1 sept. 2007

Más cosas sobre Carmen Conde

Haciendo una búsqueda sobre la noticia de ayer, me he encontrado con la desagradable sorpresa, una vez más, del empeño de invisibilizar el lesbianismo. Cuando salió la noticia de la biografía de Ferris se hicieron eco la mayoría de los medios de comunicación importantes (además lo presentó el el mítico Café Gijón), pero en casi ninguno se mencionaba el bombazo de su verdadera orientación sexual. Tuve que recurrir como siempre, a El País y a Información, que parecen ser los únicos sin pelos en la lengua.
Una frasecita me hizo mucha gracia, por el sumun de la ambigüedad fingida que quiere decirlo pero le da miedo por si suena impropio:"obligada a mantener oculto en lo más profundo del armario de su alma los afectos más intensos y verdaderos de su vida". ¡Qué primor!
Como si fuera una vergüenza que fuera lesbiana. Bueno, también te enteras por otros cauces, que anduvo líada con la Ernestina de Champourcín, que algo de eso me había olido yo cuando leí hace años a la Ernestina y que el marido le hacía la vida imposible por su "desvío".
En fin, ya tenemos alguien más de quien sentirnos orgullosas. Nada menos que la primera mujer que se sentó en la RAE... y era lesbiana.
Aquí os dejo los artículos que he encontrado más interesantes, uno de ellos de mi apreciado profesor de la uni de Alicante, Prieto de Paula, que es uno de los que no tiene pelos en la lengua y que además dice las cosas muy bien.

Dios y el Mar


Carmen Conde, la primera mujer

Ángel L. Prieto de Paula

11/08/2007

A cien años de su nacimiento y once de su muerte, sorprende que una vida tan fecunda como la de Carmen Conde, autora de un centenar largo de libros de poesía, relatos, teatro, memorias y literatura infantil, haya quedado reducida a una anécdota: la de haber sido la primera mujer en ingresar en la Real Academia Española. Propuesta como candidata en 1978, las cortesías y visiteo habituales se acompañaban en aquella ocasión de inevitables interpretaciones políticas. Que tocaba mujer era claro: aún producía rubor el rechazo de los académicos a María Moliner en 1972, váyase a saber si por mujer o por no ser filóloga de escalafón. De la terna de candidatas, sólo dos contaban con posibilidades reales, en un dilema que Carmen Conde resumió en sus anotaciones el jueves de la elección: "Los académicos entre Rosa Chacel y yo. Exilio voluntario, y 40 años de aguante con dignidad y valor y obra". Era época de transición y de transacciones, y su caso, como el del Nobel a su vecino de Velintonia (y arrendador) Vicente Aleixandre, representaba una suerte de compromiso entre la resistencia interior al franquismo y la vinculación con la cultura de la República.

Carmen había nacido el 15 de

agosto de 1907 en Cartagena, ciudad en que vivió sus primeros años y a la que regresó en 1920, tras un dorado paréntesis melillense. Allí se hizo un hueco en la prensa, e inició estudios de Magisterio. Pronto conectó epistolarmente con los escritores madrileños, y en especial con su admirado Juan Ramón Jiménez. En 1927 conoció a su paisano el poeta Antonio Oliver Belmás, cuya relación como novios y luego como esposos fue discontinua y destemplada. Durante ese tiempo cruzó apasionadas cartas con Ernestina de Champourcin, con la que terminaría encontrándose en el feminista Lyceum Club de Madrid. El trato con Ernestina, que alguna vez había instado a Carmen a abandonar a Antonio y fugarse juntas, hizo tambalear los pilares de su formación católica. La relación se enfrió coincidiendo con el noviazgo de Ernestina y el poeta Domenchina, secretario de Azaña. Arrinconado en Cartagena, desde donde percibía escandalizado el deslumbramiento madrileño de Carmen, Oliver le escribe: "Estoy harto de tu amiga Ernestina, de Berta [la rapsoda ruso argentina Berta Singerman], de J. R., de Miró, del Club"; y, enseguida: "Precisamente esta tarde me he enterado de los cafés que frecuentaba en Madrid Concha Méndez. Que no sepa yo que te vas con Maruja Mallo". Es una de tantas admoniciones y quejumbres de un novio celoso que se siente preterido.

Con la llegada de la República y tras su boda en 1931, el matrimonio se volcó en la Universidad Popular de Cartagena, en la estela de las Misiones Pedagógicas de Cossío. En Madrid conoció a Gabriela Mistral, a la que había enviado Brocal (1929), un primer libro de poemas en prosa que reflejaba un mundo solar y juvenil. La chilena le prologó Júbilos, ilustrado por Norah Borges y editado en 1934 en la murciana colección Sudeste, donde su amigo Miguel Hernández había sacado Perito en lunas. Para entonces la escritora, que acababa de alumbrar a una hija muerta, había hallado acomodo profesional en el Orfanato Nacional de El Pardo. El año 1935 fue muy fértil, como lo ejemplifican las Cartas a Katherine Mansfield, publicadas por entregas en El Sol entre septiembre y noviembre: un ejercicio de fraternidad psíquica con "la Chéjov inglesa" (aunque neozelandesa de cuna), con quien repudiaba la atrocidad de la rutina.

Paradójicamente, la misma Guerra Civil que la alejó de su marido, voluntario en el frente republicano, fue un periodo de intensa felicidad personal gracias a su relación con Amanda Junquera, esposa del catedrático de la universidad murciana Cayetano Alcázar. Hasta la muerte de Amanda en 1986 ya nunca se separarían del todo, ni siquiera cuando Antonio Oliver, que tras la guerra estuvo preso en Baza y luego en reclusión atenuada en domicilios de Murcia y Lorca, se reunió con Carmen en Madrid, a fines de 1945. Por entonces publicó algunos de sus libros poéticos más interesantes: Ansia de la gracia (1945), un políptico amoroso de rico cromatismo; o Mujer sin edén (1947), donde concilia el desarraigo existencial de la poesía de Dámaso Alonso con la nostalgia paradisiaca de Aleixandre, unido ello a una rotunda afirmación femenina.

El carácter de su esposo, siempre quejoso ante el desvío de Carmen, le amargó esos años, si hacemos caso a las anotaciones de sus diarios, profusamente recogidas en la reciente y exhaustiva biografía de José Luis Ferris (Carmen Conde. Vida, pasión y verso de una escritora olvidada), que ha utilizado para su documentación el extraordinario fondo del Patronato Carmen Conde Antonio Oliver. Licenciado tardíamente en Letras, el prometedor poeta Oliver se había ido apagando en un clima de frustración, del que salió casi por casualidad y con el decidido apoyo de Carmen. En efecto, un 13 de mayo de 1956 el matrimonio, junto a tres alumnos de un curso sobre Modernismo que Oliver impartía en la Universidad Central, viajó al pueblo abulense de Navalsauz, donde vivía ignorada de todos Francisca Sánchez -"la princesa Paca"-, última mujer de Rubén Darío, a quien había atendido, amorosa y samaritana, en sus años finales. Francisca había conservado el riquísimo archivo de Rubén, contra la incuria oficial y la rapacidad de estudiosos malandrines que lo diezmaron. La anciana, a la que en su juventud había enseñado Rubén a leer, les expresó su deseo de marchar a Madrid para "morirse escuchando la voz de los poetas". El empeño del matrimonio consiguió que las autoridades proporcionaran una casa en Madrid y una pensión a Francisca, quien, a su vez, cedió al Estado el archivo del poeta, al que desde ese momento se consagró Antonio Oliver.

El marido de Amanda murió en

1958; en 1968 lo hizo Antonio Oliver, cuya obra compiló en volumen Carmen Conde (Biblioteca Nueva, 1971), en la misma editorial donde ella había publicado su poesía reunida (1967). La muerte de Antonio está presente en A este lado de la eternidad (1968), especialmente en el impresionante 'Réquiem por nosotros dos'. Luego vino el aldabonazo de la Real Academia. Pero su actividad literaria no cesa, testimonio de lo cual es La noche oscura del cuerpo (1980), andanada espiritualista que conjura las pérdidas del tiempo, la opacidad de la materia y los desabrimientos existenciales de una vida ya esencialmente cumplida. En 1986 moría, en fin, Amanda, tras cuya desaparición sólo le quedaba esperar su propia muerte, que llegó el 8 de enero de 1996, cuando ya su mente llevaba un tiempo extraviada en las nieblas de Alzheimer.

LECTURAS

Antología poética, Edición de F. J. Díez de Revenga, Biblioteca Nueva.

Carmen Conde y el mar, Edición de Rosario Hiriart, Huerga & Fierro.

La rambla, Editorial Regional de Murcia.

Brocal, Áglaya, Carmen Conde para niños y jóvenes, Edición de María Victoria Martín, Ediciones de la Torre.

Mujer sin edén, Torremozas.

SOBRE LA POETA

Carmen Conde, Vida, pasión y verso de una escritora olvidada, José Luis Ferris, Temas de Hoy, Madrid, 2007.

http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Carmen/Conde/primera/mujer/elpepuculbab/20070811elpbabnar_13/Tes?print=1

Mucho menos conocida que Kate es Carmen Conde, a la que José Luis Ferris rescata en una biografía cuyo subtítulo da muchas pistas: Vida, pasión y verso de una escritora olvidada (Temas de Hoy).

Algunos (la edad es un grado) la recordamos apenas como una señora mayor que el 9 de febrero de 1978 accedió a la Académica de la Lengua, convirtiéndose así en la primera mujer que ocupaba un sillón en esa institución que casi 30 años después sigue siendo igual de machista. Ésa es la imagen, en blanco y negro y casi fija.">Pero, claro, antes hubo una trayectoria que es la que Ferris recupera, la vida de una intelectual considerada como una de las mejores poetas del siglo XX, responsable de una extensa obra literaria, amiga de Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró, Gabriela Mistral o Miguel Hernández, luchadora, firme e incansable, casada con el también poeta Antonio Oliver Belmás, no sabemos si escribir «dueña de una vida», porque la vida de uno no siempre se deja gobernar, que se vio desfigurada por las circunstancias y encubierta por una suerte de imperativos morales, sociales e incluso religiosos.

Ha dicho Ferris que en el proceso de investigación se encontró con que la poetisa había dejado numerosas pistas con el propósito de que alguien se interesara por ellas y las recogiera. Hecho. El libro permite ir más allá de la imagen canónica, vislumbrar su fogosidad amorosa, y así nos ofrece una segunda oportunidad para, si lo deseamos, asomarnos a su obra entendiendo las claves de sus poemas o el doble sentido de algunos fragmentos de su prosa. «Es una caja de sorpresas y profundizando en su vida se descubren un montón de cosas que nadie se espera», declaró Ferris al periódico La verdad, murciano como Carmen Conde. Desde luego, entre las sorpresas está su relación de 50 años con Amanda Junquera.

«Lo que más me ha impactado es la vida afectiva de Carmen, totalmente desconocida. Su vida afectiva tuvo una consecuencia inmediata en su obra. Es dificilísimo entender la obra de Carmen, y valorarla en su justa medida, si no conocemos realmente la dimensión afectiva en la que hay que marcar su existencia, que no es precisamente la oficial o la conocida».

«No es que llevase una vida secreta», precisó el escritor en las citadas declaraciones, «es que no podía airearla por las circunstancias de la España que le tocó vivir y de la sociedad de entonces (...). Es un caso ejemplar de lo que es la lucha entre la realidad y el deseo, y ahí estuvo Carmen siempre cubriendo, de alguna manera, las apariencias ante un mundo que no le permitía ser ella misma».

Asegura Ferris que del mismo modo que no se puede entender la vida de Conde sin la su marido, tampoco se puede entender sin Amanda. «La que convierte a Carmen en una autora fundamental en la postguerra española, y en una de las voces más destacadas y esenciales de lo que se puede llamar existencialismo poético en los años 40, es Amanda Junquera; a la luz de ella se genera toda su obra importante».

«Es difícil definir su historia con Amanda en los términos habituales de pareja», sigue Ferris en La verdad. «Fue el ser que iluminó la vida de Carmen en todos los aspectos, la que le ayudó a creer en su obra y la que le apoyó siempre y en todo», advierte. También fue «la persona que estaba ahí cuando más necesitó a alguien, al acabar la Guerra Civil. Ella la refugió cuando se marchó de Cartagena. Fue todo en su vida, y hasta que muere en la Navidad de 1986 fue realmente la sombra sobre la que se apoyó Carmen. (...) Es un ser ontológico que llena la vida de Carmen, y sin el cual llega un momento en que no puede vivir».

Ahora quizá se entiende mejor lo que quiso decir Dámaso Alonsocuando afirmó: «Nunca una palabra condensa el sentido total de una poesía, pero si quisiéramos definir la de Carmen Conde, "pasión" sería lo primero que nos vendría a la boca»

.http://www.libreriaberkana.com/revista/numero14/Libro2.htm



3 comentarios:

sandritapao dijo...

Angie o Perséfone:
Gracias por la bienvenida, por incluirme en tus link y por la fantástica página que has creado. Tiene mucha información y muy completa.
Que maravilla esto de las redes virtuales que apetan más aún el tejido social de los feminismos. He encontrado gentes y espacios muy especiales y por eso me atrevo a generar el propio.
Un abrazo sororal para ti también.

Alena.Collar dijo...

Yo creo que en la escritura de Carmen Conde ni quita ni pone que fuera o no lesbiana. Con todos mis respetos la literatura es buena o mala independientemente del sexo que tenga la persona.
Si Carmen Conde no fuera lesbiana su literatura sería exactamente igual de valiosa.
No creo que el hecho de ser lesbiana o no, añada algo a la persona.
Saludos cordiales.

Perséfone dijo...

No se trata de que su escritura fuera más o menos valiosa porque fuese lesbiana. Se trata de que la obra de cualquier autor o autora puede interpretarse de forma totalmente distinta si tenemos en cuenta circunstancias personales tan relevantes como su orientación sexual en tiempos en los que se censuraba y reprimía cualquier expresión libre de la sexualidad.
Si tenemos en cuenta, además, que se trata de una mujer, no tenemos más remedio que hacer una lectura de género, tanto de su poesía como de su contexto.
Bajo la excusa "no hay literatura de hombre o de mujer, sino buena o mala literatura", lo único que hacemos es perpetuar el olvido y fomentar la interpretación errónea de los textos tanto femeninos como lesbianos.
A nadie se le ocurre cuestionar a ningún crítico que ensalce la belleza de la poesía de Neruda dirigida a las mujeres ¿por qué tanto escándalo cuando se sugiere que Lorca escribía al amor homosexual? O cuando se sugiere que Gabriela Mistral era lesbiana ¿a qué tanto echarse las manos a la cabeza? ¿No es importante para interpretar los 20 poemas de amor y una canción desesperada saber a quiénes iban dirigidos sus poemas? Si no se hubiera tenido en cuenta eso y hecho una crítica concienzuda de ello, hoy no lo consideraríamos uno de los libros de poesía más importantes del siglo XX.
Las grandes obras de la literatura permanecen en el canon por influencia de la crítica que se hace de ellas. Los grandes autores que sobreviven al olvido lo hacen precisamente por los estudiosos que aman su obra y contribuyen a que permanezca en la memoria colectiva.
¿Cuántas mujeres y cuántas lesbianas son consideradas clásicos? Se pueden contar con los dedos. Y eso es precisamente porque bajo el subterfugio "la literatura es buena o mala" se olvida fácilmente de quién la ha escrito y por qué.
Además ¿qué es buena o mala literatura? ¿Quizá la buena sea la que te hace sentir identificada con los sentimientos y vivencias que expresa? ¿Con qué derecho entonces se han maquillado las verdaderas intenciones de las escritoras, sus verdaderos sentimientos? ¿es menos universal una obra literaria porque la haya escrito una lesbiana?
Yo pienso disfrutar mucho más de los versos de Carmen Conde ahora que sé un poco más sobre su alma.