29 ene. 2009

Reseñas para "Lesbianas. Discursos y representaciones" (II)

Esta sí que es una buena reseña...Y no lo digo por los elogios a las autoras, aunque los agradezco.


Reseña
Raquel Platero (Coord.)
Lesbianas. Discursos y representaciones
Madrid: Melusina
Año: 2008
ISBN: 84-96614-38-7
Páginas: 388
Más información:
http://www.melusina.com/libro.php?idg=16997

Para poder leer el libro Lesbianas. Discursos y Representaciones, primero tuve que encontrarlo. Y no me estoy refiriendo a dificultades para adquirirlo dentro del mercado editorial. El ejemplar que disponía formaba parte del equipaje que me acompañaba a pasar unos días de descanso estival en la montaña con mis padres, tías/os, primos/as y abuelas. Era el contexto perfecto para reencontrarme con voces conocidas y admiradas; un baño de memoria, orgullo y “empoderamiento” para días de sol y tranquilidad.
El libro, que circulaba conmigo por todos los rincones de mi descanso, el sofá del salón, la tumbona de la piscina; suscitó la curiosidad de aquellos interesados en saber en qué ocupaba el tiempo libre. La reacción de quienes cogían el ejemplar y descubrían a golpe de vista la palabra lesbiana acompañada por todas sus variantes, se relaciona profundamente y confirma todo lo que descubriremos leyendo cada uno de los capítulos de este libro. Rubor facial, evidentes aceleraciones del pulso, sofocos, espasmos súbitos para a continuación soltar rápidamente un libro que parecía quemar y cubrirlo con periódicos o colocar otros objetos sobre él, o inevitablemente, guardarlo en un lugar seguro, o sea, un armario.
Reconozco que semejante revuelo tuvo su lado divertido, eso sí, obviando que al igual que hizo aquellos días mi familia extensa con el libro, sucede sistemáticamente en muchas familias en las que hay alguien que no sigue el patrón heterosexual. “Toleraremos” que seas lesbiana, pero por favor, hazlo con discreción y en la intimidad, suele ser una de las consignas para que esta realidad sea “aceptada”. Sé una buena lesbiana: sé muy mujer, muy discreta, muy monógama… La palabra “lesbiana”, “bollera”, “camionera”, “tortillera”, “invertida”, “marimacho”, no podía circular libremente por mi casa al igual que no lo puede hacer en nuestra sociedad.
A pesar del tragicómico trasfondo personal con el que introduzco la reseña de este libro, una se siente mejor, más fuerte, más acompañada y más convencida, si es posible estarlo, al reconocerse entre líneas. Después de la excitante sobredosis de visibilidad lésbica que ofrecen estos doce ensayos coordinados por Raquel Platero, eres capaz incluso de tomarte con humor estos retazos de vida. Historias compartidas que remiten a una misma raíz cultural: una sociedad patriarcal con un modelo de sexualidad heterosexual.
Lesbianas, discursos y representaciones, es bastante más que una labor de recuperación de la memoria histórica y una cartografía de la experiencia de las lesbianas en el contexto español en el periodo comprendido entre la dictadura franquista y el momento actual. Es, por un lado, un instrumento político en sí mismo –sinónimo de amenaza para mi familia por su mera presencia material-, y por otro lado, un análisis teórico fascinante sobre cómo se manifiesta la heteronormatividad a través de la sexualidad, sirviéndose para ello del análisis de las representaciones de las lesbianas, tal y como indica la propia Platero. En este último sentido es donde considero que este no debiera ser un libro exclusivamente para lesbianas u otras sexualidades minorizadas. Sus análisis y discusiones remiten a la historia de este país desde la época franquista y parte de los logros alcanzados a nivel de derechos civiles y libertades en las últimas décadas en nuestro contexto son producto de las reivindicaciones, discursos, teorías y activismos desarrollados por lesbianas, tanto dentro como fuera de organizaciones. Aunque las hicieran invisibles, siempre estuvieron y han estado ahí, desde el oscurantismo del franquismo hasta el momento actual.
Son Empar Pineda (Mi pequeña historia sobre el lesbianismo organizado en el movimiento feminista de nuestro país) y Amparo Villar (¿Lesbiana? Encantada, ¡es un placer!: Representación de las lesbianas en Euskal Herria a través de los grupos organizados) entre otras quienes en sus respectivos capítulos nos recuerdan la importancia de los discursos y acciones de muchas de estas mujeres para asentar las bases teóricas de la actual situación de derechos civiles y quienes denuncian el actual olvido del trabajo político, organizativo y social del feminismo lesbiano (:25). Tal como indica la propia Villar, el trabajo de las organizaciones feministas lesbianas en el momento de la transición democrática ha permitido cuestionar y articular la lucha contra la violencia machista, conseguir derechos como el aborto o el divorcio y ha hecho posible hablar del deseo, su maleabilidad, de las relaciones entre mujeres y del vínculo entre sexualidad y heterosexualidad. Tal y como argumenta Raquel Osborne en su ensayo Entre el rosa y el violeta. Lesbianismo, feminismo y movimiento gai: relato de unos amores difíciles, este trabajo conjunto supone un reconocimiento del trabajo de muchas lesbianas en el cuestionamiento de asuntos centrales relativos a la interconexión entre sexo, género, identidad, sujetos, ciudadanía o los dualismos jerarquizados homosexual/heterosexual (:104).
En este recorrido de reconocimiento es imposible que no aparezcan de forma constante las acciones y procesos de discriminación e invisibilización a la que nos vemos y nos hemos visto sometidas a lo largo de la historia. Y es que, aunque como afirma Raquel Platero en ¿Queremos las lesbianas ser mujeres? Las lesbianas a los ojos del feminismo de Estado: representaciones y retos de las sexualidades no normativas, las lesbianas no somos ni seremos mujeres hasta que las políticas públicas no identifiquen la orientación sexual como elemento causante de desigualdad estructural (:186). Resulta paradójico, y es algo en lo que coinciden todos los trabajos presentados en el volumen, que precisamente la base en la que se asienta nuestra discriminación e invisibilidad no está tan relacionada con nuestra opción sexual, sino por el hecho de ser mujeres. Es el género, y no la opción sexual, como afirma Beatriz Gimeno (:100) la que nos limita e invisibiliza más que a nuestros compañeros gais.
Al respecto se extraen diferentes argumentos y conclusiones, algunos por ejemplo hablan de dependencias afectivas hacia padres y madres y otros aluden a la violencia que el heterosexismo y el patriarcado ejercen sobre las mujeres que no están “interesadas” sexo afectivamente en hombres. En esta línea, Raquel Osborne (:99) hace referencia al trabajo de la psicóloga Begoña Pérez Sancho sobre el “manejo del secreto de las familias” y menciona a Empar Pineda cuando la misma asegura “el tremendo problema de las dependencias afectivas hacia padres y madres como factor determinante en no atreverse a dar la cara”.
Resultan muy interesantes al respecto los trabajos de investigación de José Ignacio Pichardo y Pilar Villalba. Pichardo, en Lesbianas o no, alude a las “dificultades de nombrarse lesbiana” y cómo las mujeres que tienen relaciones sexuales con otras mujeres problematizan la cuestión de su identidad sexual de forma más frecuente que el resto de mujeres o que los varones homosexuales (:137). En su análisis, estas dificultades en la “identificación” y la falta de visibilidad están más relacionadas con la situación de subordinación de las mujeres y con el uso de estrategias para evitar la presión social que sufren, más que por ejemplo, con una falta de referentes lésbicos positivos. En el mismo sentido, Villalba, en ¿Techo de cristal o armarios de doble fondo? Análisis de discurso sobre el lesbianismo y la homosexualidad desde una perspectiva de género, explica cómo el hecho de que la experiencia o identidad lésbica sea una vivencia menos expresada públicamente –ese “techo de cristal” hacia la visibilidad-, está relacionada con la mayor presión social a estas mujeres, por la consideración de la sexualidad y los estereotipos asociados al sexo femenino y al papel de la mujer (:170).
Aún así, han sido y siguen siendo muchas las formas de vivirse y de nombrarse. Prueba de ello lo da Gracia Trujillo en Sujetos y miradas inapropiables/adas: el discurso de las lesbianas queer, al problematizar la homogeneización de una identidad lésbica estereotipada, incorporando el discurso de las lesbianas queer y socializando la diversidad de identidades, de vivencias y experiencias de las mujeres que tienen relaciones sexuales con otras mujeres, así como apelando a la necesidad de desplegar políticas transversales donde la identidad y la opción sexual no sean las únicas o principales variables. En la misma línea, Raquel Platero insiste en la necesidad de superar las políticas monofocales para desarrollar políticas “interseccionales” de género y orientación sexual, donde clase social, la edad, la procedencia étnica, las creencias, la lengua o la (dis)capacidad sean variables importantes a considerar ante la múltiple discriminación que afecta a lesbianas.
No cabe la menor duda de que para que hoy nosotras podamos preocuparnos en reflexionar sobre identidades y políticas, otras muchas iniciaron un camino en el tuvieron que resistir y luchar en la más absoluta represión y clandestinidad. ¿Quiénes nos precedieron? ¿Qué encontramos en los armarios del franquismo? “Libreras”, “tebeos”, “ser o tener asunto” eran códigos de comunicación que crearon espacios de libertad en pleno régimen franquista. Matilde Albarracín, en Libreras y tebeos: las voces de las lesbianas mayores, hace el merecido homenaje a la fortaleza y al trabajo de esas mujeres y al igual que la autora afirma “son mujeres a las que deseo parecerme cuando sea un poco más mayor” (:191). En este reconocimiento y resistencia seguimos disfrutando con Angie Simonis en Yo no soy esa que tú te imaginas: Representación y discursos lesbianos en la literatura española y las estrategias literarias de lo que ella denomina el contraestereotipo. En esta resistencia contra los estereotipos sobre las lesbianas la autora cita numerosas escritoras las cuales, mediante “la estrategia de la inclusión del sentido del humor, el texto lesbiano no sólo ha aprendido a reírse de sí mismo, sino del mundo externo que le rodea” (:278).
Ahora parece que las películas, los concursos, las series y especialmente internet, se han llenado de lesbianas. ¿Pero cómo son esas lesbianas de ficción que comienzan a calar en el imaginario de nuestra sociedad? ¿Cómo aparecen las lesbianas en la red? Paloma Ruiz, en Una pornografía de ellas sin ellas: la representación de la sexualidad lesbiana en internet concluye, a través de un estudio donde analiza la representación de la sexualidad lesbiana a través de cincuenta páginas web, que las lesbianas en la red siguen siendo un objeto creado para erotizar a los hombres. Por otro lado, como asegura Platero en Las lesbianas en los medios de comunicación: madres, folclóricas y masculinas, las lesbianas que empiezan a ocupar el espacio público y mediático siguen siendo representadas como malas, de esposas y/o de madres, identidades que se sitúan en un lesbianismo conservador que sigue sin cuestionar los valores de la heterosexualidad obligatoria. A raíz de esto y precisamente por ello, conviene llamar la atención a discursos como los que proporciona Elena Norandi en Amor y deseo entre mujeres: representaciones plásticas en el arte contemporáneo, cuando insiste en la necesidad de la “elaboración de una iconográfica específicamente lesbiana, hecho que desempeña un importante papel en la cuestión de hacer visibles nuestras vivencias, al mismo tiempo que nos representa socialmente y hace simbólica nuestra existencia” (:305).
Después de esto, no me queda más que dar mi sincero agradecimiento a todas las autoras, especialmente a la coordinadora del libro, Raquel Platero, por la importancia de publicar trabajos que sigan visibilizando a las lesbianas de carne y hueso, además de por seguir recordándonos a todas que todavía nos quedan muchos armarios de los que salir.

Nuria Gregori Flor, Universidad de Valencia

AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org
Volumen 4, Número 1. Enero-Abril 2009. Pp. 137-141
Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752

28 ene. 2009

Reseñas para "Lesbianas. Discursos y representaciones" (I)

Aquí tenéis una reseña que salió en El País de nuestro último libro lésbico, que parece que va haciendo algo de ruido por ahí. Eso sí, lo único bueno que tiene la reseña es que salió donde salió y el título, que le da visibilidad al tema. La autora desde luego no se lo ha leído (¿cómo se puede hacer una reseña de un libro que no has leído?, ¡Santa Madonna, qué bajo está cayendo el periodismo!), sí que parece haberle echado una mirada a Más que amigas (cómo si no hubieran caído diluvios desde entonces, que nos dejan publicar poco pero algo vamos publicando, joder) y alguna que otra página bollera de internet. Sexo que no falte, chicas. Aunque nuestro libro habla de sexualidad lesbiana (¡cómo no!), no es ese precisamente su objetivo principal. Te pasas la vida revistiendo pacientemente tu experiencia de hondura intelectual y luego de pronto, tu trabajo se ve limitado a saber si usas dildo o no. Y de la ilustración no quiero ni hablar, que parece un anuncio de chicle de fresa...


POR LA VISIBILIDAD LÉSBICA

Sobre sexualidad corren ríos de tinta. A través de la literatura dedicada a la homosexualidad femenina repasamos algunas verdades y mentiras de uno de los colectivos más marginados.

NO son muchos. Y seguro que sus autoras no se forran. Pero viene bien que se publiquen estos libros. Hablamos de libros sobre lesbianas. Las doblemente discriminadas por su condición de mujeres y de homosexuales. En 2002, Jennifer Quiles, periodista y escritora fallecida en 2005, publicó Más que amigas, el primer libro de autoayuda para mujeres homosexuales.

Ahora, Raquel Platero ha sacado Lesbianas. Discursos y representaciones, un libro de la editorial Melusina que realiza un exhaustivo trabajo de documentación sobre las lesbianas, su organización en grupos, su separación del movimiento feminista, su organización… Una publicación fundamental para acercarse a estas mujeres y, tras la lectura, quitarse el sombrero.

Pero ¿qué sabemos de ellas? Un 78% tiene orgasmos en la mayoría de los encuentros sexuales después de cinco años de relación. La última sesión de sexo duró más de una hora para el 39%. Pues sí, los números cantan y éstos son de ellas. Lo primero lo demostró Kinsey en 1953 (dejando a las parejas heterosexuales con un esmirriado 55%) y lo segundo lo cuenta Tracey Cox en su libro Hot sex, quien añade que un 33% de lesbianas experimentaba múltiples orgasmos frente a un 20% de mujeres heterosexuales.

Más verdades: “No necesitan un pene ni ningún tipo de prótesis para tener una sexualidad plena. Es falso también que una tome el papel de hombre, ya que se trata de una relación entre dos mujeres, que, por afinidad anatómica, se pueden dar placer mejor de lo que puede hacerlo un hombre”, explica Rosa Sánchez Lagares, psicóloga y sexóloga. Vázquez y

Ochoa, en el Libro de la sexualidad, señalaban que sólo un 2% utilizaba instrumentos sexuales. Bien, si sus mesillas de noche no constituyen un muestrario de dildos propio del mejor sex shop…, ¿qué hacen dos chicas en la cama? “Lo mismo que en una relación heterosexual, es un tópico falso lo de que sólo se practica sexo oral. Gusta la estimulación del clítoris y la vaginal, ya sea con la mano, con la boca o con un objeto”, contaba la periodista Jennifer Quiles en Más que amigas. “Curiosamente, las mujeres homosexuales son las que estadísticamente más fantasías sexuales tienen con su propia pareja.

Además, son las que tienen unas fantasías más ajustadas a la realidad. Quizá se deba a que, una vez que han salvado el obstáculo que supone salir del armario, sus deseos ya están satisfechos y por eso sus fantasías coinciden con su realidad”, explica Marta Alonso Moreno, psicóloga y sexóloga.

“Somos las grandes olvidadas del mundo editorial y durante mucho tiempo hemos tenido que apañarnos con un único libro que no quiero ni mencionar porque, para colmo, es malísimo”, cuenta Adela, de 29 años. “Cuando salió el libro de Alicia Gallotti Kamasutra lésbico, palió un poco dicha carencia. Lo que me da coraje es que dicha autora primero publicó unos cuatro kamasutras heterosexuales y uno gay; como siempre, a las lesbianas se nos deja en último lugar”. Opinión parecida tenía Paloma Ruiz, que, junto a Espe Moreno, llenaron ese hueco en Internet con su kamasutra (www.kamasutralesbico.

net). Masturbación, masajes, piercings, sexo anal, exhibicionismo… son algunos de los temas explicados y dirigidos a lesbianas de esta página.

TEXTO: BEATRIZ SANZ ILUSTRACIÓN: TERELO

EP3 VIERNES 16 DE ENERO DE 2009

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La cenicienta que no quería comer perdices

Hoy me ha llegado esto al correo, de parte de mi amigacha Mariángeles.
Con sus propias palabras:
No dejéis de leer este cuento que os envío en formato PDF, y si tenéis niñas pequeñas, por favor, intentar imprimirlo y dárselo para su lectura. Es muy liberador. Besos.

No está mal... El contenido me gusta, pero los dibujos son demasiado modernos para mi carca gusto. Siguen pirrándome las princesas prototípicas, lánguidas, bellas, con esa estética de los cuentos de hadas de cuando yo era niña, pero fuertes, decididas, con vestidos acojonantes y cabellos de diosa... Digo yo que el feminismo no tiene por qué estar reñido con la belleza. Con todos mis respetos para la artista que los ha creado. No es problema de su obra, sino de mi gusto. Un beso para las autoras.
Ahí os lo dejo

cuento nuestro[1]
cuento nuestro[1]....
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19 ene. 2009

Angie en Diversa

Mi querídisima Chirvi se lo ha currado y me ha mandado este vídeo de mi intervención en Diversa. Todos mis besos de esta semana para ella y ese calorcito en el corazón del agradecimiento y la nostalgia por las amigas que se quieren muuuuuuuuuuuucho!!!






Para conocer mejor a Chirvi:
La erotica enmascarada
www.chirvi.blog.com
www.chirvi.blogspot.com

11 ene. 2009

Canción de lluvia para Palestina



Palestina se muere lentamente, desangrada entre bombas, injusticia y una total desesperanza. El resto del mundo no hace nada, perdiendo el tiempo en resoluciones y acciones diplomáticas que no sirven para nada. Mientras los dirigentes políticos celebran sus banquetes en hoteles de lujo para hablar sobre la paz entre Israel y Palestina, los niños siguen siendo asesinados, las mujeres siguen enterrando a sus hijos y arañando entre los ladrillos rotos un trozo de algo que comer, los ancianos mueren sin el sosiego merecido de su vejez. Y ellos, los hombres que deberían estar velando por sus familias, tanto de un bando como de otro, continúan jugando a su guerra sangrienta, con sus morteros, sus tanques, sus estrategias militares para causar toda la destrucción posible... La única diferencia es que los israelíes disponen de más juguetes y más sofisticados y vierten su lluvia de muerte con más comodidad e impunidad que los palestinos, obligados a esconderse como ratas entre la población civil.
A veces pienso que es mejor que la comunidad internacional no haga nada, que quizá lo que quiere la historia es que Palestina sea aniquilada, borrada de la faz de Oriente Medio para dar una lección kármica al pueblo que sufrió la persecución y el genocidio más terrible de la historia del mundo moderno. Pero sólo a veces. En realidad, creo que ni unos ni otros, ni palestinos ni israelíes, ni judíos ni árabes van a aprender nunca ninguna lección. Si la sangre de sus hijos y el llanto de sus mujeres no les ha hecho aprender nada sobre el tan sencillo camino hacia la paz (seguir el quinto mandamiento católico, nada más: no matarás)... si ocho millones de judíos gaseados no sirvieron de nada... si los adolescentes que todavía no se han estremecido con el primer orgasmo vuelan por los aires tras activar una mochila cargada de explosivos no conmueven su corazón de hierro... si el negro infinito de los velos femeninos no les perturba... si las aulas bombardeadas que destruyen el futuro de un pueblo no les quita el sueño... si más muros de la vergüenza se alzan a ambos lados del camino... ¿de qué sirven las lecciones de la historia? ¿de qué sirve la solidaridad de los otros pueblos, las manifestaciones delante de las embajadas, las protestas indignadas de las buenas gentes europeas horrorizadas por la masacre que, como yo, derraman lágrimas de dolor e indignación viendo cuerpos mutilados a la hora de la comida, nada más empezar los noticieros, en las portadas de todos los diarios...? ¿de qué sirven los camiones cargados de ayuda humanitaria desgranando esperas a escasos metros de los hambrientos, los enfermos agonizando apelotonados en pasillos de hospitales sin agua y sin luz, los campos sembrados de cadáveres y minas...? ¿dónde estará la justicia universal en esta agonía sin sentido del pueblo palestino?
En 1996 estaba yo fascinada estudiando filología árabe, el pasado andalusí, la belleza de la poesía árabe clásica, el ingenio de la cuentística árabe, fomentando en mi mente el tópico de las bailarinas del harén, los genios caprichosos y las leyendas del desierto. Cuando, de golpe, como una tormenta de arena, conocí la literatura árabe contemporánea y el verdadero drama del pueblo árabe. No el de los califas o los jeques del petróleo cuyos hijos estudian en Europa y Estados Unidos, sino el del pueblo torturado por la pobreza, la guerra, el fanatismo religioso y la injusticia hacia las mujeres.
Conocí a un poeta magnífico, Badr Xákir Al-Sayyab y me conmoví hasta el infinito con su poema más famoso, "La canción de la lluvia". Hoy quiero recuperarlo como homenaje al pueblo palestino pues, aunque está dedicado a Irak, el drama que encierran sus versos es universalmente árabe.

LA CANCIÓN DE LA LLUVIA

Tus ojos son dos bosques de palmeras al rayar la mañana,
o como dos colinas de las cuales la luna se alejara.
Al sonreír tus ojos, se renuevan los pámpanos
y danzan las luciérnagas. Como las lunas que el remo
agitara en el río, suavemente, al lucir la alborada.
Con estrellas que laten en sus órbitas hondas.

Tus ojos se han bañado en una tenue neblina de tristeza,
como un mar que acaricia la tarde con sus manos.
Como un mar pequeñito, con temblores de otoño.
Con la muerte y la vida, la luz y las sombras.
Y mi espíritu todo ante ti se despierta
con el temblor del llanto
y una embriaguez salvaje abrazada a los cielos.
Como un niño embriagado que temiera a la luna.
Igual que si las nubes, empapadas,
gota a gota fundiéranse en la lluvia.
Como risas de niños entre parras
o el silencia pujante de unos pájaros,
la canción de la lluvia...
Y llueve...
Y llueve...
Y llueve...

En el bostezo abierto de la tarde,
los negros nubarrones siguen vertiendo llanto.
Todo es igual que un niño que delira en la noche
y que llama a su madre, perdida un año antes.
Al que dicen: vendrá... Ha de volver, sin duda,
aunque saben que está a la orilla del monte,
nutriéndose de la tierra y bebiendo la lluvia.
Dormida en el sepulcro.
O igual que un pescador que recogiera, tristemente las redes,
maldiciendo las redes y el destino.
Derramando sus cantos al ponerse la luna.
Y llueve...
Y llueve...
Y llueve...

¿Tú sabes la tristeza que se alza de lluvia,
y cómo la repiten las goteras?
¿Qué perdido se siente el que está solo...?
Sin fin. Como la sangre derramada.
Como el amor, el hambre, los niños o la muerte.
Sin fin. Así es la lluvia.
Tus pupilas me miran mientras llueve;
y a través de las olas, los relámpagos
van limpiando con conchas y luceros las ocstas del Iraq,
en tanto que la noche las recubre de sangre.
Yo grito: ¡Oh, Golfo Arábigo...!
¡Oh tú, dador de perlas, de conchas y arrecifes...!
Y el eco suspirante me retorna:
¡Oh, Golfo...! ¡Golfo Arábigo...!
¡Oh, tú, dador de conchas y arrecifes...!

Ya oigo a las palmeras bebiéndose la lluvia;
quejarse a las aldeas, y entre tanto, los emigrantes luchan contra el trueno,
el Golfo y las tormentas,
con velas y con remos, repitiendo:
Y llueve...
Y llueve...
Y llueve...

Desde que éramos niños,
los cielos se cubrían de nubes en invierno,
y llovía a torrentes.
Y siempre, cada año,
-a pesar de la lluvia surgida nuevamente-
nos sentíamos hambrientos.
Ni un solo año pasó sin hambre en el Iraq.
Y llueve...
Y llueve...
Y llueve...

Cada gota de lluvia
es un capullo rojo o amarillo.
Cada gota de sangre de un esclavo,
cada lágrima hambrienta que se vierte.
Como un sueño del mundo de mañana
en boca de un bebé,
de una mañana que traiga nueva vida.
Y llueve...
Y llueve...
Y llueve...

La lluvia cubrirá de hierba todo Iraq.
Yo grito: ¡Oh, Golfo Arábigo...!
¡Oh tú, dador de conchas y arrecifes...!
Y el eco, en un suspiro, me devuelve:
¡Oh, Golfo...! ¡Golfo Arábigo...!
¡Oh, tú, dador de conchas y arrecifes...!
Y el Golfo derrama sus dones en la arena:
sus amargas espumas y sus conchas;
y los huesos que quedan de un naufragio emigrante
que bebióse la muerte en el fondo del Golfo.

En Iraq, mil víboras se van bebiendo el néctar
de la flor que rocía el Éufrates.
pero escucha ya el eco
retumbar en el Golfo.
Y llueve...
Y llueve...
Y llueve...
Cada gota de lluvia
es un capullo rojo o amarillo.
Cada gota de sangre de un esclavo,
cada lágrima hambrienta que se vierte.
Como un sueño del mundo de mañana
en boca de un bebé.
De un mañana que traiga nueva vida.

Mientras llueve a torrentes.

Badr Xákir Al-Sayyab
Luz Gómez García (Coord.), Poesía árabe de hoy, Universidad de Alicante, 1996.

¿PARA CUÁNDO LA LLUVIA DE LA PAZ EN PALESTINA?

1 ene. 2009

Reflexiones para empezar el año: Judith Butler sobre Obama

Además de los buenos propósitos y deseos para 2009, no está mal empezarlo reflexionando sobre la situación internacional y las repercusiones que pueda tener en el mundo el nuevo panorama político en Usamérica, como dice Butler. He encontrado esta interesante reflexión en La Ciudad de las Diosas:

noviembre 17, 2008

Judith Butler sobre Obama, ¿Euforia acrítica?

La feminista usamericana Judith Butler reflexiona sobre Obama.

Pocos somos inmunes a la euforia que marca el momento. Mis amigos en la izquierda me escriben diciendo sentir algo muy parecido a la “redención” o que “el país ha vuelto a nosotros” o que “por fin tenemos a uno de los nuestros en la Casa Blanca”. Por supuesto, al igual que ellos, me descubro inundada de incredulidad y entusiasmo a lo largo del día, ya que saber que el régimen de George W. Bush se acabó es un gran alivio. Y pensar en Obama, un candidato negro reflexivo y progresista, significa dar un giro al terreno de la historia, y sentimos el cataclismo conforme su llegada abre una nueva brecha.

Pero tratemos de pensar cuidadosamente en esa brecha de cambio, aunque aún es prematuro conocer del todo su topografía. La relevancia histórica de la elección de Barack Obama tiene vertientes todavía desconocidas, pero su elección no es ni puede ser una redención, y si suscribimos los acentuados caminos de identificación que propone (“todos estamos unidos”) o que proponemos (“es uno de los nuestros”) nos arriesgamos a creer que este momento político puede superar los antagonismos que constituyen la vida política, particularmente la vida política en estos tiempos.

Siempre ha habido buenas razones para no abrazar la “unidad nacional” como ideal y para albergar sospechas ante la identificación absoluta y perfecta con cualquier líder político. Después de todo, el fascismo dependió, en parte, de esa identificación total con el líder y los republicanos participan del mismo tipo de campaña a fin de orquestar un efecto político cuando, por ejemplo, Elizabeth Dole se dirige a su público con estas palabras: “Los amo a todos y cada uno de ustedes”.
Pensar en la política de la identificación eufórica se torna más importante que nunca ante la elección de Obama y considerando que el apoyo que obtuvo coincide con el apoyo de causas conservadoras. De cierta manera, esto explica su éxito “universal”. En California ganó con 60% de los votos y, sin embargo, una parte significativa de quienes votaron por él también votaron en contra del matrimonio homosexual (52%). ¿Cómo entender esta aparente disyunción? Primero, recordemos que Obama no ha apoyado explícitamente el derecho al matrimonio entre personas homosexuales. Además, como lo señaló Wendy Brown, los republicanos han advertido que el electorado no está tan motivado por los temas “morales” como lo estuvo en procesos electorales recientes; las razones detrás del apabullante voto a favor de Obama parecen ser fundamentalmente económicas y la lógica que lo explica parece más estructurada en torno a la racionalidad neoliberal que a las inquietudes religiosas.

Esta es sin duda una de las razones por las que fracasó la idea de asignar a Palin la función de despertar a la mayoría del electorado con la discusión de cuestiones morales. Pero si los temas “morales”, como el control de las armas, los derechos relacionados con el aborto y los derechos de las personas homosexuales, no fueron tan determinantes como en el pasado, quizás se deba a que se encuentran perfectamente instalados en otro compartimiento de la mente política. En otras palabras, enfrentamos nuevas configuraciones de las convicciones políticas que posibilitan mantener, al mismo tiempo, visiones en apariencia divergentes: alguien puede, por ejemplo, discrepar de Obama en ciertos temas, pero haberle dado su voto. Esto se hizo más notorio ante el surgimiento del contraefecto Bradley,[i] cuando los votantes pudieron asumir y de hecho asumieron de manera explícita su racismo, pero dijeron que de todas maneras votarían por Obama. Entre las anécdotas de lo que se llegó a escuchar decir incluyen frases como “Sé que Obama es musulmán y terrorista, pero igual votaré por él; probablemente sea mejor para la economía”. Esos votantes lograron conservar su racismo y votar por Obama, y albergar convicciones contrapuestas sin tener que resolverlas.

A la par de las fuertes motivaciones económicas se han conjugado otros factores menos discernibles desde lo empírico en los resultados de las elecciones. No podemos subestimar la fuerza de la desidentificación en este proceso electoral, la sensación de repugnancia porque George W. ha “representado” a Usamérica ante el resto del mundo, la vergüenza por nuestras prácticas de tortura y detención ilegal, el asco de haber hecho la guerra con base en argumentos falsos y haber propagado el racismo en contra del Islam, la inquietud y el horror ante el hecho de que la desregulación económica llevada al extremo haya provocado una crisis económica mundial.¿Obama surgió finalmente como un mejor representante de la nación a pesar de su raza o debido a su raza? En esa función de representación es, al mismo tiempo, negro y no negro (hay quienes dicen que “no es lo suficientemente negro” y quienes dicen “es demasiado negro”); en consecuencia, puede atraer a votantes que no solo carecen de una vía para resolver su ambivalencia ante el tema, sino que ni siquiera desean tenerla. No obstante, la figura pública que permite al pueblo conservar y maquillar su ambivalencia aparece como una figura de la “unidad”: no cabe duda de que cumple una función ideológica. Estos momentos son intensamente imaginarios, cosa que no les resta fuerza política.

El interés en la persona de Obama creció conforme se acercaban las elecciones: su circunspección, su reflexividad, su capacidad para no perder los estribos, su manera de lograr cierta serenidad frente a ataques hirientes y vil retórica política, su promesa de reinstaurar una versión del país capaz de superar su actual vergüenza. La promesa, desde luego, es seductora. Pero, ¿qué pasaría si adoptar ciegamente a Obama fomentara la creencia en la posibilidad de superar toda disonancia, la creencia de que la unidad es realmente posible? ¿Cuáles son las probabilidades de que terminemos sufriendo cierta decepción inevitable cuando este carismático líder muestre que es falible, que está dispuesto a transigir o incluso a traicionar a las minorías? De hecho, en cierta forma ya lo ha hecho, pero muchos de nosotros “hacemos a un lado” nuestras inquietudes para disfrutar la extrema falta de ambivalencia del momento, exponiéndonos a una euforia acrítica aun cuando ya deberíamos haber aprendido la lección. Después de todo, es difícil definir a Obama como un hombre de izquierda, independientemente del “socialismo” que le atribuyen sus opositores conservadores. ¿Cómo limitarán las políticas partidistas, los intereses económicos y el poder del Estado sus acciones? ¿Cómo habrán ya sido comprometidas? Si a lo largo de su mandato buscamos superar el sentido de disonancia habremos echado por la borda la política crítica a favor de una euforia cuyas dimensiones quiméricas tendrán consecuencias.

Quizás no podamos evitar la entelequia del momento, pero no olvidemos que el momento dura un instante. Si hay racistas declarados que han dicho “Sé que es musulmán y terrorista, pero igual votaré por él” seguramente en la izquierda habrá quien diga “Sé que traicionó la lucha por los derechos de las personas homosexuales, sé que traicionó a Palestina, pero sigue siendo nuestra redención”. Ya lo sabía, pero hay que repetirlo: es la clásica formulación del desmentido. ¿Con qué medios conservamos y maquillamos convicciones contradictorias como estas? ¿A qué costo político?

No cabe duda de que el éxito de Obama tendrá efectos importantes en la situación económica del país, y parece razonable suponer que veremos una nueva lógica de regulación económica y un enfoque económico parecido a la socialdemocracia europea; en política exterior veremos, sin duda, una renovación de las relaciones multilaterales, un cambio de 180 grados respecto de la fatídica tendencia a la destrucción de acuerdos multilaterales que hemos visto durante el gobierno de Bush. Y sin duda también veremos una tendencia más liberal en términos generales en lo que respecta a los temas sociales, aunque es importante recordar que Obama no se ha manifestado a favor del servicio universal de salud ni ha apoyado explícitamente el derecho al matrimonio homosexual. Tampoco hay muchas razones para esperar que formule una política exterior justa para la relación de USAmérica en Oriente Medio, aunque reconforta saber que conoce a Rashid Khalidi.

La indiscutible relevancia de la elección de Barack Obama está del todo relacionada con la superación de los límites implícitamente impuestos a los logros de la población negra en USAmérica; ha inspirado, inspirará y emocionará a la juventud negra; al mismo tiempo, precipitará un cambio en la autodefinición del país. Si la elección de Obama es un indicio de la voluntad de la mayoría de los votantes de que este hombre “los represente”, entonces se entiende que el “nosotros” se constituye de nuevo: somos una nación de muchas razas, interracial, y Obama nos ofrece la oportunidad de reconocer quiénes somos y qué seremos, y así parecería superarse aquella cierta escisión entre la función de representación de la presidencia y la función del pueblo representado. Seguro que se trata de un momento de euforia, pero ¿puede durar? ¿Debería?

¿Qué consecuencias tendrá esta expectativa casi mesiánica conferida a Obama? El éxito de esta presidencia requiere de cierta decepción y de la capacidad de superar esa decepción: el hombre se volverá humano, se mostrará menos poderoso de lo que quisiéramos y la política dejará de ser una celebración carente de ambivalencias y cautela; de hecho, la política demostrará ser menos una experiencia mesiánica y más una vertiente para el debate sólido, la crítica pública y el necesario antagonismo.

La elección de Obama significa que el terreno para el debate y la lucha ha dado un golpe de timón y, sin duda, es un terreno más fértil. Pero no significa el fin de la lucha. Sería insensato pensarlo, aunque sea provisionalmente. Seguro que estaremos de acuerdo y en desacuerdo con algunas de las medidas que tome o deje de tomar. Pero si la expectativa inicial es que es y será la “redención” personificada, entonces lo castigaremos sin piedad cuando nos falle (o encontraremos maneras de negar o reprimir la decepción para mantener viva la experiencia de la unidad y el amor sin ambivalencias).

Obama tendrá que actuar rápido y bien para evitar una decepción trascendental y dramática. Tal vez la única forma de evitar un “choque” (una decepción de graves proporciones capaz de revertir la voluntad política en su contra) sea tomar medidas decisivas en los primeros dos meses en el poder. La primera sería cerrar Guantánamo y encontrar maneras de llevar los casos de los detenidos a tribunales legítimos; la segunda sería fraguar un plan para el retiro de las tropas de Iraq y empezar a ponerlo en marcha. La tercera sería retractarse de sus beligerantes declaraciones acerca de intensificar la guerra en Afganistán y buscar soluciones diplomáticas y multilaterales. Está claro que si no toma estas medidas la izquierda le retirará apoyo y veremos la reconfiguración de la escisión entre los halcones liberales y la izquierda que está en contra de la guerra. Si nombra a gente como Lawrence Summers para ocupar cargos en el gabinete o da continuidad a las fallidas políticas económicas de Clinton y Bush, el mesías será despreciado como falso profeta. No necesitamos una promesa imposible, sino una serie de acciones concretas que puedan empezar a revertir la terrible revocación de la justicia cometida por el régimen de Bush; cualquier otra cosa acabará en una dramática y trascendental desilusión. La pregunta es cuál es la medida precisa de desilusión que se necesita para recuperar una política crítica y qué modalidad aún más dramática de desilusión habrá de devolvernos al intenso cinismo político de los últimos años.

Hace falta salir un poquito de la ilusión para poder recordar que la política no tiene tanto que ver con la persona y la imposible y hermosa promesa que representa como con los cambios concretos en el ejercicio político que, con el tiempo y no sin dificultades, habrán de construir las condiciones favorables a una mayor justicia.


[i] En la cultura política usamericana se denomina efecto Bradley al fenómeno según el cual los candidatos pertenecientes a una minoría racial suelen tener mejores resultados en las encuestas que en las urnas. N. de la T.

Traducido por Atenea Acevedo

Fuente: Uncritical Exuberance? Judith Butler's take on Obama

Judith Butler (1956) pertenece al cuerpo docente de la Escuela Europea de Posgrado en Saas-Fee, Suiza, y profesora de la Cátredra Maxine Elliot en los departamentos de Retórica y Literatura comparada de la Universidad de California, Berkeley. Es la académica posfeminista que escribió El género en disputa en 1990 y Cuerpos que importan en 1994. Ambas obras describen lo que después se convertiría en la teoría queer. Una de las aportaciones más significativas de Butler a la teoría crítica es su modelo performativo del género, en el que las categorías “masculino” y “femenino” se entienden como una repetición de actos y no como absolutos naturales o inevitables. Butler también argumenta que el movimiento feminista no puede usar o depender de una definición específica e inmutable de mujer, y que hacerlo es imperialista y contraproducente, porque perpetúa el sexismo. Además, analiza las formas en que la raza, el género, la orientación sexual y otras identidades entran en conflicto y se apoyan entre sí. Atenea Acevedo es miembra de Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.