29 ene. 2009

Reseñas para "Lesbianas. Discursos y representaciones" (II)

Esta sí que es una buena reseña...Y no lo digo por los elogios a las autoras, aunque los agradezco.


Reseña
Raquel Platero (Coord.)
Lesbianas. Discursos y representaciones
Madrid: Melusina
Año: 2008
ISBN: 84-96614-38-7
Páginas: 388
Más información:
http://www.melusina.com/libro.php?idg=16997

Para poder leer el libro Lesbianas. Discursos y Representaciones, primero tuve que encontrarlo. Y no me estoy refiriendo a dificultades para adquirirlo dentro del mercado editorial. El ejemplar que disponía formaba parte del equipaje que me acompañaba a pasar unos días de descanso estival en la montaña con mis padres, tías/os, primos/as y abuelas. Era el contexto perfecto para reencontrarme con voces conocidas y admiradas; un baño de memoria, orgullo y “empoderamiento” para días de sol y tranquilidad.
El libro, que circulaba conmigo por todos los rincones de mi descanso, el sofá del salón, la tumbona de la piscina; suscitó la curiosidad de aquellos interesados en saber en qué ocupaba el tiempo libre. La reacción de quienes cogían el ejemplar y descubrían a golpe de vista la palabra lesbiana acompañada por todas sus variantes, se relaciona profundamente y confirma todo lo que descubriremos leyendo cada uno de los capítulos de este libro. Rubor facial, evidentes aceleraciones del pulso, sofocos, espasmos súbitos para a continuación soltar rápidamente un libro que parecía quemar y cubrirlo con periódicos o colocar otros objetos sobre él, o inevitablemente, guardarlo en un lugar seguro, o sea, un armario.
Reconozco que semejante revuelo tuvo su lado divertido, eso sí, obviando que al igual que hizo aquellos días mi familia extensa con el libro, sucede sistemáticamente en muchas familias en las que hay alguien que no sigue el patrón heterosexual. “Toleraremos” que seas lesbiana, pero por favor, hazlo con discreción y en la intimidad, suele ser una de las consignas para que esta realidad sea “aceptada”. Sé una buena lesbiana: sé muy mujer, muy discreta, muy monógama… La palabra “lesbiana”, “bollera”, “camionera”, “tortillera”, “invertida”, “marimacho”, no podía circular libremente por mi casa al igual que no lo puede hacer en nuestra sociedad.
A pesar del tragicómico trasfondo personal con el que introduzco la reseña de este libro, una se siente mejor, más fuerte, más acompañada y más convencida, si es posible estarlo, al reconocerse entre líneas. Después de la excitante sobredosis de visibilidad lésbica que ofrecen estos doce ensayos coordinados por Raquel Platero, eres capaz incluso de tomarte con humor estos retazos de vida. Historias compartidas que remiten a una misma raíz cultural: una sociedad patriarcal con un modelo de sexualidad heterosexual.
Lesbianas, discursos y representaciones, es bastante más que una labor de recuperación de la memoria histórica y una cartografía de la experiencia de las lesbianas en el contexto español en el periodo comprendido entre la dictadura franquista y el momento actual. Es, por un lado, un instrumento político en sí mismo –sinónimo de amenaza para mi familia por su mera presencia material-, y por otro lado, un análisis teórico fascinante sobre cómo se manifiesta la heteronormatividad a través de la sexualidad, sirviéndose para ello del análisis de las representaciones de las lesbianas, tal y como indica la propia Platero. En este último sentido es donde considero que este no debiera ser un libro exclusivamente para lesbianas u otras sexualidades minorizadas. Sus análisis y discusiones remiten a la historia de este país desde la época franquista y parte de los logros alcanzados a nivel de derechos civiles y libertades en las últimas décadas en nuestro contexto son producto de las reivindicaciones, discursos, teorías y activismos desarrollados por lesbianas, tanto dentro como fuera de organizaciones. Aunque las hicieran invisibles, siempre estuvieron y han estado ahí, desde el oscurantismo del franquismo hasta el momento actual.
Son Empar Pineda (Mi pequeña historia sobre el lesbianismo organizado en el movimiento feminista de nuestro país) y Amparo Villar (¿Lesbiana? Encantada, ¡es un placer!: Representación de las lesbianas en Euskal Herria a través de los grupos organizados) entre otras quienes en sus respectivos capítulos nos recuerdan la importancia de los discursos y acciones de muchas de estas mujeres para asentar las bases teóricas de la actual situación de derechos civiles y quienes denuncian el actual olvido del trabajo político, organizativo y social del feminismo lesbiano (:25). Tal como indica la propia Villar, el trabajo de las organizaciones feministas lesbianas en el momento de la transición democrática ha permitido cuestionar y articular la lucha contra la violencia machista, conseguir derechos como el aborto o el divorcio y ha hecho posible hablar del deseo, su maleabilidad, de las relaciones entre mujeres y del vínculo entre sexualidad y heterosexualidad. Tal y como argumenta Raquel Osborne en su ensayo Entre el rosa y el violeta. Lesbianismo, feminismo y movimiento gai: relato de unos amores difíciles, este trabajo conjunto supone un reconocimiento del trabajo de muchas lesbianas en el cuestionamiento de asuntos centrales relativos a la interconexión entre sexo, género, identidad, sujetos, ciudadanía o los dualismos jerarquizados homosexual/heterosexual (:104).
En este recorrido de reconocimiento es imposible que no aparezcan de forma constante las acciones y procesos de discriminación e invisibilización a la que nos vemos y nos hemos visto sometidas a lo largo de la historia. Y es que, aunque como afirma Raquel Platero en ¿Queremos las lesbianas ser mujeres? Las lesbianas a los ojos del feminismo de Estado: representaciones y retos de las sexualidades no normativas, las lesbianas no somos ni seremos mujeres hasta que las políticas públicas no identifiquen la orientación sexual como elemento causante de desigualdad estructural (:186). Resulta paradójico, y es algo en lo que coinciden todos los trabajos presentados en el volumen, que precisamente la base en la que se asienta nuestra discriminación e invisibilidad no está tan relacionada con nuestra opción sexual, sino por el hecho de ser mujeres. Es el género, y no la opción sexual, como afirma Beatriz Gimeno (:100) la que nos limita e invisibiliza más que a nuestros compañeros gais.
Al respecto se extraen diferentes argumentos y conclusiones, algunos por ejemplo hablan de dependencias afectivas hacia padres y madres y otros aluden a la violencia que el heterosexismo y el patriarcado ejercen sobre las mujeres que no están “interesadas” sexo afectivamente en hombres. En esta línea, Raquel Osborne (:99) hace referencia al trabajo de la psicóloga Begoña Pérez Sancho sobre el “manejo del secreto de las familias” y menciona a Empar Pineda cuando la misma asegura “el tremendo problema de las dependencias afectivas hacia padres y madres como factor determinante en no atreverse a dar la cara”.
Resultan muy interesantes al respecto los trabajos de investigación de José Ignacio Pichardo y Pilar Villalba. Pichardo, en Lesbianas o no, alude a las “dificultades de nombrarse lesbiana” y cómo las mujeres que tienen relaciones sexuales con otras mujeres problematizan la cuestión de su identidad sexual de forma más frecuente que el resto de mujeres o que los varones homosexuales (:137). En su análisis, estas dificultades en la “identificación” y la falta de visibilidad están más relacionadas con la situación de subordinación de las mujeres y con el uso de estrategias para evitar la presión social que sufren, más que por ejemplo, con una falta de referentes lésbicos positivos. En el mismo sentido, Villalba, en ¿Techo de cristal o armarios de doble fondo? Análisis de discurso sobre el lesbianismo y la homosexualidad desde una perspectiva de género, explica cómo el hecho de que la experiencia o identidad lésbica sea una vivencia menos expresada públicamente –ese “techo de cristal” hacia la visibilidad-, está relacionada con la mayor presión social a estas mujeres, por la consideración de la sexualidad y los estereotipos asociados al sexo femenino y al papel de la mujer (:170).
Aún así, han sido y siguen siendo muchas las formas de vivirse y de nombrarse. Prueba de ello lo da Gracia Trujillo en Sujetos y miradas inapropiables/adas: el discurso de las lesbianas queer, al problematizar la homogeneización de una identidad lésbica estereotipada, incorporando el discurso de las lesbianas queer y socializando la diversidad de identidades, de vivencias y experiencias de las mujeres que tienen relaciones sexuales con otras mujeres, así como apelando a la necesidad de desplegar políticas transversales donde la identidad y la opción sexual no sean las únicas o principales variables. En la misma línea, Raquel Platero insiste en la necesidad de superar las políticas monofocales para desarrollar políticas “interseccionales” de género y orientación sexual, donde clase social, la edad, la procedencia étnica, las creencias, la lengua o la (dis)capacidad sean variables importantes a considerar ante la múltiple discriminación que afecta a lesbianas.
No cabe la menor duda de que para que hoy nosotras podamos preocuparnos en reflexionar sobre identidades y políticas, otras muchas iniciaron un camino en el tuvieron que resistir y luchar en la más absoluta represión y clandestinidad. ¿Quiénes nos precedieron? ¿Qué encontramos en los armarios del franquismo? “Libreras”, “tebeos”, “ser o tener asunto” eran códigos de comunicación que crearon espacios de libertad en pleno régimen franquista. Matilde Albarracín, en Libreras y tebeos: las voces de las lesbianas mayores, hace el merecido homenaje a la fortaleza y al trabajo de esas mujeres y al igual que la autora afirma “son mujeres a las que deseo parecerme cuando sea un poco más mayor” (:191). En este reconocimiento y resistencia seguimos disfrutando con Angie Simonis en Yo no soy esa que tú te imaginas: Representación y discursos lesbianos en la literatura española y las estrategias literarias de lo que ella denomina el contraestereotipo. En esta resistencia contra los estereotipos sobre las lesbianas la autora cita numerosas escritoras las cuales, mediante “la estrategia de la inclusión del sentido del humor, el texto lesbiano no sólo ha aprendido a reírse de sí mismo, sino del mundo externo que le rodea” (:278).
Ahora parece que las películas, los concursos, las series y especialmente internet, se han llenado de lesbianas. ¿Pero cómo son esas lesbianas de ficción que comienzan a calar en el imaginario de nuestra sociedad? ¿Cómo aparecen las lesbianas en la red? Paloma Ruiz, en Una pornografía de ellas sin ellas: la representación de la sexualidad lesbiana en internet concluye, a través de un estudio donde analiza la representación de la sexualidad lesbiana a través de cincuenta páginas web, que las lesbianas en la red siguen siendo un objeto creado para erotizar a los hombres. Por otro lado, como asegura Platero en Las lesbianas en los medios de comunicación: madres, folclóricas y masculinas, las lesbianas que empiezan a ocupar el espacio público y mediático siguen siendo representadas como malas, de esposas y/o de madres, identidades que se sitúan en un lesbianismo conservador que sigue sin cuestionar los valores de la heterosexualidad obligatoria. A raíz de esto y precisamente por ello, conviene llamar la atención a discursos como los que proporciona Elena Norandi en Amor y deseo entre mujeres: representaciones plásticas en el arte contemporáneo, cuando insiste en la necesidad de la “elaboración de una iconográfica específicamente lesbiana, hecho que desempeña un importante papel en la cuestión de hacer visibles nuestras vivencias, al mismo tiempo que nos representa socialmente y hace simbólica nuestra existencia” (:305).
Después de esto, no me queda más que dar mi sincero agradecimiento a todas las autoras, especialmente a la coordinadora del libro, Raquel Platero, por la importancia de publicar trabajos que sigan visibilizando a las lesbianas de carne y hueso, además de por seguir recordándonos a todas que todavía nos quedan muchos armarios de los que salir.

Nuria Gregori Flor, Universidad de Valencia

AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org
Volumen 4, Número 1. Enero-Abril 2009. Pp. 137-141
Madrid: Antropólogos Iberoamericanos en Red. ISSN: 1695-9752

3 comentarios:

Yur dijo...

Gracias, Angie, por permitirnos acceder a una muy buena reseña aparecida en una revista científica. Así, sí...

(y gracias por tu blog, por tu obra y por tu dedicación!)

Lilith, la Eternamente Libre... dijo...

Es el género, y no la opción sexual, como afirma Beatriz Gimeno (:100) la que nos limita e invisibiliza más que a nuestros compañeros gais.

Hola, esta frase me conmovio al leerla senti como un balde de agua helada, porque? mi hermano menor es gay, y mi primo tambien, hemos crecido juntos, reido, llorado, viviendo la problematica de los homosexuales, su aceptacion, la discriminacion, y las marchas del orgullo, pero aun entre ellos, entre los varones homo, he visto que discriminan a las lesbianas, muchos no les hablan, no las toleran, en la ciudad de México, la zona de los gays, es la Zona Rosa, pero las lesbianas no tienen en si lugares para reunirse, para platicar o ligar, simplemente en los bares gay hacen noches lesbicas.

En una ocacion, pues la neta, yo le dije a mi hermano y a mi primo, mientras estos joteaban(pluma) con estola, bailando canciones de Thalia, -no manchen se imaginan si yo fuera lesbiana- se acabo la fiesta.

Los dos me dieron infinidad de razones del porque no era bueno que yo fuera lesbiana, "las lesbianas son muy competitivas" "las lesbianas son muy marimachos" "las lesbianas siempre terminan acostandose con un hombre porque necesitan al varon es el instinto de la mujer" "en las lesbianas una es la hembra y la otra el macho" "yo se como son, se sienten mas que los hombres" "si tu fueras lesbiana no te volveriamos a hablar..."y puros comentarios pendejos de ese estilo.

Como yo ya me estaba encabronando, y no por ser lesbiana si no por ser mujer, les dije, -No mamén, ustedes sufren la discriminacion, les caga que les digan putos, sufren de golpizas los dos las han vivido por su preferencia, parte de la familia los ve como apestados, y aun asi no pueden tolerar a las lesbianas y caen en lo mismo? No pueden ver que su machismo esta aun muy enraizado, homosexuales misoginos, etc, etc, etc.
COmo es posible que digan que dejarian de hablarme si yo fuera les, cuando yo di la cara y los apoye, eso es machismo, y aun gays no se escapan de el.

Recuerden que las mujeres no somos maquinas, ni los estereotipos de la tele, tambien sufrimos, tambien nos brotan lagrimas. un saludo

Angie Simonis dijo...

Querida Yur, gracias a ti por leer mi blog. tampoco soy tan altruísta, que yo también me hago propaganda ya que participo en el libro y las autoras son todas colegas... pero es un libro MUY BUENO y hay que difundirlo, independientemente de lo que me toque...
Lilith, cariño, tú sí que eres fiel. Hay que ver qué mal lo tenemos las lesbianas, ¿eh? Hasta los gays nos discriminan. Bueno, yo no podría decirlo, mis compañeros gays de militancia eran unos chicos estupendos, siempre atentos a que hubiera más visibilidad para nosotras en el colectivo. Puedo decir muy orgullosa que bastantes de mis mejores amigos son gays.
Pero mira, en realidad, yo estoy un poco harta del sambenito de la discriminación de las lesbianas. Está discriminad@ quien se siente discriminad@ y no es mi caso.
¡Me paso las discriminaciones por el forro de los ovarios! Jejejejeje.