27 feb. 2009

Instrumentos para evitar el lenguaje sexista

He descubierto en una de mis búsquedas weberas un instrumento más para evitar en lo posible el uso del lenguaje sexista. Tiene un nombre precioso "La lupa violeta" y cuando lo instalas queda incorporado al Word como un corrector más que te avisa si incurres en algún error sexista. Como el propio corrector de word tiene sus inconvenientes y hay que supervisarlo porque no todos los errores detectados lo son realmente, pero me parece un instrumento interesante que al menos nos ejercita en tener cuidado al escribir a las que queremos tener siempre presente el género femenino en el lenguaje.

Aquí tenéis la información:

¿QUÉ ES LA LUPA VIOLETA?
Es una nueva herramienta para facilitar la utilización del lenguaje no sexista y apoyar a las personas que deciden implicarse en su utilización y desean eliminar la discriminación por razón de sexo en sus textos.

¿EL CASTELLANO ES UN IDIOMA SEXISTA?
La lengua castellana, o española, no es sexista. En realidad, ninguna lengua lo es, pero sí el uso que se puede hacer de ella.

¿ESTA HERRAMIENTA IMPONE EL USO DEL LENGUAJE NO SEXISTA?
La Lupa Violeta pretende ser una herramienta flexible que propone términos alternativos a términos que puedan ser objeto de uso sexista, permitiendo introducir nuevos términos, modificar alternativas ya existentes o bien ocultar los resultados cuando no la desee utilizar, permitiendo adaptar La Lupa Violeta a las necesidades de cada usuario/a.

¿QUIÉN HA PROMOVIDO EL DESARROLLO LA HERRAMIENTA?
La Asociación AD Los Molinos dentro del Proyecto de la Iniciativa Comunitaria EQUAL, “Factoría de Empresas: Claves para el Empleo y el Desarrollo Local”, cofinanciado por el Fondo Social Europeo y la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid.

¿A QUIÉN VA DIRIGIDA LA HERRAMIENTA?
Entidades sociales, organismos públicos, empresas y usuarios/as interesados/as en mejorar la utilización del lenguaje.

¿ES UNA HERRAMIENTA FLEXIBLE?
La herramienta se adapta a las necesidades personales de cada uno/a, de manera que cada cual pueda introducir los términos que considere necesarios y no estén identificados. En esta misma línea, y a través de La Lupa Violeta, la Asociación AD Los Molinos, se compromete a recibir y recopilar los correos de los/as usuarios/as que deseen compartir esta información para ampliar el universo de palabras.

¿QUÉ RESULTADOS SE ESPERAN CONSEGUIR CON LA LUPA VIOLETA?
Promover y facilitar el uso no sexista del lenguaje escrito en castellano, extendiendo este uso a profesionales de cualquier ámbito así como a la población en general. Esta herramienta pretende luchar contra la invisibilización de las mujeres en el lenguaje diario así como habituar al/la usuario/a a utilizar un lenguaje no discriminatorio y libre de estereotipos.

¿ DÓNDE SE PUEDE ENCONTRAR LA LUPA VIOLETA?
Se puede solicitar copias en formato CDRom a través de la Asociación AD Los Molinos.
Se puede descargar a través de las siguientes páginas webs:
www.factoriaempresas.org
www.admolinos.org

¿QUÉ REQUISITOS DEBE TENER EL PC PARA INSTALAR LA LUPA VIOLETA?
Pentium III o superior, 256MB de memoria RAM, 30 MB de espacio libre en el disco duro, tener instalado un sistema operativo Windows 98 o superior así como Microsoft Word 2000 o superior.




17 feb. 2009

A vueltas con los tópicos del feminismo

Por mucho que pase el tiempo, por mucho que se avance en el tema de la igualdad, por mucho que se investigue y publique sobre la historia del feminismo y su absoluta repercusión en las sociedades, las políticas y las culturas... siempre me da la impresión de que andamos en círculos y volvemos siempre al mismo punto de partida. El feminismo se sigue equiparando al machismo en una aberrante dicotomía sin fundamento, la palabra sigue provocando rechazo incluso en las mujeres que por su actitud y comportamiento ante la vida nadie dudaría en calificar de feministas, aunque ellas mismas sean las apresuradas en negarlo... Y no digamos ya en los hombres, que no contentos con echar pestes de las feministas se complacen en pavonearse de ser bien machos o, al menos, concienzados (y concienzudos) machistas.Y eso que yo siempre advierto (mi ingenuidad y mi idealismno sigue sin encontrar los límites) cuando me defino como feminista que lo soy y a mucha honra, pero que no voy por ahí con el sujetador en la mano y capando hombres en las oscuridades de los callejones. Si a eso le añadimos que tampoco tengo ningún pudor en manifestar que soy también lesbiana el shock que advierto en los que reciben el mensaje es total. Y si no hay shock, hay la sonrisita socarrona esa de "claro, claro, ¡cómo no va a ser feminista si es bollera!
Y, una vez más hasta la próxima, me descorazono y pienso "¿Es que no ha servido de nada?" Todo lo que se ha hecho, todo lo que se ha recorrido, todo lo que se ha sufrido, todo lo que se ha desenterrado de las garras avarientas de la historia patriarcal, todas las brujas que quemó la Inquisición, todas las mujeres que marcaron a fuego en el cuerpo, todas las sufragistas que se encadenaron en las puertas de los juzgados, todas las que padecieron prisión, todas las que se murieron de pura miseria por defender los derechos laborales de TODAS las demás mujeres, las que corrieron delante de la policía en las manifestaciones, las que torturaron en oscuros calabozos, las que se dejaron la vista y la vida escribiendo las ideas que ahora ya no son ideas, sino derechos impepinables, las que tuvieron que soportar el quedarse sin familia, sin amigos, sin hijos, sin marido, sin trabajo... Las mujeres siguen quedándose con cara de bobas cuando nombras a Mary Wollstonecraft o a Simón de Beauvoir (¿quién coño serán esas?, dicen sus boquitas de piñón, mientras sacuden la melana teñida con mechas "naturales") y se siguen quedando tan anchas proclamando orgullosas "yo no soy feminista", aunque le hayan dicho más de una vez a su madre, a su hermana, a su prima o a su vecina ¿cómo puedes consentirle al sinverguenza de tu marido que te trate así, o que te pegue, o que te ponga los cuernos, o que te asesine en el peor de los casos (y más de una haya acompañado a otra a poner una denuncia o le haya puesto hielo en el ojo morado); aunque se encolericen indignadas cuando se les cruce alguna marroquí recién aterrizada con su velo y su chilaba; aunque mantengan apasionadas discusiones con sus compañeros de trabajo por cuestiones de discriminación laboral; aunque se sigan indignando cada vez que pasan por una obra y oigan el consabido "¡eso es carne y no lo que pone mi madre en el cocido!"; aunque en el café con las amigas pongan a los novios, maridos o parejas de hecho como el rosario de la aurora porque no son capaces de acertar con los botones de la lavadora; aunque tengan que ir a hacer yoga para quitarse el estrés de ser administrativa eficiente, madre perfeca, hija abnegada, chófer paciente, cocinera estupenda, asistenta impecable y geisha sex symbol, todo a la vez todos los días de la semana y se queje merecidamente por ello. No, ellas NO SON FEMINISTAS, NI HABLAR, FALTARÍA MÁS. Las feministas son una extraña raza de mujeres insatisfechas (seguramente tortilleras), feas e histéricas, que como nunca las ha querido ningún hombre, van por ahí echando pestes de ellos.
Ay, señor...Todo esto se me venía a la cabeza esta mañana, en mi clase de redacción correcta, cuando daba unas simples pautas para no caer en el lenguaje sexista y me miraban con sorna ellos, con impaciencia ellas, pintándoseles en la cara aquello de ¿pero para qué coño servirá esto de decir "el alumnado" en lugar de "los alumnos"? Menudo despropósito, qué manera de sacar las cosas de quicio, qué ganas de complicarse la existencia, con lo fácil que es dejar las cosas como están y como lo dice la RAE, que para eso es la RAE...
Y lo compartía luego con Mar, que es la directora del CEM en la universidad, profesora de derecho ya con muchas tablas feministas, con una inteligencia preclara para combatir argumentos machistofélicos, y, por si algo le faltara, un bellezón de ojos claros y piel canela... Nada, que a ella le pasa lo mismo, pero no ya con alumnos sin obligación de conocer el feminismo, sino con gente pudiente en el mundo de los cargos responsables...
Que la ignorancia es la misma, igualita de democrática, en la clase obrera y en los sindicatos, en la judicatura y en la política, en el mercado de abastos y en la oficina del paro, en el ministerio del interior y en el locutorio de los colombianos de la esquina, en la universidad y en la academia de informática... ¿El feminismo? ¿Digaaaaaaaaa?Esto es España, señoras y señores (ellas delante, que cortesía nunca sobra), el primer país mediterráneo con un ministerio de igualdad, una ministra en los santos ejércitos y una ley del matrimonio homosexual que nos envidian allende los mares. La España de Quevedo y Manolete, le pese a quien el pese, le pese a Concepción Arenal, a Victoria Kent o a Clara Campoamor, a Lidia Falcón o a Carmen Alborch... o a Bibiana Aído.

15 feb. 2009

Por fin un artículo sobre lesbianas y gays que merece la pena

Acostumbrad@s al dramón y al tópico facilón, no deja de sorprender que a veces se publiquen artículos positivos y llenos de energía positiva, donde los tópicos brillan por su ausencia y el discurso refuerza la diversidad.
Este de El País que me he recibido vía Yosu me parece de esa guisa. Aprovecho para enviar un gran abrazo a la gente de Arcópoli, a Carmen, a Marce, a tod@s l@s que salen en este artículo... ¡OS ECHO TANTO DE MENOS!



Son los primeros que no se esconden. Han crecido con referentes y derechos. Salen del armario cada vez más, cada vez antes. Los nuevos gays y lesbianas viven como sienten. No es fácil. Sufren. Pero prefieren plantarle cara al mundo que perderse su juventud.

Es posible que los peces gordos de Telecinco no se hayan enterado. Pero Macarena, Maca, Fernández, pediatra de Hospital Central, la teleserie decana de la casa, es un icono para ciertas chicas españolas. Maca es guapa. Competente. Carismática. Y lesbiana. Rocío Fernández no se pierde un capítulo. No los mira en la tele de su casa, donde vive con sus padres. Prefiere verlos sola. Por eso se los baja de Internet. Fue en cualquier parte, con el portátil acunado en el regazo, donde la adolescente Rocío visualizó cómo quería ser de mayor.

"Gracias a la historia de amor entre Maca y Esther vi que es posible amar a otras mujeres, casarse, ser madre con otra, tener éxito y respeto social. Que esto es natural y bonito, que no eres un bicho raro ni tienes que sufrir por ello. Maca me ayudó a salir de mi propio armario, el de mi familia y el del mundo".

Rocío tiene 21 años, estudia Ingeniería de Obras Públicas y es lesbiana. No lo va pregonando. Tampoco lo oculta. Vive como siente, punto. Ellas han tenido a Maca. O a Diana, la devoramujeres de Siete vidas. O a Lindsay Lohan, ex novia adolescente de América, hoy pareja de la dj Samantha Ronson. Los chicos, a Fidel, el chaval hipersensible de Aída. Al comunicador estrella Jesús Vázquez. O al mismísimo Fernando Grande-Marlaska, juez de la Audiencia Nacional, aconsejando en las vallas el uso del preservativo a los hombres que, como él, tienen relaciones sexuales con otros hombres.

Todos, ellos y ellas, han visto el cielo abrirse ante sus ojos con sólo teclear la palabra gay o lesbiana seguida del nombre de su ciudad en Internet. La nueva generación de homosexuales españoles ha crecido con referentes. Espejos donde mirarse. Ejemplos en los que reconocerse. Y derechos adquiridos. Rocío estrenó su mayoría de edad en 2005, el año en que se aprobó la ley de matrimonio de personas del mismo sexo. El cuarentón Marlaska no tuvo esa suerte.

Su señoría lo confesaba ante los chavales de un instituto madrileño. "Tuve clara mi orientación sexual desde muy joven, pero perdí 25 años de mi vida afectiva por la ley del silencio. Hasta los 35 años no lo reconocí ante el mundo". Marlaska y muchos de sus coetáneos han pasado su juventud apolillándose en el ropero. Entre otras cosas porque hasta los ochenta no se derogó la Ley de Peligrosidad Social, que consideraba delincuentes a los homosexuales. Algunos, habituados a una confortable reclusión privada o reprimidos por la intolerancia social, han elegido quedarse a vivir dentro. La generación de Rocío no está dispuesta a perderse nada.

Criados en la cultura de la inmediatez, acostumbrados desde bebés a pedir y que se les conceda, los nuevos gays y lesbianas no conciben esperar para empezar a vivir como son. Sin alardes, sin complejos. Por eso cada vez son más los que deciden contarlo en casa en cuanto ellos mismos lo tienen claro. Cuando se produce su despertar sexual. Cuando se enamoran. Cuando se lo pide el cuerpo. Aunque sufran. Aunque duela. A ellos y a los suyos. Una vez que descerrajan el armario de casa, el resto es más sencillo de franquear. El problema pasa a ser de los demás. De quien no les acepta. Pagado el peaje de la confesión de su diferencia, suelen ponerse el mundo por montera.

Nadie dijo que fuera fácil. Ni gratis. No es casual que casi todos los que aquí dan la cara sean universitarios urbanos. El grado de visibilidad de los jóvenes gays es directamente proporcional a su extracción social, su nivel de estudios y el número de habitantes de su localidad. El 9,1% de los escolares de secundaria se declara homosexual. Pero la homosexualidad es la primera causa de acoso en los institutos, según los colectivos gays. Uno de cada tres chicos cambiaría de pupitre si supiera que su compañero es gay. Un 90% del alumnado cree que lesbianas y gays son peor tratados que los demás. Y lo más terrible: un tercio de los suicidios juveniles tiene su causa en la dificultad para asumir o ejercer en libertad la propia orientación sexual, si se extrapolan los datos de un estudio del Instituto de la Salud de Francia.

"Maricón' es la palabra más usada en el instituto, vale para todo", confirma Álex Quesada, de 21 años, estudiante de Comunicación. "Yo sufrí acoso. No concretamente por gay, sino por ser el pringao, el débil, y encima delicado. Me machacaban. A los 13 años me atraían los chicos, pero también algunas chicas. Estaba en pleno desarrollo de mi sexualidad. Lo que más teme un adolescente es el rechazo, quedarse aislado, y yo estaba cagado". Quesada pasó años "emparanoiado". Ya no tiene miedo.

"En casa me pillaron mirando páginas de tíos en Internet. La reacción de mis padres fue negarlo, aplazar el conflicto: 'Es una etapa, ya se te pasará', dijeron. Pero no se me pasó". Así que a los 16 años se plantó delante de sus progenitores -profesionales liberales- y les soltó: "Esto no es una etapa ni quiero que lo sea. Yo soy así, esto es lo que hay". Tras esa fachada de seguridad, Álex temblaba. "El miedo al rechazo depende de lo que te importe la persona. Y no lo hubo. Sospecho que mi madre lo sabía. Ellas lo saben. Y que a mi padre no le hizo ni puta gracia. Les costó asumirlo, supongo que es normal, son generaciones distintas. Nadie les preparó para tener un hijo homosexual".

Estamos en una cafetería de barrio. Las señoras de al lado están fascinadas. El local está casi vacío, pero Quesada ha escogido este velador codo con codo con ellas. No tiene nada que ocultar. "Tampoco creo que haya que ir diciendo: 'Hola, me llamo Álex y soy gay'. Para empezar, se me nota".

-¿En qué?

-¿No ves cómo cojo el cigarro? Además, tengo espejos en casa. De chaval no tenía tanta pluma. Pero cuando sales del armario te quitas la losa y actúas con naturalidad.

Quesada estudió en el instituto Duque de Rivas, de Rivas-Vaciamadrid. Fue allí donde el juez Marlaska confesó su pasado en el armario. Álex abrió el suyo con la llave de Internet. "Es el gran aliado", dice. "Ahí conocí a los primeros chicos. No puedo imaginar la vida de los que tenían que ir a un cine o bar de ambiente para ver gente como ellos. Esa sordidez me la he ahorrado".

El horizonte terminó de despejársele al acabar la ESO. "En el insti hay mucho cafre. Manda la masa, y la masa es heterosexual. Fuera también, pero incluso en los ambientes más retrógrados la homofobia es políticamente incorrecta. En otros, ser gay es hasta chic". La cultura, el arte y la moda son algunos de esos ámbitos. Las facultades de Audiovisuales, como la de Álex, también. "Claro que hay gente de mi generación dentro del armario. Me parece legítimo. A mí se me quedó pequeño: apestaba a naftalina".

Marta Gómez no ha estado un minuto dentro. Ni siquiera el mes que duró lo que esta estudiante de Comunicación de 22 años llama su "lucha interna". "En el instituto empecé a fijarme en chicas", relata. "Vi que las personas que me atraían eran de mi sexo. Para mí no fue una opción consciente. Soy así. Pero la sociedad te empuja a ser heterosexual. Tú eres la primera que lo consideras raro. Primero te planteas que cómo vas a ser lesbiana; como mucho, bisexual. Hasta que lo vas asumiendo, aceptando, y entonces viene otro problema: decírselo a los tuyos".

La madre de Marta no se desmayó cuando su hija de 14 años le confesó sus sentimientos. Carmen Garrido, de 56 años, lleva décadas oyendo cuitas de adolescentes en los colegios donde ha ejercido de psicóloga. Ahora tenía trabajo en casa. "Algo había notado. Tenía otro tipo de antenas además de las de madre", confirma. Marta ha invitado a sus padres a la entrevista. "Al principio creímos que podía ser la ambivalencia de la adolescencia. Le dijimos que no se pusiera etiquetas, que viviera abierta a evolucionar de una forma u otra. Nosotros estuvimos alerta, presentes sin presionar, hay que tener paciencia. Te preocupa que sufra, que la hieran. Pero a un hijo no se le ponen condiciones. No es tuyo, es una persona".

Marta tomó el consejo al pie de la letra. Siguió su vida. Libre. Sin miedo. Empezó a llevar amigas a casa. A invitar a sus novias -"soy de relaciones largas"- a los eventos familiares. La fuerza de los hechos y la costumbre hicieron el resto. Ahora las cosas están claras. Para todos. "La sorpresa de los allegados es gradual y se supera", dice Mariano, su padre, un consultor de 50 años. "Somos una familia unida que acepta a la gente como es".

-Disculpen que se lo diga, pero parecen ustedes unos padres de anuncio.

-Soy consciente de que nuestro caso puede no ser mayoritario. Tengo compañeros que me dicen marica porque me doy crema de manos. Mentiría si dijera que no tenemos cierta inquietud: esto no lo acepta todo el mundo. Somos católicos, y la manifestación de los obispos contra el matrimonio gay nos ofendió profundamente.

Marta conoce su suerte. "Mi pareja está aún en proceso de contárselo a sus padres". Ella no se esconde, pero tampoco se exhibe. En el instituto no lo contó a nadie. "Si te insultaban por sacar buenas notas, imagínate por lesbiana". Luego lo ha dicho a quien más le importa. "Al resto, ¿para qué?". Lo que sí ha hecho es colgar en YouTube la presentación de Vidas de cristal helado (Atlantis), la novela que escribió a los 18 años. La protagoniza una chica lesbiana que vive en Reata, "un sitio en el que no puedes ser tú mismo". Alguien que no tuvo su suerte.

La exposición en Internet es el activismo particular de Marta. "Sé que tenemos libertad gracias a la lucha de los mayores. Pero yo soy diferente. No he tenido esa amargura. Vivo con alegría. Eso también es activismo".

Ella es una 'nativa digital'. Forma parte de la generación que no recuerda el mundo sin Internet. Para la que la Red es el medio natural. La frontera se sitúa en torno a la treintena. Los mayores son ya inmigrantes digitales. El 83% de los jóvenes españoles son usuarios de redes sociales. Gays y lesbianas las usan el doble que los heterosexuales, según la firma MediaMetrix. Internet bulle de testimonios arcoiris. Lesbianas y gays que se confiesan a la ciudad y al mundo. "Viviendo a pleno, sintiendo por primera vez, experimentando, sexualidad, 17 años, gilipollez, adolescencia", declara un tal Mikami en su perfil personal (creciendodeprisa) en Blogspot. También los hay colectivos.

En cuanto acabe esta reunión, sus asistentes colgarán las fotos en YouTube, Tuenti, Facebook, MySpace y Fotolog. Así levantan acta los activistas digitales. Autoafirmándose. Dejándose ver. Poniéndose a un golpe de ratón de quien lo desee. Estamos en la Facultad de Arquitectura. Un grupo de chicos y chicas ocupan el aula. Son estudiantes de teleco, informática, aeronáutica, derecho. Y miembros de Arcópoli, la asociación LGTBH (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales y Heterosexuales) de las universidades Politécnica y Complutense de Madrid.

Creada en 2004, Arcópoli es una asociación innovadora. Gays y lesbianas; homos y heteros trabajando -"y divirtiéndose"- juntos. "No somos feministas, ni machistas, ni de un partido ni otro, sino un grupo de iguales luchando por la igualdad", dice Rubén López, ingeniero de telecomunicaciones. Ló­pez, de 29 años, se creía "el único maricón de ingeniería" cuando vio un cartel de Arcópoli. "Tenemos referentes, sí, pero nos faltan arquitectos/as, ingenieros/as, médicos/as, y no sólo actores o artistas", dice. "Aquí estamos, somos profesionales fuera del armario. Algo se mueve y no tiene vuelta atrás".

Araceli Cuevas y Esther Martínez conocen sus derechos y los ejercen. A sus 26 años, llevan tres casadas. No fue un impulso. Llevaban 10 años de noviazgo. Cuevas y Martínez practican "activismo de hecho". No creen que declararse lesbianas sea parte de su intimidad. "Decir en el trabajo que vas con tu mujer a una casa rural es activismo puro y duro. Intimidad sería contar qué hacemos en la cama". Esther y Araceli también pasaron su "calvario". Cuando supieron lo suyo, sus padres las llevaron al psicólogo "a ver quién estaba equivocado". "Yo te he parido y sé lo que sientes", le dijo a Esther su madre. "Se le pasó cuando me preguntó si yo lo sentía como una putada de la vida y le respondí que soy más feliz de lo que nunca imaginé. Ahí se acabó el drama".

"Hay que entenderlos. Para ellos es un marrón, es un trauma decir a todos que tu hijo es homosexual. Cuando tú sales del armario, les metes a ellos", confirma Rocío. "En sus expectativas no entra que su hijo sea gay. Creen que no tendrán nietos, que su árbol genealógico se seca, pero como te quieren, lo acaban aceptando", zanja Araceli.

Gritos, lágrimas y, al final, un abrazo. Muchos describen así el momento en que confiesan a sus padres su homosexualidad. Duele, pero compensa, dicen. A todos. "Esta generación es la más planificada de la historia", aporta Gerardo Meil, sociólogo y autor del ensayo Relaciones entre padres e hijos en la España actual (La Caixa, 2006). "Son los reyes de la casa. Las relaciones dentro de la familia han cambiado. Hay que negociar antes de llegar al conflicto porque los lazos ya no se suponen para toda la vida, se pueden romper. Ese abrazo significa: 'Eres diferente, pero te integramos'. Los padres saben que o les aceptan o les pierden".

Omar Hossain no olvida el achuchón de su padre en la hora de la verdad. El señor Hossain fue el último en enterarse. A Omar le atraían los chicos desde el parvulario. "Tenía un instinto sexual fuerte, pero esperaba que se me fuera. Hasta que pensé: 'Joder, ¿qué va a ser de mí? Esto no se me quita".

Hossain, hijo de padres separados, siguió el itinerario habitual: Internet, primeras citas, primeros amores. Fue saliendo del armario de amigo en amigo. "Según lo iba diciendo, me sentía mejor". Hasta que, a los 19 años, estudiando fuera de casa, se confesó. Primero a su madre, por teléfono. Después a su padre, mientras iban en coche. "No dijo nada. Salió en una gasolinera y al volver me abrazó. Él es musulmán. Me dijo que mi vida era mía. Hasta hoy", dice Omar, de 23 años. Sólo lamenta el tiempo perdido. "Salí tarde y no pierdo un minuto. Tengo derecho a disfrutar de mi sexualidad".

Silvia y Neus Sanchis son artistas y tienen 23 años. Se apellidan igual, pero no son familia. Aún. Planean casarse. Tener hijos: "Uno cada una". Por ahora viven juntas en un piso que pagan con los 210 euros de la renta de emancipación del Gobierno. Todo esto en Ontinyent, un pueblo valenciano de 45.000 habitantes. Silvia y Neus son novias desde los 16. Sobrevivieron al aquí huele a tortilla del instituto. Confesaron su amor a sus padres: "En pareja es más fácil: una apoya a la otra". Recibieron el correspondiente abrazo. Y pusieron tierra de por medio.

En Barcelona, donde estudiaron, vieron el cielo abierto. "Vivíamos juntas. Había locales, librerías, gente como tú por la calle. Hizo falta irse para poder volver". Están de nuevo en casa. "Nos fuimos huyendo y volvimos para pagarles la huida a nuestros padres", dice Neus. "Se lo debíamos", confirma Silvia. "Si no, el muerto siempre estaría aquí. Ya lo hemos llorado juntos y estamos en paz".

Su cuarto está lleno de autorretratos. Una bella durmiente Silvia recibe el beso de la princesa Neus. Las dos en la cama, hechas un ovillo de piernas y brazos. Su obra completa está en Internet (silviayneus.com). No hay que salir para ver a esta pareja visible.

Carmen Hernández siente "alegría y envidia". Hernández, de 34 años, es la coordinadora de políticas lésbicas del histórico colectivo FELGTB. "Hay un cambio generacional brutal. Yo ya no pillé Internet de adolescente. Estas chicas se han ahorrado traumas, soledad y dolor".

Javier Díaz, de 37 años, concejal de Juventud en Arganda (Madrid), se congratula de la novedad. Díaz, del PP, conoce la homofobia de primera mano. En noviembre tuvo que soportar comentarios jocosos sobre su homosexualidad por parte de un colega socialista, también gay. No se arredró. "He seguido una política de hechos consumados. Llegué al PP con pareja. Ésa es la vía". El edil asiste con una mezcla de satisfacción y distancia a la eclosión de la nueva generación gay. "Traen de serie normalidad, visibilidad y libertad. Ser como son sin que les señalen. Estupendo. Pero les veo algo subiditos. Ser gay no es guay, sólo una condición sexual".

Marce Rodríguez, periodista de 44 años, salió del armario de su casa a los 40, en la portada de esta revista. "Queremos casarnos", decía el titular poco antes de la aprobación del matrimonio gay. Rodríguez, que se casó finalmente con su novio, publica Mis padres no lo saben (Plaza y Janés), un libro donde cuenta la vida de homosexuales de su generación. "La falta de referencias era absoluta. Demoledora. Jesús Encinar, el fundador de idealista.com, me confesó que de joven pensaba que los únicos gays del mundo eran los griegos, Federico García Lorca y él. Figúrate yo, hijo de una familia humilde de Móstoles sin clásicos en la biblioteca. El único gay del planeta era yo".

Acaba la reunión de Arcópoli. Alessandro Baldo, un erasmus italiano, toma notas. Flipa. Quiere montar algo así en su pueblo, Udine. Para él, España sí que es diferente.
[http://www.elpais.com/articulo/portada/generacion/armario/elpepusoceps/20090208elpepspor_9/Tes]

El origen de San Valentín


Aquí tenéis un interesante artículo de Sandra Román sobre el origen de nuestra cristiana y consumista fiesta de los enamorados. Para que veáis que no hay nada nuevo bajo el sol..., ni bajo la luna. Unas civilizaciones se alimentan de otras o las plagian directamente, como hicieron los romanos con los griegos y como hicieron los cristianos con todas las anteriores (los mayores plagiadores de la historia).

LA DIOSA JUNO FEBRUATA Y EL DÍA DE SAN VALENTÍN

Por Sandra Román ©

En la antigua Italia, el mes de Febrero estaba consagrado a la Diosa Juno Februata o Juno Februa. Su fiesta era celebrada el 14 de Febrero. Ella era la Diosa de la "fiebre" de amor tanto como de las mujeres y el matrimonio. En su fiesta, los hombres solteros participaban de una especie de “lotería” tomando pequeños billetes de papel puestos en un recipiente. En esos pequeños papeles estaban escritos los nombres de las mujeres solteras de la comunidad. La pareja formaba una relación temporaria durante los juegos eróticos que tenían lugar durante el festival y luego permanecían como pareja durante los siguientes 12 meses. Muchas veces estas prácticas derivaban en matrimonios que perduraban en el tiempo.

En tiempos paganos, esta celebración era conocida como “Lupercalia”. Esta palabra deriva de “Lupa” (la Diosa Loba que comúnmente encontramos en las representaciones artísticas de Rómulo y Remo[1], fundadores míticos de Roma). En los templos erigidos en honor a Lupa, servían sacerdotisas que eran llamadas “Reinas” o también “Lupae[2]”. Ellas actuaban como meretrices sagradas y los ritos celebrados en la Gruta de la Loba, aseguraban la fertilidad de los campos durante todo el año.

Luego de que el emperador Constantino decretara el nacimiento “oficial” de la religión católica y la impusiera a todo el territorio del imperio Romano, la iglesia se encargó de re-nombrar este festival como "Fiesta de la Purificación de la Virgen María". De este modo, el papa Gelasio I, en el año 494, intentó conmemorar el momento en que María fuera “purificada” en el Templo, luego del nacimiento de Cristo. Parece ser que ante la visión de los patriarcas de la iglesia, todos los actos de amor eran impuros, no solo los de carácter sexual, sino también el milagro maravilloso de dar a luz una nueva vida. Curiosamente, el apelativo “Februa”, “Februlis”, “Februta” o Februalis” se refieren a la Diosa Juno en su aspecto de “Purificadora”, en un sentido diametralmente opuesto al dado posteriormente por el culto cristiano.

La fecha fue nuevamente cambiada por la iglesia al 2 de Febrero, y su nombre fue reemplazado por la “Fiesta de la Candelaria”. En el mundo celta, esta fecha está consagrada a la Diosa Brigit o Brighid, cristianizada luego como “Santa Brígida”. Sus animales sagrados son el cisne y el lobo. Su festival, Imbolc, está relacionado con el regreso de la luz: es decir, el tiempo en que los días comienzan a hacerse visiblemente más largos, luego de atravesar por la oscuridad del invierno.

El regreso de la luz tiene, asimismo, relación con los ritos sexuales sagrados celebrados en la fiesta del 14 de febrero, los cuales eran llamados “ritos de matrimonio espiritual con ángeles en la cámara nupcial”. Una fórmula que se acostumbraba a recitar en ellos decía lo siguiente: “Permite a la semilla de luz, descender dentro de la cámara de la novia (…) la Gracia desciende a través de ella”.

En el año 496, el papa Gelasio instituyó el día de San Valentín para poner fin a aquellas “lascivas costumbres salvajes”. Como muchos otros santos que reemplazaron a los antiguos dioses paganos, San Valentín cuenta con múltiples versiones de su biografía y todas ellas son confusas y contradictorias. Los hombres de la iglesia trataron de reemplazar los antiguos billetes por otros que contenían sermones morales y nombres de santos. Pero la gente rápidamente los transformó en mensajes de amor. De esta manera, San Valentín fue convertido en el “patrono de los enamorados”, mientras los antiguos rituales fueron conservados y mantenidos en secreto, pese a todos los esfuerzos realizados por la iglesia para cambiarlos.

Otra fecha pagana en la que se celebra el matrimonio sagrado es el 1 de Mayo, en la fiesta que se conoce como “Beltane” en el calendario celta. Esta festividad celebra a Rhiannon, la Yegua Blanca y a Bloddeuwed, la lechuza de cara blanca. Ambas son conocidas como la “Reina de Mayo” y la antigua costumbre de elegir reinas de belleza y hacerlas pasear en procesión por los campos y las calles tienen su origen en esta antigua celebración de la Fertilidad.

“Todos los ritos de Amor y de Placer son Mis Rituales”, dice la Diosa en una invocación popular. Y en tiempos en que eran celebrados, no solo se buscaba asegurar la abundancia de los frutos de la tierra, que habrían de alimentar a las antiguas comunidades durante todo un año. También se aseguraba la convivencia en armonía y en paz, respetándose mutuamente todas las personas. La sexualidad era considerada sagrada y natural, por lo tanto no había motivos para perversiones de ninguna clase. Las violaciones y los abusos son producto de la represión del mismo modo que la magia negra nació como un modo de reacción a la opresión de los pueblos “civilizados” sobre los más inocentes y desprotegidos.

En este amanecer de los nuevos tiempos, la Diosa del Amor vuelve a descender sobre la Tierra. Permitamos que Su Divina Gracia nos sane y nos transforme.

FUENTES CONSULTADAS:

ü “Invocación de la Diosa”, texto popular en versión de Doreen Valiente.

ü “Los Rostros de la Diosa”, Sandra Román. Editorial Kier. Buenos Aires, 2004.

ü “Priestess of Avalon”, Marion Zimmer Bradley. Voyager. HarperCollins. Londres, 2001.

ü “The Woman´s Enciclopedia of Myths and Secrets”, Barbara Walker. HarperCollins. San Francisco, 1983.

ü Wikipedia: www.wikipedia.org



[1] Barbara Walker indica que los mellizos a quienes se atribuyó la fundación de Roma eran hijos de Rhea Silvia, Diosa de la Naturaleza, lo cuales fueron amamantados por Lupa, la Diosa Loba venerada por los etruscos. “Remo fue asesinado por su hermano celoso, en un mito que emplaza el fratricidio en el comienzo del patriarcado, del mismo modo que el mito de Caín y Abel emplaza el fratricidio en el comienzo del patriarcado hebreo”. Según el mito, los seguidores de Rómulo eran hombres que no tenían derecho a tener propiedad sobre la tierra, ya que esta pertenecía a las mujeres y solo era heredada por la descendencia matrilineal. El único modo de acceder a la tierra era a través del matrimonio. Rómulo habría sido una invención patriarcal basada en el nombre de un antiguo clan femenino etrusco denominado “Romulia”, quienes fueron los auténticos fundadores de Roma.

[2] De allí deriva la palabra “lupanar”.

4 feb. 2009

2 feb. 2009

Lesbianas. Discursos y representaciones (III)


Más cositas sobre nuestro libro:

Mujeres analizan a mujeres

Un libro rompe tópicos sobre la visión de las lesbianas en España

01.02.09 -

JUAN LUIS TAPIA

| GRANADA

¿Quiénes son las lesbianas, qué tienen que decir las lesbianas de sí mismas, qué se ha dicho de ellas en nuestro país, desde el franquismo hasta ahora?, ¿por qué hay tantas mujeres que se acuestan con mujeres que no se consideran lesbianas? ¿Están a gusto las lesbianas dentro de los movimientos feministas, en las que se les mira como bichos raros, acusadas de reproducir los roles que tanto odian las feministas heterosexuales? ¿Están a gusto las lesbianas en los colectivos gays, en los que la misoginia campa a sus anchas? ¿Dónde están a gusto las lesbianas?

A estas y otras muchas cuestiones, que parecían ya superadas en estos tiempos de matrimonios homosexuales, responde el libro 'Lesbianas. Discursos y representaciones' (Editorial Melusina), que ha coordinado la especialista Raquel Platero, y que se presentó ayer en Barcelona. El título reúne una serie de ensayos que tratan de dilucidar cuál es la situación actual, por qué sigue existiendo el problema de la invisibilidad, o si es cierto que la diferente estrategia seguida por la homofobia hacia los gays y las lesbianas -la persecución y el insulto en el primer caso y la negación de la existencia en el segundo- ha resultado, a la larga, perjudicial para ellas.

En el franquismo

Raquel Platero destaca que en este libro se rompen algunas falsas creencias sobre el lesbianismo en España, «porque nuestra historia no se había contado en los libros». Uno de los descubrimientos de esta especie de estudio colectivo se refiere a que «durante el pasado franquista las mujeres han tenido relaciones con mujeres, pero mantenían otras formas de encuentros donde usaban un lenguaje en clave». La especialista rompe también el tópico de la 'invisibilidad' de las lesbianas en el pasado, «porque estaban presentes en la sociedad, en los años treinta, y no es tal esa invisibilidad en tanto que incluso se llegaron a inventar insultos y se hablaba de ellas».

En este libro también participa Empar Pineda, quien cuenta su pequeña historia de los colectivos de lesbianas. José Ignacio Pichardo, único varón que participa en este libro, introduce en el apasionante tema de la dificultad de un grupo apreciable de mujeres que se acuestan con mujeres para autodefinirse como lesbianas.

Pilar Villalba analiza los discursos sobre el lesbianismo desde una perspectiva de género. Matilde Albarracín relata cinco apasionantes historias de mujeres lesbianas que han vivido el franquismo en la ciudad de Barcelona: sus códigos secretos, sus puntos de encuentro, sus felicidades y sus frustraciones, sus resistencias. Finalmente, la granadina Paloma Ruiz Román hace un repaso a las páginas de Internet que aparecen en los buscadores cuando se pone la palabra 'lesbianas', y reflexiona sobre el uso mezquino que el heterosexismo hace de la pornografía para representar lo que ellos creen que debería ser el sexo entre mujeres.

Un grupo de «viciosas»

Ruiz, profesora de la Universidad de Granada. se muestra crítica con determinada pornografía destinada a las lesbianas, especialmente «a través de determinados discursos, que reafirman la construcción política de la mujer y de la heterosexualidad como principio organizador de las relaciones sociales en un sistema de supremacía masculina».

La especialista insiste en que todavía este colectivo es visto «muchas veces como un grupo de viciosas a las que les gusta probar cosas diferentes, pero que terminarán volviendo al redil de los hombres». El manual erótico del lesbianismo «es una guía orientativa para amantes creativas, que demuestra que el lesbianismo siempre ha existido, pero que el hombre lo ha tergiversado».

El libro se completa con la sección escrita por Angie Simonis y Elina Norandi, quienes se han encargado de recoger la presencia de las lesbianas en la literatura y el arte.

http://www.ideal.es/granada/20090201/sociedad/mujeres-analizan-mujeres-20090201.html


31/1/2009 AL GRANO // ENTREVISTA CON RAQUEL PLATERO, PSICÓLOGA E INVESTIGADORA

Raquel Platero. Foto: DAVID CASTRO

SONIA GARCÍA GARCÍA
BARCELONA

PRESENTACIÓN DE ‘LESBIANAS. DISCURSOS Y REPRESENTACIONES’
Casal Lambda. Verdaguer i Callís, 10. A las 19.00 horas.

Los 12 autores de Lesbianas. Discursos y representaciones (Editorial Melusina, 2008 revisan en el libro la historia reciente del lesbianismo en España. La obra la presenta hoy la coordinadora del equipo, Raquel Platero, en el Casal Lambda.

–¿Qué dicen y qué se dice de las lesbianas?
–Las relaciones lésbicas siempre han existido, pero consideradas como “un pecado tan sucio que ni siquiera se debía nombrar”. El libro es una recuperación de la memoria histórica y una cartografía de la experiencia de las lesbianas en el contexto español.

–¿Hay diferencia entre lesbianismo y homosexualidad?
–Ser lesbiana es un no lugar. A las lesbianas, como a los gais, se las ha estigmatizado pero, además, se las ha querido ignorar y se ha banalizado su forma de sexualidad. El silencio también es discriminación.

–¿Por qué se ha negado la homosexualidad femenina?
–Existe un temor a la masculinización de la mujer. De alguna manera, el lesbianismo puede hacer tambalear el orden de sexo y de género. Quizá por eso, la lesbofobia tiene un peso más grande que la homofobia.

–¿Hablamos de un tercer sexo?
–No. Estamos viviendo unos tiempos de cambio y la homosexualidad plantea otras opciones de vida.

–¿Qué suponía ser lesbiana durante el franquismo?
–Se las consideraba “enfermas” y se las enviaba a clínicas psiquiátricas donde se les aplicaba electrochoques. Se han encontrado solo dos expedientes contra mujeres que actuaban y vestían como hombres, pero seguro que hubo muchos más.

–La Iglesia, ¿qué papel jugó?
–Las lesbianas atentaban contra la familia y la sumisión de la mujer al hombre. Se enfrentaban dos culturas: la que restringe y oprime y la la de libre elección sexual.

–Y en la actualidad.
–En España estamos viviendo situaciones simultáneas. Hay apertura, aunque no es igual el entorno rural que el urbano. En internet se las trata como objetos, para ilustrar las páginas de pornografía dedicadas a los hombres. Y todavía se utilizan adjetivos peyorativos, como bollera, invertida o tortillera.

–Sigue la discriminación…
–A las mujeres lesbianas les cuesta asumir su identidad sexual, temen el rechazo y ser excluidas de la familia, a perder a sus hijos, porque muchas han estado casadas antes. En cuanto se declaran lesbianas, dejan de verlas como personas, como madres: las estigmatizan.

–¿Qué hace falta?
–Aceptación mutua, normalización y reconocer a las parejas de hecho compuestas por mujeres.

El Periódico de Catalunya