31 ago. 2007

una lesbiana luchadora más

Me acabo de enterar de que Carmen Conde era lesbiana.
Ya se sospechaba, pero siempre es grata la confirmación apoyada por la investigación.

El girar de los cuchillos
Por Anna Caballé.


Hubo un momento en que la única mujer presente en las antologías de poesía era la prolífica escritora y académica Carmen CondePor el camino, viendo sus orillas), tan crípticas que apenas puede seguirse el hilo de su trayectoria vital, me mantenían alejada de ella, a pesar del interés que siento por la literatura femenina y las dificultades que ha conocido en nuestra hostil esfera de intereses intelectuales. Sin embargo, la lectura de la biografía de José Luis Ferris (Carmen Conde. Vida, pasión y verso de una escritora olvidada) me ha despertado un nuevo interés por ella.
(Cartagena, 1907-Madrid, 1996). Hasta el punto de que algunos hispanistas llegaron a pensar que debía tratarse de la única mujer que escribía poesía en castellano en la Península. Admito que nunca fue una poeta de mi devoción: demasiadas referencias al catolicismo, una prosa suntuosa, que abusa de las epifanías, y unas memorias enigmáticas, escritas en tercera persona (

Complejo código

No diría que Carmen Conde es una escritora olvidada, como afirma el subtítulo del libro, pero sí muy distanciada estéticamente de la sensibilidad poética contemporánea. Por ello mismo resulta una biografía necesaria, pues rescata la memoria de una mujer que, al parecer, apenas tuvo otra opción que mantener, literariamente, un complejo código de escritura, tanto por razones políticas como personales. Todo estaba escrito en ella, es posible, pero un lector común carecía hasta ahora de la llave que le abriera el doble fondo de sus imágenes, haciéndola verdaderamente humana. Bien, la llave maestra no es otra que la homosexualidad de la escritora.

La palabra no se dice nunca, en las 600 páginas de texto, hasta el extremo de que siento un temor reverencial al escribirla, pero las pruebas son tan elocuentes que me avergonzaría de mí misma si la ocultara bajo la alfombra de la retórica. Bastante sufrimos ya con la empleada por los políticos. Ferris, conocido ya por sus biografías de Miguel Hernández y Maruja Mallo, a propuesta del Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver establecido en Cartagena, ha consultado el robusto archivo personal de ambos escritores y ha reconstruido fielmente la larga vida de Carmen Conde, desde su azarosa infancia, que la lleva con sus padres a Melilla en busca de un resarcimiento económico, hasta su muerte. Una vida, no exenta de riesgos, que destaca por la energía con que luchó siempre por alcanzar un merecido reconocimiento literario: escribiendo cartas, presentándose a los poetas e intelectuales de más valía, enviando sus libros y artículos a tutti quanti, pero también compaginando su fortísima vocación con otras inquietudes, como la puesta en marcha de una Universidad Popular en su ciudad natal, o bien su lucha por la mejora de las condiciones pedagógicas en las escuelas murcianas y su inequívoco apoyo a la República.

Chantaje emocional

Sin embargo, en un sentido más personal, la existencia de la escritora estuvo muy condicionada por la imposibilidad de vivir plenamente su relación sentimental con Amanda Junquera Butler, debiendo plegarla a los temibles condicionantes de la época y al continuo chantaje emocional ejercido por su marido, el también poeta Antonio Oliver Belmás, unido poderosamente a Carmela Conde. Amanda, casada asimismo con el catedrático Cayetano Alcázar, fue su gran amor, a pesar de la aparente estabilidad de su relación conyugal (que las cartas y los diarios exhumados desmienten). En algunos poemas, leídos a la nueva luz que arroja la biografía, Carmen Conde hace casi explícito su sufrimiento: «Guardaré mi voz en un pozo de lumbre / y será crepúsculo toda la vida. /Me girarán más leves los cuchillos/ porque no encontrarán donde herirme.» De hecho su poesía amorosa, de una fuerte sensualidad mediterránea, evita -como la de Cernuda o la de Gil de Biedma- referencias de género (en este caso masculinas), desdibujándose voluntariamente el deseo en la naturaleza o siendo naturaleza misma.

Ahora, esta fogosa poesía, que tanto detestaba Antonio Oliver por razones obvias, adquiere una nueva y valiosa dimensión moral. «Tú eres el país de donde yo no me iría nunca» escribía a Amanda, en 1938, decidida a cortar amarras con su familia asumiendo las exigencias del nuevo sentimiento recién descubierto Pero esa felicidad que, en el ánimo de la escritora, llenaba tantas cámaras vacías, debió conciliarse a partir de 1939 con un mundo de rígidas convenciones. Y en él la escritora no pudo ser libre, pero lo intentó.


http://sexualidad.wordpress.com/2007/08/27/carmen-conde/#more-1019

Pronto me dedicaré a actualizar esta página mía, tan olvidada estos días. Estoy en plena redacción de mi DEA y no tengo tiempo para nada más.
Besos

6 comentarios:

Marta Uma Blanco dijo...

Estupenda esta entrada, Angie. Es increible cómo una obra nos puede parecer encriptada hasta que , como tú dices, alguien nos ofrece la llave. A mí me dieron la llave de La voz a ti debida, de Salinas, que no entendía bien, cuando salio a la luz la existencia de una correspondencia inédita con la profesora estadounidense Katherine Withmore. Los versos que has citado de Conde me parecen muy hermosos, tanto que correré a buscarlos. Me encantan los post semillas. Como éste, que ha plantado en mí una semillita que se convertirá en tierno brote cuando tenga el libro de Carmen en mis manos.
Un abrazo
Marta Uma Blanco

Marta Uma Blanco dijo...

Angie, he encontrado un blog muy interesante que me ha gustado mucho y que apuesta porque las mujeres sigamos pisando fuerte. Además, recoge poemas de nuestra querida Giocanda Belli.
Un abrazo
Marta U.

Perséfone dijo...

¿cuál es la dirección?

Marta Uma Blanco dijo...

Ay, anda que...

http://sandritapaoguardandovoces.blogspot.com/

Un abrazo
Marta U.

Perséfone dijo...

la página de sandrita es fenomenal...

Terenet dijo...

Quiero contaros que Carmen Conde tiene un hueco en la exposición que, sobre la Guerra Civil, alberga un espacio muy singular de la ciudad de Cartagena. Se trata de un refugio auténtico y el testimonio resulta impresionante. No os lo perdáis si venís por Murcia.