semanas para que me llegara el router y luego me llega equivocado. Mil disculpas señora Simonis, nuestro empeño es ofrecer el mejor servicio al cliente, en los próximos siete días recibirá su router. Luego el de paquetería se pierde y tarda tres días en traerme el dichoso router. De postre, la conexión wifi no funciona y hemos tenido que comparar doce metros de cable para poder conectarnos.
Mientras tanto me asetean dos compromisos ineludibles, un artículo que hace años tenía que estar ya publicado en un libro sobre género y que de repente hay que dejar listo antes de fin de año y otro con Egales de Barcelona y yo sin poder sentarme ni un momento en el ordenador. Ah, pero hay más... el DEA, que yo pensaba que estaba listo para que lo editaran y resulta que tengo que cambiarle todo el sistema de citas porque la colección usa otras normas de edición. Ciento cincuenta y nueve páginas con citas a tutiplén que hay que cambiar de nuevo. Por poco me da un infarto.
A quien sí estuvo a punto de darle fue a mi papá, que tuve que ingresarlo de urgencias para que le hicieran un cateterismo, se le obstruyeron otras tres arterias del corazón, justo en el puente de la Purísima (cumpleaños de mi madre, cómo la recuerdo en esos días..., cómo sigue doliendo su ausencia) y yo muerta del pánico, demasiado trote, muchas emociones, discusiones por la nueva convivencia, ese estrés que mencionaba... Afortunadamente ya está mejor.
En fin, no me quiero ni acordar.
Al fin estamos instaladas, encantadas y conectadas, justo antes de Navidad. He quedado como una piltrafa, pero aquí estoy de nuevo para seguir dando guerra mujeril.
Besos y abrazos de reencuentro...
Aquí está nuestra nueva casa NUESTRO ALTAR A LA DIOSA

NUESTRO LECHO DE AMOR


RINCONCITO DEL SALÓN


MÁS SALÓN


LA ESCALERA QUE LLEVA AL CIELO


MI MESA DE TRABAJO


LA DE ADRIANA


EL PUIG-CAMPANA DESDE LA TERRAZA