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7 dic 2009

Ellas y nosotras: nuestro nuevo libro...

Ellas y nosotras - Estudios lesbianos sobre literatura escrita en castellano
Ellas y nosotras - Estudios lesbianos sobre literatura escrita en castellano
Elina Norandi (coord.)
ISBN: 978-84-92813-09-4
Editorial: Egales
Fecha de edición: Nov 09
Páginas: 202
Materias:Ensayo
20,00 €

La idea de realizar este libro nace vinculada a la constatación de que existe un número considerable de profesoras y críticas literarias que están trabajando sobre la representación cultural de la existencia lesbiana y que, sin embargo, aún no han visto publicado su magnífico trabajo más allá de revistas especializadas o actas congresuales.

Este volumen se centra en la literatura escrita en castellano, porque sobre literatura lesbiana anglosajona, por ejemplo, se ha escrito muchísimo; de hecho, la mayoría de las referencias teóricas con las que trabajan las investigadoras de nuestro país, proceden de ese ámbito. Y esta falta de análisis críticos se detecta tanto en España como en los países latinoamericanos.

Las autoras seleccionadas para ser estudiadas son, en su mayoría, autoras sobre las que aún no se han publicado textos interpretativos, bien porque todavía no han sido suficientemente estudiadas, bien porque aún no son muy conocidas. El hecho de que se escriban y publiquen ensayos críticos sobre autoras emergentes o poco conocidas contribuye a difundir y a cualificar la literatura que habla de las relaciones lesbianas, así como a estimular la propia creación literaria.

Con respecto a las autoras de los ensayos, son todas prestigiosas investigadoras, la mayoría profesoras de diferentes universidades, especialistas en literatura castellana y en estudios culturales y de género.

(En este volumen encontraréis mi artículo: "Retratos en sepia: las imágenes literarias de las lesbianas a principios del siglo XX".)

27 ago 2009

Un bello artículo sobre la Diosa




LA CULTURA MATRÍSTICA Y EL CAMINO DE LA DIOSA


“…el problema con los patriarcas, no es que ellos sean hombres,

sino que imponen una sociedad de dominio y sumisión

en lugar de una relación igualitaria”

Vicky Noble.

Las mujeres que elegimos seguir el camino lo la Diosa, lo hacemos cómo un medio de sanarnos a nosotras mismas, y poder compartir esa sanación, ofreciendo herramientas a todas las mujeres que sienten la llamada para que se conecten con su verdad y puedan sentir las amorosas energías del principio femenino.

Hay una herida en el útero y en el corazón de la mujer que pide ser sanada, es una herida antigua, hecha a base de vivir en una sociedad que no entiende y en ocasiones denigra nuestro papel y funciones características. Es verdad que la libertad de ser y actuar proviene del interior, pero cuando esa fuerza al salir, encuentra obstáculos en lugar de cauce, cuando no tenemos el espacio y la plataforma para expresar libremente nuestra verdad esencial que parte del hecho de vivir en un cuerpo de mujer, nos tachan de radicales, nos volvemos sumisas o nos aliamos con el patriarcado funcionando bajo sus leyes sin cuestionar si son acordes con nuestras necesidades. No existen solo esas opciones, aunque a grandes rasgos es lo que normalmente ocurre.

Las que elegimos rebelarnos ( no en contra del Padre sino a favor de la Madre, hablando en términos simbólicos), seguimos normalmente este proceso, primero empezamos a vislumbrar la falacia y falocracia que nos tiene “contra la pared”, y cuando cobramos suficiente conciencia de ello, (acompañado muchas veces de cierta rabia y frustración), cuando nos damos cuenta que todo está estructurado bajo los preceptos de la Espada ( y no del Cáliz), el siguiente paso es crear realidades, espacios psíquicos y físicos, (grandes o pequeños, de corta o larga duración) donde prevalece la manera femenina de hacer las cosas, donde por el simple hecho de ser mujeres entre mujeres, (hermanas y no rivales) nos estamos sanando.

Esto es difícil de entender para la mayoría de los hombres y para no pocas mujeres, es algo que cuando experimentas reconoces, y estamos hablando de algo que debe ser EXPERIMENTADO, e identificado, (en mayor o menor medida). No se puede explicar con palabras, aunque lo intentemos, y no se puede entender si no se vive.

Muchos hombres se sienten amenazados con esta “separación” o “rechazo” (como ellos dicen), incluso se sienten ofendidos con esos espacios propios solo para mujeres. No estamos pidiendo permiso para ello, tampoco aprobación, necesitamos vivir la energía de esos espacios, sanarnos con ella y recrear nuestra propia Tradición y Realidad. Si los hombres lo entienden o no, es algo a lo que no aspiramos cuando hacemos un Círculo de mujeres, no nos ponemos por encima de nadie al hacerlo y no pretendemos ofender a nadie. Solo estamos intentando restaurar un equilibrio perdido.

A lo mejor no es la mejor manera (estamos probando), a lo mejor es solo un paso (eso lo veremos), lo que si estamos haciendo es dar posibilidad a una realidad que nos renueva y reconforta.

Podemos llamarlo Diosa, Principio Femenino Manifiesto, Energía femenina…o no llamarlo de ninguna manera.

Hablar de si la Diosa esta dentro o fuera, es un tema que ancestralmente ha preocupado a toda la humanidad, ¿en realidad puede estar separado? Yo no lo creo.

Vamos en busca de nuestra Diosa interior, porque sabemos que recorrernos a nosotras mismas es recorrer la Divinidad, y que conocer y reconectar con los ciclos de la Madre Tierra, es comprender nuestros propios ritmos vitales.

Elegimos llamarla Diosa, porque afirmamos ese aspecto de la divinidad. No negamos que en el mundo haya un principio masculino, pero recorremos este camino, como un medio de restaurar el equilibrio. Como un medio de sanar todas las heridas inflingidas al género femenino, como un medio de reconectar con nuestro poder nunca perdido, pero trasladado al fondo de la psique. Buscamos crear una sociedad basada en los principios de “La Madre”, porque no podemos concebir la vida separada de la espiritualidad, ella en si misma es espiritual, y porque creemos que la divinidad nos ama como a sus hijos y así debería reflejarse en nuestras relaciones, (familiares, comunitarias, nacionales e internacionales.)

Las mujeres madres o no, encarnan normalmente esta forma de actuar. Encarnar estos principios con tu hijo biológico es relativamente fácil, todo tu cuerpo y hormonas te predisponen para ello. Ese instinto de protección, de entrega, de generosidad, es fácil que se despierte cuando tienes un ser que es tu hijo, a tu cargo. Y aún así, vivimos en una sociedad que no lo facilita en absoluto.

Creo que el desafío que nos manda la Diosa en su cualidad de Madre, no es solo parir y criar con respeto y comprensión a nuestros hijos, (aunque esto sea vital, imprescindible) sino inspirarnos de ese amor incondicional para ampliarlo a la forma en la que configuramos nuestras relaciones.

No significa convertirnos en abnegadas cuidadoras de todos los que nos rodean, no significa desconectarnos de nuestras propias necesidades, significa elegir de entre todas las opciones posibles, la más empática y amorosa para todos.

Esta para mi es la verdadera JUSTICIA.

¿Os imagináis una madre que prefiera a alguno de sus hijos? ¿Os imagináis a una madre que quiera la facilidad, la riqueza, la felicidad para unos y la pobreza, desdicha y dificultad para otros?

Soñamos un mundo en el que todos somos iguales y únicos. En el que todos somos igual de importantes. Valiosos, valiosísimos para la gran madre…¿cómo iba la madre a preferir?

Más allá; ¿OS IMAGINAIS UN MUNDO EN PAZ? Parece imposible, impensable, inconcebible.

Bien, ese mundo existió. Existió en un momento histórico, que no enseñan en los colegias ni universidades.

Allí hemos aprendido toda una serie de personajes y acontecimientos, que parecen odas a la violencia, la conquista, la competitividad, el poder y la masacre. Si se enseña todo eso, debería hacerse con la advertencia expresa a los niños, de hechos a no emular. Y deberían enseñarse aún más, los tiempos de la Cultura de la Diosa, donde durante miles de años reinó la paz, como una sociedad a emular.

¿Creéis que la Divinidad castiga, juzga, condena, exige represión del deseo sexual, quiere que veneremos el sufrimiento de Cristo, que paramos con dolor o que vayamos al infierno sea lo que sea eso?

Nosotras, más bien creemos que la Diosa prefiere nutrirnos, que celebremos la dicha de estar vivos, que veamos la muerte como un regreso a su útero, que disfrutemos del sexo, que hagamos arte en su honor, que paramos a nuestros hijos con un sentido sagrado y que sepamos entresacar la sabiduría de nuestra existencia.

Dicen que Adán y Eva sintieron vergüenza de sus cuerpos desnudos cuando perdieron la inocencia. Yo siento vergüenza de que hayamos creado un mundo de dominación y sumisión, a través de una imagen de un Dios que condena esto y no condena actos atroces cometidos hacia las mujeres, desde que Dios es hombre y tiene su trono en el cielo.

Soñamos un mundo de solidaridad tribal, de hermandad, donde la disposición circular prevalezca sobre la piramidal, donde se respete y facilite la función de La Madre, como un momento sagrado que constituye la semilla del futuro de la humanidad, soñamos un mundo de colaboración y no de competitividad, soñamos y creemos en la igualdad. Soñamos un mundo en Paz.

SOFÍA GUTIÉRREZ.

sofia@sosten-te.com
Fuente:
http://sostenmujeresecologiaybienestar.com/general/la-cultura-matristica-y-el-camino-de-la-diosa.html/comment-page-1#comment-4

7 ago 2009

Ya está en la calle Yo no soy ésa


Al fin.
Ha pasado tanto tiempo que ya ni siento nada.
¿Debería saltar de alegría? ¿Llamar a todo el mundo? ¿Gritarlo en el mercado o en la orilla del mar?
De momento, no se me ocurre nada más que colgar este post.
Al fin mi libro está en la calle y espero que le sea útil a alguna investigadora del lesbianismo o del feminismo, o a alguna lesbiana que le guste la literatura o la cultura, o alguna hetero o bi o trans que también. Incluso que les guste a los hombres que lo lean.
Sólo diré que hay mucho trabajo en sus páginas, muchas horas, mucho tesón y mucha testarudez; y mucha, muchísima ilusión.
Y el testimonio de unas cuantas escritoras que se atrevieron a escribir sobre el amor entre mujeres: Colombine, Ángeles Vicente, Elisabeth Mulder, Ana María Martínez Sagi, Montserrat Roig, Esther Tusquets, Carmen Martín Gaite, Marina Mayoral, Rosa Montero, Cristina Peri Rossi, Irene González Frei, Lucía Etxebarría, Isabel Franc, Asia Lillo, Susana Guzner, María Felicitas Jaime, Libertad Morán... Ellas son mi único aval. Y también, ¡cómo no!, algunos hombres.
Mejor leéis el libro, pero de todas formas, os transcribo la contraportada:
En este trabajo se hace un estudio de la evolución de las imágenes estereotipadas que han atestiguado literariamente la existencia lesbiana en la España del siglo XX, con épocas de mayores libertades y presencia de lesbianas que salieron a la luz como feministas, y etapas en que las lesbianas se convirtieron en un ser tabú, un fantasma social que existía de forma invisible y que sólo podía nombrarse en términos de enfermedad y degeneración.
Angie Simonis
Yo no soy ésa que tú te imaginas. El lesbianismo en la narrativa española del siglo XX a través de sus estereotipos.
Colección Lilith Joven. Centro de Estudios sobre la Mujer. Universidad de Alicante. 2009.

3 jun 2009

El harén Mernissi y el nuestro de la talla 38


El Harén en Occidente, de Fatema Mernissi, es un libro absolutamente imprescindible, sobre todo para aquellas personas que se han dejado llevar por la visión simplista de que las mujeres han conquistado la igualdad en Occidente mientras siguen oprimidas en el mundo árabe. Se trata de un libro serio pero ameno que la Premio Príncipe de Asturias de las Letras empezó a escribir a raíz de un episodio que le perturbó. En su primera rueda de prensa en Europa para presentar otro libro, le asombró que cada vez que mencionaba que se había criado en un harén, el público masculino se riera o sonrojara. Se quedó tan perpleja que empezó a investigar cómo era el harén en el imaginario occidental masculino: una suerte de paraíso en el que un montón de mujeres desnudas y cautivas aguardan pasivas para satisfacer al hombre.

Ese hallazgo le llevó a profundizar en el estudio de las fantasías masculinas en Occidente y alucinó con el ideal de chica guapa pero tonta. Para que una mujer sea una sex symbol no es necesario que sea lista, e incluso resulta contraproducente. En el mundo árabe, en cambio, la seducción se basa en la palabra y, por tanto, resulta inconcebible sentirse atraido por una mujer tonta. El sexo se considera ante todo una forma de comunicación. Las mujeres del harén cultivan su intelecto para ganar puntos ante el hombre. Nada más excitante para un hombre que perder al ajedrez con una mujer o disfrutar de su dominio de la oratoria en una reunión de alto nivel.

Uno de los símbolos de la cultura árabe es Sherezade, la protagonista de Las mil y una noches, que logra romper con la negra costumbre del rey de asesinar a sus esposas en la noche de bodas contándole cada noche un cuento que deja a medias. A Sherezade no le salva ser guapa o buena en la cama, sino su inteligencia, ingenio y la vasta cultura que le permite conocer tantas historias y contarlas con gracia. Mernissi lamenta la imagen simplificada de Sherezade (a lo barbie árabe) que ha llegado a Occidente, y que las traducciones de Las mil y una noches dediquen más espacio a cuestiones como la estética que a los ricos debates sobre el equilibrio y la convivencia entre lo masculino y femenino que desarrolla.

La autora analiza las representaciones artísticas de harenes en Europa (Matisse, Ingres, Picasso...), y las compara con las miniaturas persas en las que las mujeres aparecen como intrépidas aventureras, y critica el contraste que supone que durante la Ilustración, cuando se hablaba de libertad e igualdad, Kant (el filósofo occidental por excelencia) profiriera opiniones tan bestias como que la mujer debe disimular su inteligencia para no resultar fea. Otro ejemplo que me encanta: "[Las mujeres mayores] nunca me dijeron que un príncipe me haría feliz. Me decían que yo misma podría crear la felicidad si me esforzaba lo suficiente, y que podría hacer feliz a mi príncipe si me gustaba lo suficiente".

Y vosotras, ¿qué tipo de princesa preferís ser?
Sin embargo, el capítulo clave y más celebre es el último: "El harén de las mujeres occidentales es la talla 38". Una Mernissi confusa y abrumada por sus hallazgos, consigue dar forma a todo lo descubierto cuando acude a comprarse una falda a una tienda neoyorquina y la dependienta le informa de que no encontrará talla para ella (la 46, calcula) a menos que acuda a una tienda de tallas especiales. Se siente humillada e impelida a debatir sobre la cuestión con la dependienta, una mujer de unos cincuenta años, que confiesa que mantiene una figura delgada a cambio de ser esclava de la dieta. Si engorda, probablemente pierda el trabajo o le releguen a un puesto inferior. En Marruecos las tallas no existen puesto que las faldas se hacen a medida y las caderas anchas de Mernissi son uno de sus principales atractivos.

"Sí, pensé, acababa de encontrar la respuesta a mi enigma. A diferencia del hombre musulmán, que establece su dominación por medio del uso del espacio (excluyendo a la mujer de la arena pública), el occidental manipula el tiempo y la luz. Este último afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años. (...) Fijar esa imagen de niña en la iconografía como ideal de belleza condena a la mujer madura a la invisibilidad". Mernissi concluye que esas actitudes son "más peligrosas y taimadas que las musulmanas", porque "el tiempo es menos visible, más fluido que el espacio".

A partir de ahí, encuentra las respuestas que le faltan en Naomi Wolf y Pierre Bordieu. Wolf detalla que hace una generación las modelos pesaban un 8% menos que la media femenina, mientras que hoy la diferencia es de un 23%. Afirma que la reducción de la talla ideal es una de las causas de la anorexia. "El sometimiento a regímenes alimenticios es el sedante político más potente de la historia de las mujeres: una población silenciosamente trastornada es una población muy fácil de manejar", abunda Wolf. La preocupación por el peso provoca "un colapso virtual de la autoestima" y la restricción calórica conduce a una personalidad caracterizada por "pasividad, ansiedad y cambios emocionales bruscos". Los desórdenes alimentarios generan neurosis y la sensación de pérdida del control. Quienes nos controlan son todas esas industrias dirigidas por hombres: la moda, la cosmética, la cirugía estética, la industria alimentaria y la pornografía.

Bourdieu explica en "La dominación masculina" que "la violencia simbólica es una forma de ejercer el poder, que repercute directamente sobre el cuerpo de la otra persona, como por arte de magia, sin constricciones físicas aparentes". No se trata de una imposición externa sino que nosotras mismas, sintiéndonos liberadas e iguales a los hombres, nos calzamos los tacones de aguja, nos inyectamos botox, hacemos la dieta de la alcachofa y seguimos sexualizadas y reducidas a objetos de deseo. Dice Bordieu: "Al confinar a las mujeres al estatus de objetos simbólicos que siempre serán mirados y percibidos por el otro, la dominación masculina las coloca en un estado de inseguridad constante. Tienen que luchar sin cesar por resultar atractivas, bellas y siempre disponibles".

El final del libro es brillante. Tras dar gracias a Alá por haberla ahorrado la tiranía de la talla 38, Mernissi se pregunta: "¿Es posible organizar una manifestación política creíble y salir a las calles a protestar y gritar que se nos han pisoteado los derechos humanos porque no es posible encontrar la falda que una busca?"
JUNE FERNANDES

Fuente: http://circulosdemujeres.blogspot.com/2009/04/la-tirania-de-la-talla-38.html

2 mar 2009

La construcción de la lesbiana perversa, de Beatriz Gimeno


Una vez más, lo ha conseguido: Beatriz me ha enganchado con uno de sus últimos libros, La construcción de la lesbiana perversa (Gedisa, 2008).
Da lo mismo que sea con un relato corto (Primeras Caricias, 2002), que con una enternecedora novela (Su cuerpo era su gozo, 2005), que con un tocho de ensayo de 356 páginas (Historia y análisis político del lesbianismo, 2005); ella siempre me engancha a que me lea el libro hasta la última página con fruición y curiosidad ilimitada.
Y eso que yo había decidido no leer más lesbianismo por el momento, después de la saturación de los cuatro años de DEA . Y eso que el caso de Dolores Vazquez ya no me picaba la curiosidad. Y eso que lo empecé porque Beatriz me regaló sus dos últimos libros y me sentía un poco obligada, que no motivada. Y eso que, además, lo leía en el tranvía, trayecto La Vila-Alicante, porque tengo el coche en el taller. Y eso que, en fin..., que me lo leí del tirón y me quedé sin resuello y con ganas de más, como me pasaba con las novelas del XIX.
Todo el caso en torno a Rocío Wanninkhof y Dolores Vazquez, que nos tenía ya un poco saturadas a las lesbianas militantes desde que empezó el gran circo mediático de su juicio, condena y postcondena, de pronto cobró para mí un inusitado interés. Beatriz hace un análisis serio y comedido de las noticias aparecidas en tres de los periódicos más leídos en España, cada uno de una ideología diferente (El País, El Mundo, ABC), para ir desgranando su acertada teoría sobre las construcciones sociales lesbofóbicas en nuestra venerada sociedad de la desinformación, construcciones y desconstrucciones de las que no nos libramos ninguna por mucho matrimonio homosexual que haya y mucho día del orgullo dedicado a las lesbianas...
Una lesbofobia densa y tenaz que pasa, sin embargo, la mayor parte de las veces desapercibida, incluso para las propias lesbianas; no digamos ya para la sociedad en general.
Las construcciones y reconstrucciones estereotípicas que los medios de comunicación difunden y engordan a voluntad no son una cuestión baladí: pueden causar la ruina de por vida de personas, colectivos e incluso naciones. Conducen a la discriminación, al ostracismo, a la (re)criminación y al castigo por crímenes imaginarios o imaginados. Todo eso lo sabemos, al menos superficialmente. Es de agradecer que alguien de vez en cuando, como ha hecho Beatriz, no sólo te lo recuerde, sino que te lo demuestre.
Para que no se nos olvide que mientras seamos lesbianas en un país machista, corremos siempre el riesgo de ser expuestas en la picota por cualquier otro motivo como excusa. Pero la raíz será siempre la misma: que somos lesbianas, mujeres independientes del amor de un hombre, cuerpos femeninos con sabor a amenaza, mentes desleales a la civilización patriarcal, hembras de una pieza que no van buscando medias naranjas o medias manzanas o medios pepinos.
Para que no se nos olvide que somos un peligro para su hegemonía y que, como suelen hacer los hombres ante el peligro, primero disparan y después preguntan, no vaya a ser que les contesten algo que no quieren oir.
Y para que no se nos olvide que habitar los armarios (tanto los nuestros como los que nos imponen) puede ser un primer paso para encerrarnos en herméticas celdas, tanto reales como simbólicas, y que tiren la llave donde nunca pueda ser encontrada.
En fin, un libro que no puede faltar en una biblioteca lésbica o feminista y que deberían poner como obligatorio en alguna asignatura de periodismo para saber a conciencia lo que es jugar con la intimidad y la dignidad de las personas de a pie.
Beatriz Gimeno, La construcción de la lesbiana perversa. Visibilidad y representación de las lesbianas en los medios de comunicación. El caso Dolores Vázquez - Wanninkhof, Gedisa, 2008.

15 feb 2009

El origen de San Valentín


Aquí tenéis un interesante artículo de Sandra Román sobre el origen de nuestra cristiana y consumista fiesta de los enamorados. Para que veáis que no hay nada nuevo bajo el sol..., ni bajo la luna. Unas civilizaciones se alimentan de otras o las plagian directamente, como hicieron los romanos con los griegos y como hicieron los cristianos con todas las anteriores (los mayores plagiadores de la historia).

LA DIOSA JUNO FEBRUATA Y EL DÍA DE SAN VALENTÍN

Por Sandra Román ©

En la antigua Italia, el mes de Febrero estaba consagrado a la Diosa Juno Februata o Juno Februa. Su fiesta era celebrada el 14 de Febrero. Ella era la Diosa de la "fiebre" de amor tanto como de las mujeres y el matrimonio. En su fiesta, los hombres solteros participaban de una especie de “lotería” tomando pequeños billetes de papel puestos en un recipiente. En esos pequeños papeles estaban escritos los nombres de las mujeres solteras de la comunidad. La pareja formaba una relación temporaria durante los juegos eróticos que tenían lugar durante el festival y luego permanecían como pareja durante los siguientes 12 meses. Muchas veces estas prácticas derivaban en matrimonios que perduraban en el tiempo.

En tiempos paganos, esta celebración era conocida como “Lupercalia”. Esta palabra deriva de “Lupa” (la Diosa Loba que comúnmente encontramos en las representaciones artísticas de Rómulo y Remo[1], fundadores míticos de Roma). En los templos erigidos en honor a Lupa, servían sacerdotisas que eran llamadas “Reinas” o también “Lupae[2]”. Ellas actuaban como meretrices sagradas y los ritos celebrados en la Gruta de la Loba, aseguraban la fertilidad de los campos durante todo el año.

Luego de que el emperador Constantino decretara el nacimiento “oficial” de la religión católica y la impusiera a todo el territorio del imperio Romano, la iglesia se encargó de re-nombrar este festival como "Fiesta de la Purificación de la Virgen María". De este modo, el papa Gelasio I, en el año 494, intentó conmemorar el momento en que María fuera “purificada” en el Templo, luego del nacimiento de Cristo. Parece ser que ante la visión de los patriarcas de la iglesia, todos los actos de amor eran impuros, no solo los de carácter sexual, sino también el milagro maravilloso de dar a luz una nueva vida. Curiosamente, el apelativo “Februa”, “Februlis”, “Februta” o Februalis” se refieren a la Diosa Juno en su aspecto de “Purificadora”, en un sentido diametralmente opuesto al dado posteriormente por el culto cristiano.

La fecha fue nuevamente cambiada por la iglesia al 2 de Febrero, y su nombre fue reemplazado por la “Fiesta de la Candelaria”. En el mundo celta, esta fecha está consagrada a la Diosa Brigit o Brighid, cristianizada luego como “Santa Brígida”. Sus animales sagrados son el cisne y el lobo. Su festival, Imbolc, está relacionado con el regreso de la luz: es decir, el tiempo en que los días comienzan a hacerse visiblemente más largos, luego de atravesar por la oscuridad del invierno.

El regreso de la luz tiene, asimismo, relación con los ritos sexuales sagrados celebrados en la fiesta del 14 de febrero, los cuales eran llamados “ritos de matrimonio espiritual con ángeles en la cámara nupcial”. Una fórmula que se acostumbraba a recitar en ellos decía lo siguiente: “Permite a la semilla de luz, descender dentro de la cámara de la novia (…) la Gracia desciende a través de ella”.

En el año 496, el papa Gelasio instituyó el día de San Valentín para poner fin a aquellas “lascivas costumbres salvajes”. Como muchos otros santos que reemplazaron a los antiguos dioses paganos, San Valentín cuenta con múltiples versiones de su biografía y todas ellas son confusas y contradictorias. Los hombres de la iglesia trataron de reemplazar los antiguos billetes por otros que contenían sermones morales y nombres de santos. Pero la gente rápidamente los transformó en mensajes de amor. De esta manera, San Valentín fue convertido en el “patrono de los enamorados”, mientras los antiguos rituales fueron conservados y mantenidos en secreto, pese a todos los esfuerzos realizados por la iglesia para cambiarlos.

Otra fecha pagana en la que se celebra el matrimonio sagrado es el 1 de Mayo, en la fiesta que se conoce como “Beltane” en el calendario celta. Esta festividad celebra a Rhiannon, la Yegua Blanca y a Bloddeuwed, la lechuza de cara blanca. Ambas son conocidas como la “Reina de Mayo” y la antigua costumbre de elegir reinas de belleza y hacerlas pasear en procesión por los campos y las calles tienen su origen en esta antigua celebración de la Fertilidad.

“Todos los ritos de Amor y de Placer son Mis Rituales”, dice la Diosa en una invocación popular. Y en tiempos en que eran celebrados, no solo se buscaba asegurar la abundancia de los frutos de la tierra, que habrían de alimentar a las antiguas comunidades durante todo un año. También se aseguraba la convivencia en armonía y en paz, respetándose mutuamente todas las personas. La sexualidad era considerada sagrada y natural, por lo tanto no había motivos para perversiones de ninguna clase. Las violaciones y los abusos son producto de la represión del mismo modo que la magia negra nació como un modo de reacción a la opresión de los pueblos “civilizados” sobre los más inocentes y desprotegidos.

En este amanecer de los nuevos tiempos, la Diosa del Amor vuelve a descender sobre la Tierra. Permitamos que Su Divina Gracia nos sane y nos transforme.

FUENTES CONSULTADAS:

ü “Invocación de la Diosa”, texto popular en versión de Doreen Valiente.

ü “Los Rostros de la Diosa”, Sandra Román. Editorial Kier. Buenos Aires, 2004.

ü “Priestess of Avalon”, Marion Zimmer Bradley. Voyager. HarperCollins. Londres, 2001.

ü “The Woman´s Enciclopedia of Myths and Secrets”, Barbara Walker. HarperCollins. San Francisco, 1983.

ü Wikipedia: www.wikipedia.org



[1] Barbara Walker indica que los mellizos a quienes se atribuyó la fundación de Roma eran hijos de Rhea Silvia, Diosa de la Naturaleza, lo cuales fueron amamantados por Lupa, la Diosa Loba venerada por los etruscos. “Remo fue asesinado por su hermano celoso, en un mito que emplaza el fratricidio en el comienzo del patriarcado, del mismo modo que el mito de Caín y Abel emplaza el fratricidio en el comienzo del patriarcado hebreo”. Según el mito, los seguidores de Rómulo eran hombres que no tenían derecho a tener propiedad sobre la tierra, ya que esta pertenecía a las mujeres y solo era heredada por la descendencia matrilineal. El único modo de acceder a la tierra era a través del matrimonio. Rómulo habría sido una invención patriarcal basada en el nombre de un antiguo clan femenino etrusco denominado “Romulia”, quienes fueron los auténticos fundadores de Roma.

[2] De allí deriva la palabra “lupanar”.

2 feb 2009

Lesbianas. Discursos y representaciones (III)


Más cositas sobre nuestro libro:

Mujeres analizan a mujeres

Un libro rompe tópicos sobre la visión de las lesbianas en España

01.02.09 -

JUAN LUIS TAPIA

| GRANADA

¿Quiénes son las lesbianas, qué tienen que decir las lesbianas de sí mismas, qué se ha dicho de ellas en nuestro país, desde el franquismo hasta ahora?, ¿por qué hay tantas mujeres que se acuestan con mujeres que no se consideran lesbianas? ¿Están a gusto las lesbianas dentro de los movimientos feministas, en las que se les mira como bichos raros, acusadas de reproducir los roles que tanto odian las feministas heterosexuales? ¿Están a gusto las lesbianas en los colectivos gays, en los que la misoginia campa a sus anchas? ¿Dónde están a gusto las lesbianas?

A estas y otras muchas cuestiones, que parecían ya superadas en estos tiempos de matrimonios homosexuales, responde el libro 'Lesbianas. Discursos y representaciones' (Editorial Melusina), que ha coordinado la especialista Raquel Platero, y que se presentó ayer en Barcelona. El título reúne una serie de ensayos que tratan de dilucidar cuál es la situación actual, por qué sigue existiendo el problema de la invisibilidad, o si es cierto que la diferente estrategia seguida por la homofobia hacia los gays y las lesbianas -la persecución y el insulto en el primer caso y la negación de la existencia en el segundo- ha resultado, a la larga, perjudicial para ellas.

En el franquismo

Raquel Platero destaca que en este libro se rompen algunas falsas creencias sobre el lesbianismo en España, «porque nuestra historia no se había contado en los libros». Uno de los descubrimientos de esta especie de estudio colectivo se refiere a que «durante el pasado franquista las mujeres han tenido relaciones con mujeres, pero mantenían otras formas de encuentros donde usaban un lenguaje en clave». La especialista rompe también el tópico de la 'invisibilidad' de las lesbianas en el pasado, «porque estaban presentes en la sociedad, en los años treinta, y no es tal esa invisibilidad en tanto que incluso se llegaron a inventar insultos y se hablaba de ellas».

En este libro también participa Empar Pineda, quien cuenta su pequeña historia de los colectivos de lesbianas. José Ignacio Pichardo, único varón que participa en este libro, introduce en el apasionante tema de la dificultad de un grupo apreciable de mujeres que se acuestan con mujeres para autodefinirse como lesbianas.

Pilar Villalba analiza los discursos sobre el lesbianismo desde una perspectiva de género. Matilde Albarracín relata cinco apasionantes historias de mujeres lesbianas que han vivido el franquismo en la ciudad de Barcelona: sus códigos secretos, sus puntos de encuentro, sus felicidades y sus frustraciones, sus resistencias. Finalmente, la granadina Paloma Ruiz Román hace un repaso a las páginas de Internet que aparecen en los buscadores cuando se pone la palabra 'lesbianas', y reflexiona sobre el uso mezquino que el heterosexismo hace de la pornografía para representar lo que ellos creen que debería ser el sexo entre mujeres.

Un grupo de «viciosas»

Ruiz, profesora de la Universidad de Granada. se muestra crítica con determinada pornografía destinada a las lesbianas, especialmente «a través de determinados discursos, que reafirman la construcción política de la mujer y de la heterosexualidad como principio organizador de las relaciones sociales en un sistema de supremacía masculina».

La especialista insiste en que todavía este colectivo es visto «muchas veces como un grupo de viciosas a las que les gusta probar cosas diferentes, pero que terminarán volviendo al redil de los hombres». El manual erótico del lesbianismo «es una guía orientativa para amantes creativas, que demuestra que el lesbianismo siempre ha existido, pero que el hombre lo ha tergiversado».

El libro se completa con la sección escrita por Angie Simonis y Elina Norandi, quienes se han encargado de recoger la presencia de las lesbianas en la literatura y el arte.

http://www.ideal.es/granada/20090201/sociedad/mujeres-analizan-mujeres-20090201.html


31/1/2009 AL GRANO // ENTREVISTA CON RAQUEL PLATERO, PSICÓLOGA E INVESTIGADORA

Raquel Platero. Foto: DAVID CASTRO

SONIA GARCÍA GARCÍA
BARCELONA

PRESENTACIÓN DE ‘LESBIANAS. DISCURSOS Y REPRESENTACIONES’
Casal Lambda. Verdaguer i Callís, 10. A las 19.00 horas.

Los 12 autores de Lesbianas. Discursos y representaciones (Editorial Melusina, 2008 revisan en el libro la historia reciente del lesbianismo en España. La obra la presenta hoy la coordinadora del equipo, Raquel Platero, en el Casal Lambda.

–¿Qué dicen y qué se dice de las lesbianas?
–Las relaciones lésbicas siempre han existido, pero consideradas como “un pecado tan sucio que ni siquiera se debía nombrar”. El libro es una recuperación de la memoria histórica y una cartografía de la experiencia de las lesbianas en el contexto español.

–¿Hay diferencia entre lesbianismo y homosexualidad?
–Ser lesbiana es un no lugar. A las lesbianas, como a los gais, se las ha estigmatizado pero, además, se las ha querido ignorar y se ha banalizado su forma de sexualidad. El silencio también es discriminación.

–¿Por qué se ha negado la homosexualidad femenina?
–Existe un temor a la masculinización de la mujer. De alguna manera, el lesbianismo puede hacer tambalear el orden de sexo y de género. Quizá por eso, la lesbofobia tiene un peso más grande que la homofobia.

–¿Hablamos de un tercer sexo?
–No. Estamos viviendo unos tiempos de cambio y la homosexualidad plantea otras opciones de vida.

–¿Qué suponía ser lesbiana durante el franquismo?
–Se las consideraba “enfermas” y se las enviaba a clínicas psiquiátricas donde se les aplicaba electrochoques. Se han encontrado solo dos expedientes contra mujeres que actuaban y vestían como hombres, pero seguro que hubo muchos más.

–La Iglesia, ¿qué papel jugó?
–Las lesbianas atentaban contra la familia y la sumisión de la mujer al hombre. Se enfrentaban dos culturas: la que restringe y oprime y la la de libre elección sexual.

–Y en la actualidad.
–En España estamos viviendo situaciones simultáneas. Hay apertura, aunque no es igual el entorno rural que el urbano. En internet se las trata como objetos, para ilustrar las páginas de pornografía dedicadas a los hombres. Y todavía se utilizan adjetivos peyorativos, como bollera, invertida o tortillera.

–Sigue la discriminación…
–A las mujeres lesbianas les cuesta asumir su identidad sexual, temen el rechazo y ser excluidas de la familia, a perder a sus hijos, porque muchas han estado casadas antes. En cuanto se declaran lesbianas, dejan de verlas como personas, como madres: las estigmatizan.

–¿Qué hace falta?
–Aceptación mutua, normalización y reconocer a las parejas de hecho compuestas por mujeres.

El Periódico de Catalunya

1 feb 2008

Lesbiana, ¿palabra maldita? (II)




La lesbiana como Sujeto histórico.

Resulta complicado definir un sujeto histórico cuando éste ni siquiera se define correctamente en la lexicografía. Calero advierte que en los diccionarios más utilizados (DRAE, DUE, DEA, CLAVE, DSLE, DIPELE)[1], los términos con los que se designa la homosexualidad y la heterosexualidad, a los homosexuales y a las lesbianas son voces especialmente susceptibles de ser objeto de censura, dada su estrecha relación con el tabú lingüístico (Calero 2002:52). Según la autora, la ideología que subyace en ellos es la óptica del español católico o la perspectiva del varón de buenas costumbres, donde se encuentra lo moralmente sancionado, por lo que lexicógrafos y lexicógrafas tienden a dejarse llevar por sus opiniones acerca de comportamientos distintos a los heterosexuales.

Para Moliner lo que está fuera de la heterosexualidad es una depravación; para los académicos, la homosexualidad es una inclinación, como el afrancesamiento, el catalanismo o el clericalismo, por ende, algo sujeto a la voluntad y a la preferencia, cosa que en absoluto dicen (y piensan) de la heterosexualidad, que parece ser para ellos el único comportamiento natural (Calero 2002:58).

El lesbianismo se lleva, una vez más, la peor parte. En primer lugar, por la asimetría numérica en los vocablos: 47 entradas para el varón homosexual, sólo 4 para la mujer homosexual[2]. Este desequilibrio designativo “es un reflejo del desequilibrio social que existe entre ambos colectivos y, en última instancia, es resultado de la desigualdad entre mujeres y varones en nuestra comunidad hablante” (Calero 2002:81). No deja de recordarnos que “pertenecemos a una cultura androcéntrica, que no deja espacio a las mujeres y ningunea sus experiencias, sensaciones, sentimientos, inclinaciones, etc.” por lo que “el resultado final es no solo que apenas existe verbalmente la sexualidad femenina, sino que el lesbianismo –que no preocupa a una sociedad que vive bajo una mirada heterosexual masculina- está casi ausente del léxico”. En todos los diccionarios que analiza encuentra mecanismos ocultadores, bien sea por utilizar remisiones, bien por la inespecificidad de lo que describen[3].

Más allá de la simple definición del diccionario, está la propia etimología de la palabra lesbianismo y sus más usuales sinónimos cultos como safismo o tribadismo, que nos remiten a la cultura griega y, por lo tanto, a la occidental. De ello que se deriva que los tímidos intentos por historiar las manifestaciones lesbianas se circunscriben a la cultura occidental y una vez más, se cae en la normativización de nuestra cultura y se obvian y marginan otras manifestaciones culturales (Martin 1994:342).[4]

Ahondando un poco más en la legitimidad de la palabra lesbiana, si ésta se define sólo en base a sus preferencias sexuales ¿es la mujer lesbiana entonces merecedora de una investigación histórica seria o merece una atención limitada, como curiosidad sociológica o antropológica, del mismo modo que merecerían esta atención los hábitos sexuales de un grupo de población en determinado período histórico?

Para Cottingham (2000:3) no hay duda de que “el término preferencia sexual impide de forma deliberada una comprensión global de lo que son las lesbianas y el lesbianismo al relegar nuestra historia y nuestros cuerpos al limitado espacio de la relación sexual”. Ya que la relación sexual lesbiana va más allá de un contacto físico, siendo un acto trasgresor de la heterosexualidad impuesta políticamente, ser lesbiana no deja de ser revolución, lo cual nos lleva al planteamiento del lesbianismo como lucha política, una revisión relativamente reciente del concepto de la relación lesbiana como algo más allá de la esfera privada de la sexualidad, llegada desde Estados Unidos y que tiene como punto de partida el histórico artículo de Adrianne Rich de 1980, que “constituye la formulación por excelencia de cierta concepción de la relación entre la sexualidad y la política que postula explícitamente que el lesbianismo es una cuestión de identificación genérico sexual” (Martin 1994:348). El lesbianismo militante de finales del siglo XX es el que lo dota de carga política y de sentido de pertenencia a un grupo que sigue un programa beneficioso para el feminismo.

La lesbiana debe definirse, en mi opinión, no sólo como la mujer que practica relaciones sexuales o mantiene vínculos afectivos eróticos con otras mujeres, sino que además se autodefine como tal y defiende su postura frente a otras definiciones.

Insisto también en que, para la construcción de un sujeto lesbiano hay que revisar la noción de una identidad fija puesto que, según Mary Nash:

[…] existen otras formas de identificación cultural que no reflejan una sola identidad y experiencia vividas, sino la construcción y reconstrucción constante de identidades individuales y colectivas en función de las transformaciones inducidas por el contexto, los cambios, el ejercicio del poder cultural y las agencias subjetivas de las personas (Nash, 100).

Al haber cuestionado desde los estudios de género la noción de una categoría de mujer homogénea, poniendo de relieve la pluralidad de este colectivo y constatando las diferencias de clase, raza, edad, ubicación territorial, formación cultural y preferencia sexual, se allana el camino a la hora de definir el sujeto lesbiano (a la vez que lo complica por lo extremadamente complejo de su diversidad) y permite no caer en presupuestos universalistas acerca de la experiencia de mujeres que aman a otras mujeres[5].

Durante mucho tiempo no fue necesario “decir” a la lesbiana, un tiempo no acorde con la palabra pecado, del que nos quedan vagas referencias e imágenes fragmentadas como las de un mosaico de Gaudí. Con el advenimiento del patriarcado y de la fe monoteísta se empezaron a crear los términos oscuros para designar a las “evas” y “lilits” transgresoras. Luz Sanfeliu nos propone un recorrido histórico “por la autobiografía de la identidad” lesbiana en base a una serie de imágenes. En esta primera imagen

[…] lo primero que encontraríamos sería muchas páginas en blanco, o tal vez, algunos grabados deteriorados y fragmentarios con nombres equívocos al pie. Las denominaciones de hetairas, viragos, pecadoras contra natura, tríbadas, atienden a una terminología múltiple que en el pasado no acababa de concretarse de una forma precisa (Sanfeliu 2007:28).

De esta indefinición, ausente de documentación, nos vamos al XIX, al período donde se concibe el lesbianismo como enfermedad y se medicaliza

Estampa oscura y represiva en este álbum de recuerdos que muestra como una heterosexualidad única y compacta se definió como el patrón de normalidad, natural por naturaleza, en contraposición a una homosexualidad también única y compacta, pero antinatural y reducida a los límites de la desviación (Sanfeliu:30).

Y he aquí que a este ser recién nacido para la ciencia y para el mundo, se decidió llamarle “lesbiana”, alguien oriunda de la isla de Lesbos. ¿Por qué?

El uso de la palabra "lesbiana" para nombrarnos es una clara evasión. Un sofisticado eufemismo. Para nombrarnos, hay que referirse a la isla de Lesbos, que a su vez es una referencia indirecta a la poeta Safo (que, dicen, allá vivía), lo cual, a su vez, es otra referencia indirecta a los fragmentos de su poesía que han sobrevivido a algunos milenios de patriarcado; lo cual, a su vez, (si no se han perdido todavía) es una prevención profiláctica de la mención directa de la clase de criatura que escribió tales poemas o a quién se los dedicó... calculando que una conoce el contenido de dichos poemas, escritos en un dialecto del griego, hace más de 2,500 años, en una pequeña isla, ubicada en el oscuro Mar Egeo. Ésta es una asombrosa proeza de silencio[6].

Con “tribadita” y“safista” tenemos el mismo caso (aunque el Oxford introduce una distorsión en safista “persona adicta a las relaciones antinaturales entre mujeres"). El resto de designaciones, al menos en los diccionarios españoles, son despectivas: tortillera, bollera y marimacho. Pero esto no se debe a que no existan más términos que designan a la lesbiana. Es curioso que la parquedad de términos se halle en los diccionarios que recogen la lengua estándar (es decir, la lengua del poder), mientras que en la lengua coloquial y marginal se pueden encontrar multitud de términos, algo que se debe más bien a la tendencia a ignorar a la lesbiana.

La lesbiana tiene la capacidad de ver a las mujeres, una amenaza para la falocracia. Cuando se demuestra esta sospecha, es rápidamente borrada de la realidad porque sólo los varones tienen la prerrogativa de concebir a la mujer como objeto. Pero la lesbiana no sólo las ve, sino que se identifica con ellas, las siente y las comprende, las ama, son su propio espejo, sujeto a su lado en lugar de objeto, y tal simbiosis es peligrosa para las estructuras jerárquicas del poder masculino.

El principio del Verbo (y al mismo tiempo del silenciamiento) para el lesbianismo occidental es, sin duda, Safo. La poeta griega no tiene únicamente el mérito de iniciar la tradición lesbiana, sino que, más universalmente, es la primera autora que establece el repertorio de los síntomas amorosos en la lírica, con la peculiaridad de hacerlo desde un sujeto femenino a otro. Es la primera vez que se canta el deseo y el cuerpo de la mujer por el puro placer que provoca, sin mencionar sus funciones reproductoras. Los autores líricos posteriores más inmediatos (Cátulo, Horacio, Lucrecia, Plutarco, etc.) se apropian de su modelo y hacen con él una “operación de transformismo literaria” que convierten al yo femenino en un yo masculino (Benegas 2000:85-90). Simultáneamente a esta impostación, empieza un proceso de difamación y descalificación que, según Benegas se ramifica en tres versiones:

- La seductora madura que corrompe jovencitas en lugares cerrados y sólo para mujeres (internados, conventos, prisiones…)

- La musa sin cuerpo, es decir, sin deseo, que deriva del platonismo. La calidad literaria de Safo es tal que no puede pertenecer a una mujer terrena, debe seguir siendo pues, una construcción ficcional.

- La mujer trasgresora que recibe un castigo ejemplar por seguir sus deseos y que además se atreve a consignarlo por escrito, por lo que el único destino posible es la muerte (de ahí el prestigio del suicidio en las escritoras posteriores que consuelan su imposibilidad de erigirse en “clásicos” literarios convirtiéndose a sí en mitos trágicos). Sirve de advertencia para el resto de las mujeres y marcará profundamente la literatura de las escritoras lesbianas hasta la modernidad, las que atreviéndose al fin a asumir y practicar su lesbianismo no pueden sino acabar trágicamente la peripecia de sus heroínas con suicidios, muertes violentas, prisión o, como mínimo,



dramáticas separaciones de la mujer que aman (Benegas 88-89)[7].

La lesbiana fue dicha a través de la Historia siempre en términos negativos, despectivos, insultantes. De enferma mental y depravada a víctima de la falta de compasión de la sociedad. La imagen de la lesbiana del XIX no tiene otra forma para expresar su diferencia que adoptar la estética y el comportamiento masculinos, elección que la separa aún más de lo establecido. Surgen los discursos sobre la sexualidad y sus connotaciones políticas, surgen también los binarismos reduccionistas y excluyentes en los que la lesbiana siempre se encuentra en el lugar más desfavorecido: hombre/mujer, heterosexual/homosexual, homosexual/lesbiana. La lengua es construida por el hombre y su poder está en sus manos.

Pero a principios del siglo XX, la mujer ya ha conquistado parcelas del lenguaje como la escritura y ha nacido un nuevo discurso, el de las mujeres, que facilitará un poco la expresión de la identidad lesbiana. Es la tercera imagen de Luz Sanfeliu:

[…] a finales del siglo XIX, el reconocimiento del lesbianismo como categoría cultural había dotado a las experiencias homoeróticas femeninas de claves sociales de interpretación. Es decir, se había conformado un nuevo modelo de identidad y estaban más o menos establecidos y consensuados los rasgos que caracterizaban el “ser” lesbiana. A partir de este “modelo” algunas lesbianas comenzaron a decir públicamente quiénes eran dando a las vivencias de su sexualidad, supuestamente desviada, unos nuevos contenidos (Sanfeliu 2007:30-31).

No sólo eso, sino que nace por primera vez el intento de creación del discurso lesbiano por las propias lesbianas en el París de la Rive Gauche, donde las intelectuales más destacadas del modernismo aprovechan el experimentalismo del movimiento para explorar nuevas formas de decir su realidad. Los objetivos del discurso de estas autoras han perdurado hasta hoy, aunque en su tiempo no fueran valorados e incluso se criticara y arrinconara su producción literaria (naturalmente por la crítica masculina).

Es el nacimiento del orgullo lésbico, encarnado en la poderosa figura de Natalie Barney, que creó un nuevo Lesbos en la orilla izquierda del Sena.




[1] DRAE: Diccionario de la Real Academia Española, DUE: Diccionario del Uso del Español de María Moliner, DEA: Diccionario del Español Actual, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, DSLE: Diccionario Salamanca de la Lengua Española, DIPELE: Vox-Diccionario para la Enseñanza de la Lengua Española.

[2] Lesbiana, bollera, marimacho y tortillera, tres de ellos despectivos. Lesbiana, que proviene de Lesbos, la isla donde Safo cantó el amor entre mujeres; tortillera, que procede de la tradición femenina de elaborar las tortillas, más en América Latina que en España; marimacho: despectivo que designa a las lesbianas o mujeres hombrunas; bollera, de boyera, palabra que en masculino designa al zagal que pastorea los bueyes, un oficio reservado a los hombres, por lo que en femenino designa a una zagala que no actúa de acuerdo a las labores propias de su género. Curiosamente, en la zona caribeña, donde no se usa apenas este término, “bollo” significa vulva por su aspecto abultado y goloso (Fernández Rasines 2002:5-7). Más recientemente, Fernández Rasines vuelve a reflexionar sobre el tema en el artículo «Homoerotismo y la búsqueda del reconocimiento» (Simonis 2007:41-51).

[3] El CLAVE y el DSLE omiten que se refiera a relaciones sexuales o amorosas, así que, si acudimos a ellos, “alguien podría interpretar que es lesbiana toda mujer que se sienta fascinada o atraída por alguna cualidad (física, psíquica o moral) que posea otra mujer”(Calero 2002:85). La definición más curiosa e inexacta es la de DIPELE: “Mujer que se siente atraída sexualmente por otras mujeres; mujer que tiene movimientos y actitudes que se consideran propios de los hombres”. Aunque sí recoge la realidad de la relación sexual, equipara lesbiana a mujer varonil u hombruna (machorra o marimacho, como se dice vulgarmente), por lo que descarta de la definición a todas las lesbianas de aspecto andrógino o femenino. “Individualizadas las seis obras lexicográficas revisadas, el DRAE-1992 y el DUE incluyen valoraciones subjetivas e ideas obsoletas sobre la homosexualidad y los homosexuales, y parecen desconocer la existencia de las lesbianas”(Calero 2002:88), de lo cual concluye Calero que la posición de la lesbiana en el léxico español es un ente mal definido y casi invisible. Es mucho más práctico recurrir a los diccionarios específicos de la sexualidad, que, exentos de prejuicios, suelen ser más honestos y mayormente más objetivos y, por supuesto, resulta imprescindible acudir a los especializados (aunque sumamente escasos) en la cultura homosexual, como el ya citado de Mira, si realmente se quiere conocer la realidad de la cultura gay o lésbica; obras, que naturalmente, consulta una minoría y que no son significativos para la educación y la formación de la sociedad en términos de influencia. Aunque no escapan tampoco del empeño universalizador del concepto, como el de Claudio Alarco Von Perfall (1988:329), que categoriza el lesbianismo como una entidad fija, que sienten y viven todas las lesbianas por igual “La lesbiana vive su disposición de una manera menos tensa y conflictiva que el varón homosexual; sus relaciones amorosas son siempre más estables y persistentes” y no puede evitar buscar causas que lo expliquen o justifiquen, como si de una desviación se tratara “odio al padre o al hermano y como consecuencia, a todos los hombres; educación puritana; trauma producido por una violación en la infancia; miedo a tener hijos; rebeldía contra la discriminación de las mujeres en nuestra sociedad, etc.

[4] Ya nos previene de lo que puede suponer el olvido de otras categorías a la hora de definir los textos lesbianos (autobiográficos en su caso) Biddy Martin: […] los escritos de Moraga, Anzaldúa y otras participan en el intento de prestar atención a las complejas intersecciones de raza, género sexual y orientación sexual, intentos que de modo directo e indirecto se oponen a la presuposición de que no hay diferencias en el seno del “yo lesbiano” y de que autoras, sujetos autobiográficos, lectoras y críticas lesbianas pueden ser agrupadas y marginalizadas como idénticas entre ellas e independientes de cuestiones de raza, clase, sexualidad y etnia.

[5] Parafraseando a Nash (2002:99), donde he cambiado la palabra mujer por lesbiana.

[6] Félix Rodríguez ha recogido más de 70 términos relacionados con el lesbianismo que circulan entre los hablantes (Diccionario gay/lésbico, en prensa, Madrid, Gredos).

[7] Obsérvese cómo coincide la visión de Benegas con la mía del estereotipo lesbiano que desarrollo más adelante.

Fragmento del Trabajo de Investigación Yo no soy esa que tú te imaginas. El lesbianismo en la narrativa española del siglo XX a través de sus estereotipos. Angie Simonis, Universidad de Alicante, 2007.

14 nov 2007

Homenaje a las mujeres desaparecidas de Juárez


TERESA RODRÍGUEZ ENCUENTRA EN LA LITERATURA UNA FORMA DE DENUNCIAR LA VIOLENCIA

Por SOL CARRERAS, EFE

Periodista de origen cubano Teresa Rodríguez considera la literatura una vía para denunciar la violencia de Latinoamérica, como en su libro "Las hijas de Juárez", en el que investiga los asesinatos de mujeres cometidos en esta ciudad mexicana.

Rodríguez participará en un panel sobre la violencia en Latinoamérica este domingo en la Feria Internacional del Libro de Miami junto a la colombiana Virginia Vallejo, su compatriota Evelio Rosero y el peruano Daniel Alarcón.

La periodista analizará la violencia contra las mujeres mexicanas por medio de su libro "Las hijas de Juárez", en el que investiga los asesinatos cometidos en esta ciudad mexicana desde 1993, que ya han dejado más de 400 muertos y mil desaparecidos.

"Mi libro es una denuncia para crear conciencia y que la gente fuera de México se entere de que estas atrocidades se están cometiendo en una ciudad que queda a cinco minutos de la frontera", dijo Rodríguez en una entrevista a Efe.

La periodista, ganadora de once premios Emmy, se interesó por la tragedia de Ciudad Juárez cuando empezó a analizarla en el programa "Aquí y ahora", que presenta en la cadena de televisión Univisión.

El impacto que le produjo conocer estas historias le animó a escribir un libro que, a diferencia de los reportajes para la televisión, fuera un testimonio para la posteridad acerca de estos crímenes.

"Es el deber de un periodista y de un autor cuando se usa el periodismo como justicia social, como en este caso", aseguró.

Al igual que hay libros destinados a educar o entretener, la periodista considera que la función de "Las hijas de Juárez" es "provocar, exigir cambios, crear conciencia y, si Dios quiere, algún día alcanzar justicia".

Según la autora, muchos mexicanos se trasladaron a Juárez en busca de un mejor porvenir tras la firma del Tratado de libre comercio entre México, EE.UU. y Canadá a principios de los noventa, que potenció el establecimiento de fábricas en la frontera que buscaban una mano de obra barata.

Sin embargo, poco después empezaron a aparecer los primeros cadáveres en el desierto, casi siempre correspondientes a mujeres delgadas, bajas, de cabello largo, ojos almendrados y labios gruesos.

"Había un patrón definido de cómo las mataban y mutilaban sus cuerpos", dijo Rodríguez, que añadió que usualmente las desnudaban, arrancaban a mordiscos el pezón izquierdo y dejaban los zapatos y la ropa de la víctima doblada a un lado del cadáver.

La periodista se lamentó de la falta de información e interés respecto a este caso y lo atribuyó al hecho de que las víctimas sean jóvenes hispanas pobres, ya que "cuando desaparece una joven rubia de ojos claros lo ves en todo momento en los medios".

"No puede ser que haya tantas mujeres que nadie vio, escuchó ni sepa nada", comentó la periodista, que señaló que este silencio forma parte de la idiosincrasia de América Latina, donde las propias mujeres no reportan estos crímenes por miedo a las persecuciones.

Rodríguez confía en el papel de la literatura como una forma de denunciar la violencia y de movilizar para que se haga justicia.

"Le pido al lector que si siente la impunidad, la frustración y la injusticia que sienten las familias de estas víctimas, que le escriban cartas al presidente de México Felipe Calderón, que en su campaña presidencial prometió que iba a esclarecer estos casos", apuntó.

http://www.vida-nueva.com/news.php?nid=2359&pag=1

Teresa Rodríguez investiga en México
Presenta su libro 'Las hijas de Juárez'

Rafael Cores, Univision Online

Desde 1993 hasta la fecha más de 400 mujeres han sido asesinadas en la fronteriza Ciudad Juárez, México, a pocos minutos de El Paso, Texas. Muchas fueron violadas y mutiladas antes de su muerte. Algunas eran niñas de 9 o 10 años.

Este crimen masivo, que sigue sin resolverse después de 14 años -los cadáveres de mujeres continúan apareciendo en el desierto- motivaron a Teresa Rodríguez a escribir Las Hijas de Juárez, su primer libro, un relato con el que pretende “poner un rostro, un nombre a las víctimas”.

Especial: El enigma de Juárez

"Un costal de huesos"

Ciudad Juárez ha sufrido un cambio radical en la última década. Desde la entrada en vigor del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Norteamérica) en 1994, la ciudad se inundó de maquiladoras que ofrecían trabajo a miles de mujeres jóvenes, mano de obra barata y eficiente a pocos metros de la frontera de Estados Unidos. Atraídas por la oportunidad, mujeres de todo el país comenzaron a llegar. Poco después empezaron a sucederse los asesinatos.

Cuando Rodríguez comenzó a cubrir la noticia en 1998 para Univision, donde presenta el programa Aquí y Ahora, había ya unas 200 muertas sin que nadie hubiera pagado por los crímenes. Algunas familias simplemente recibían “un costal de huesos” y les decían “esa es su hija”.

Los asesinos, impunes

La periodista, sorprendida y frustrada, no creía posible la situación de impunidad ante los asesinatos: “Mientras más morían, supongo que los asesinos dirían: ´Bueno, si no pasa nada, vamos a seguir matando´”.

La situación le molestó y le preocupó “como periodista y como madre”, imaginando “el dolor tan grande que supone perder un hijo de una forma tan violenta, y no saber el porqué”.

Poderosos implicados

Cada vez que regresaba a Juárez, Rodríguez veía cómo las personas que investigaban el caso lo abandonaban. Algunos eran despedidos, otros renunciaban por amenazas, e incluso algunos fueron asesinados.

Los crímenes seguían sin resolverse y surgían diferentes teorías, como que los culpables eran traficantes de drogas, de órganos, asesinos en serie que a su vez eran copiados por otros criminales, estadounidenses adinerados de El Paso... incluso policías de Juárez estaban entre los sospechosos. Pero la realidad es que sólo algunos chivos expiatorios fueron procesados, obligados a confesar crímenes que no habían cometido, según Rodríguez, mientras los verdaderos asesinos siguen en libertad.

“Aquí hay personas muy poderosas, con mucho dinero, que si no son cómplices de los asesinatos, están encubriendo a los responsables”, asegura la periodista.

Las autoridades no colaboran

“Los muertos hablan, los muertos dejan algún tipo de seña”, le dijo la doctora forense a Rodríguez mientras le explicaba las muertes de algunas de las víctimas. “Entonces, ¿cómo es posible que hoy, con los adelantos, con la ciencia forense que hay, no se sepa nada del agresor y se sabe tanto de la víctima?”, se pregunta.

Rodríguez denuncia la falta de colaboración de las autoridades, sobre todo en los primeros años. Cuando ya había un amplio historial de mujeres muertas, la policía mandaba de vuelta a sus casas a los padres que denunciaban la desaparición de su hija diciéndoles: “Regresen en 72 horas, seguro la chica está con un novio”.

Ahora, en cambio, la movilización se produce a las 24 horas de la desaparición y existe un sistema de alerta a través de los medios de comunicación para avisar a la población. Todo gracias a la publicidad de la prensa, según Rodríguez, que cree que la concienciación de la gente es fundamental para minimizar el número de víctimas y quizá algún día resolver, de una vez por todas, el caso.

El machismo y la corrupción

Ciudad Juárez es un lugar violento de por sí, algo típico de las poblaciones fronterizas. Además, fue el centro del cártel de Juárez, uno de los más activos en el tráfico de drogas entre México y Estados Unidos.

Rodríguez argumenta también que otro de los factores implicados en el enigma de los asesinatos de Juárez es la sociedad machista a la que llegaron familias cuyas hijas comenzaron a trabajar en las maquiladoras, a ganar un sueldo, lo que creó un resentimiento en la población.

La periodista menciona además la corrupción de la policía y autoridades como otro de los factores fundamentales para que no haya podido resolverse el misterio.

Rodríguez explica cómo uno de los abogados implicados en el caso –y que más tarde sería asesinado sin que hubiera sospechosos- le confesó que México era un “gran violador de los Derechos Humanos”.

También relata el caso de otro abogado, de una conocida familia de Juárez, que fue abatido por la policía judicial “por error” cuando lo confundieron con un narcotraficante.

Las mujeres viven con miedo

Hoy las mujeres de Ciudad Juárez viven con miedo, asegura Rodríguez. Algunas hermanas de las víctimas le confesaron que no saben si los pasos que dan cada día, una vez salen de sus casas, van a ser los últimos. Pero “la vida sigue” y tienen que continuar saliendo, trabajando, estudiando, mientras saben que los asesinos continúan en la ciudad.

“Todas las víctimas tienen algo en común: son pobres. Las familias no tienen los recursos económicos para llevar a cabo una investigación o para poder exigir respuestas”, asegura Rodríguez.

Quizá por ello esta experimentada periodista de televisión hizo caso a su amiga Diana Montané y se decidieron a escribir Las Hijas de Juárez, con la colaboración de la escritora Lisa Pulitzer. Con este libro pretende aportar su granito de arena a la concienciación de la opinión pública ante esta ola de asesinatos. Y no duda en pedir a sus lectores que “escriban cartas al presidente de México y al gobernador del Estado de Chihuahua exigiendo que haya una investigación clara”.

“Es hora de que esto acabe”, afirma Rodríguez.

Las Hijas de Juárez sale a la venta el 27 de marzo, en inglés. La versión en español estará en las librerías el próximo junio, pero ya se puede reservar en los sitios web de Amazon y Simonsays.


Video de la entrevista a la autora:

http://www.univision.com/content/video.jhtml?cid=1127531

http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=3&schid=160&secid=3117&cid=1125400&pagenum=4

Existe una web donde se puede encontrar información desde las propias afectadas e incluso fotografías de las desaparecidas:

"Nuestras hijas de regreso a casa"

http://www.mujeresdejuarez.org/