6 abr. 2009

La cárcel que llevamos dentro

El patio de mi cárcel, de Belén Macías, ha sido la última película que me ha conmovido hasta las vísceras.
El patio de mi cárcel es una historia de mujeres. Mujeres presas, excluidas.
Es la historia de Isa, una atracadora, ácida y generosa, incapaz de adaptarse a la vida fuera de la cárcel. Y de su grupo de amigas: Dolores, una gitana rubia que ha matado al marido; Rosa, una frágil y tierna prostituta; Ajo, una chica enamorada de Pilar que vivirá su amor hasta el límite de lo soportable; Luisa, una cándida colombiana sorprendida por un entorno que no comprende…
La llegada de Mar, una funcionaria de prisiones que no se adapta a las normas de la institución, supondrá para esas mujeres el inicio de un vuelo hacia la libertad. Con la ayuda de Adela, la directora de la prisión, crearán Módulo 4, el grupo de teatro que las llenará de fuerza para encarar el “mal bajío” con el que llegaron al mundo. "Ha sido un proceso de casi dos años desde el inicio, cuando decidí contar esta historia inspirada en las presas que formaron el grupo de teatro Yeses", cuenta su directora (http://www.elpatiodemicarcel.com/).
Allá por los años ochenta, cuando veíamos películas del Torete y del Vaquilla, donde se retrataba la vida de los delincuentes y su estancia en la cárcel, yo me preguntaba (como suelo preguntarme bastante a menudo) "¿Y donde están las mujeres?". ¿Por qué no aparecían en el cine las mujeres que atracaban, las mujeres que tenían la cárcel como su segundo hogar? ¿Dónde estaban reflejadas sus vivencias? Ha habido que esperar a 2008 para que se haga una película sobre ellas. Belén Macías apostó por un tema un tanto trillado, el de la epidemia de las drogas en los ochenta y sus consecuencias para la juventud, pero ha conseguido una película entrañable, donde sus protagonistas son mujeres de carne y hueso y no estereotipos. Y eso es lo que te gana de la película, que no hay nada forzado, a pesar de l0 difícil que puede ser retratar el ambiente de una cárcel, que se conoce de segunda mano, es difícil meterse en la piel de alguien cuya vida ha sido siempre entrar y salir de prisión, funcionar a ritmo de recuentos y abrir y cerrar de candados, "hacer el amor con tu novia en la misma cama que las demás, hablar con tu familia a gritos", como cuenta Isa, "como si eso fuera lo normal".La película está rodada en la cárcel de Yeserías, aquellas viejas paredes que encierran tantas historias, tantas voces que el tiempo ha callado, tantos fantasmas de mujeres como Isa que se dejaron entre esos muros la juventud, la salud, las ilusiones... la libertad.
Por fin alguien les ha hecho un homenaje a todas esas heroínas del fracaso.
No hay un final de color de rosa, sería incongruente e inapropiado, el final es el real para muchas de aquellas mujeres. Pero en la vida real sí ha habido otras mujeres, como yo, que salieron verdaderamente en libertad, que destruyeron la cárcel que llevaban dentro (la verdadera, la que te destruye) y que, a pesar de su nueva vida, no han podido olvidar todo aquello y se preguntan muchas noches "¿qué habrá sido de las demás?".


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