11 may. 2009

Los insospechados caminos de la Diosa

El otro día, viajando por la red, descubro que se va a hacer un seminario sobre la Diosa en Paraná, Argentina. Curioseando, pido información al email de contacto y recibo una muy amable respuesta del profesor Ecio Bertellotti, facilitándome los detalles del seminario.
Pues bien, el señor Ecio es ingeniero de caminos y ha sido profesor de matemáticas. Me cuenta Ecio que ha llegado al conocimineto de la Diosa a través de las ciencias duras, desde el más puro de los cientificismos. Para que os hagáis una idea, estos son los temas propuestos en su seminario:

-Las estructuras simbólicas. Invariancia. Mathesis, mathémata, matemáticas. Las categorías matemáticas de la realidad.

-La vida como autopoíesis. Autopoíesis y el animal humano.

-Magia, religión, ciencia.

-Lo sagrado. Lo prohibido. Lo divino.

-La naturaleza y la diosa madre. Sexo, vida, alimento, muerte.

-La diosa en la tradición europea, en Oriente y en América.

Los misterios y lo iniciático. Lo oscuro y lo luminoso.

Los dioses padre. El dios padre y el padre ideal. El patriarcado, el trabajo, la propiedad.


Me quedé a cuadros y a rombos. No me esperaba, de verdad, encontrar un profe de mates enamorado de los temas de la Diosa hasta el punto de proponer un seminario en su universidad, arriesgándose a que le tilden de new age, de feminista o de esotérico trasnochado. Porque Ecio me corrobora que el tema se mira así también en la universidad argentina, prácticamente como en la de aquí. Pero como digo en el título, los caminos de la Diosa son insospechados y sus vías de difusión abarcan todos los caminos, senderos y autopistas. Y todos los corazones, femeninos y masculinos.

Os transcribo la propuesta de Ecio, por lo demás interesantísima... ¡qué pena, por fin un seminario en una universidad sobre Ella y es al otro lado del Atlántico.


Las estructuras simbólicas intelectivas del mundo, la Diosa y la sustentabilidad ambiental

Por el Dr. Ecio Bertellotti

Seminario crítico sobre la figura de la Diosa y su relación con la sustentabilidad ambiental


En el proceso de configuración–consolidación de la deriva que va desde lo primate hacia lo humano ocurrido en los últimos 5.000.000 de años, se fueron introyectándo en nuestro haber cultural órdenes conceptuales de tiempo, de espacio, de energía, de identidad, de conjunto, de parte, de todo, de orden, de asociación, de medida, de proximidad, de número, de movimiento, de sucesión, de lleno, de vacío, e incluso de sentido, los que fueron permitiendo, y esto con independencia de las dimensiones morales implicadas, la construcción de herramientas (armas), el manejo del fuego, el desarrollo de lenguajes auto referenciales, o el despliegue de complejas estrategias sociales orientadas a fines. Va a ser la irrupción de la dimensión moral lo que dará lugar a la emergencia de lo más específico humano, y cuyas marcas reconocemos en la prohibición del incesto, en los tabúes en general, en la sacralidad o en la ley.

En los últimos tiempos, anteriores al despliegue de las culturas productoras pero ya en un mundo que reconocemos plenamente humano, cuando nuestros ancestros vivían en sistemas sociales parentales organizados alrededor de la caza, la pesca, la recolección y el intercambio (y hablamos de ese intervalo de tiempo que podemos fijar entre los 35.000 y los 10.000 años anteriores aproximadamente), la figura de la Diosa habría ocupado un lugar de absoluta centralidad. Dicha figuración conlleva la cosmovisión partogenética originaria, y como tal encierra en sí en una síntesis formidable de los misterios de la naturaleza, de la vida y de la muerte, del nacimiento, del alimento y del sexo, a lo que más tardíamente añadiría incluso guerra y sabiduría. El animal humano, separado de la naturaleza en su conciencia (del mismo modo que fue separado de su madre tras el nacimiento), encontraría en ella mediación como vínculo religante con lo real en tanto la gran madre simbólica que esta figura representa. Las actividades humanas en este período se encontrarían así reguladas bajo las pautas relacionales que la diosa impone y que en virtud de la afinidad referida resultan sustentables en los términos de la naturaleza de lo real. Lo humano, si bien se encuentra ahora separado del mundo desde su autoconciencia, en tanto se encuentra inmerso en la omni-presencia divina, se obliga a que las relaciones con el mundo se produzcan dentro del dominio de lo sagrado, tal y como todavía ocurre en aquellas culturas que mantienen esta estructura vigente. [1] Esta situación se habría mantenido estable incluso durante los primeros tiempos de la fase de la revolución agrícola, aunque poco a poco, habría ido perdiendo su lugar hegemónico frente al creciente despliegue de los dioses padre. De hecho, fue por entonces que el mundo habría comenzado a perder aquella condición de sacralidad universal consustancial con el sistema partogenético propio de la diosa madre, volviéndose con ello cada vez más profano y consecuentemente profanable resultando así funcional para el desarrollo de una fase de producción con acumulación propia del productivismo incipiente. No obstante, la convivencia aun bajo tensiones, se habría mantenido durante varios miles de años, ya que en un principio se habrían desarrollado formas no excluyentes (politeístas) y fuertemente panteístas de manifestación de la divinidad en convivencia con las nuevas relaciones de producción y de dominio social emergentes.

Los monoteísmos fundamentalistas y excluyentes y su entronización hegemónica, trajeron consigo la expulsión definitiva de la diosa del panteón divino, con lo cual el mundo habría completado el vuelco de campana, del cual y desde entonces, no se ha recuperado. La diosa, rectora del orden moral de la vida humana dentro de la naturaleza en su integridad, fue tenazmente perseguida acusada precisamente de los peores crímenes morales. Con ello la simbología propia de la naturaleza profunda que se encontraba anclada en lo partogenético originario, perdió su lugar bajo la égida de una cultura fundada sobre una nueva naturaleza sustituta de la anterior, que mantiene dogmáticamente de la creación paterna ex-nihilo, perdiendo con ello aquel anclaje en lo real constitutivo que la primera brindaba. Y es aquí donde radicaría precisamente la condición de insustentabilidad intrínseca del nuevo sistema dado que sustituye aquella afinidad entre lo real y la realidad por una nueva construcción representacional desligada de aquel vínculo originario. Consecuentemente la naturaleza en su totalidad, incluyendo los propios cuerpos, habría quedado desde entonces ex-puesta al servicio utilitario de la apropiación y la explotación, acciones estas que han caracterizado al despliegue cultural de occidente, y que alcanza en nuestros días su expresión más descarnada y extrema en las relaciones sociales que impone el capitalismo de mercado en su fase neoliberal mediante la exacerbación de un individualismo consumista y neg-ligente que naturaliza aún más si cabe, las relaciones patriarcales que le habrían dado origen.

Propuesta académica

El Seminario está dirigido a docentes, alumnos y público en general interesados en la temática. Tendrá una duración total de treinta horas a desarrollar en ocho encuentros. El Seminario se propone como un lugar abierto al debate crítico y como tal polémico sobre la temática propuesta. A partir de sucesivas exposiciones que vayan dando cuenta del estado de la cuestión y con la participación extendida a actores provenientes de diversos campos del saber interesados en la cuestión, se irán abordando los diversos temas específicos involucrados.

Ecio Bertellotti es Doctor Ingeniero de Caminos Canales y Puertos. Ha desplegado una activa vida pública comprometida con el desarrollo humano y la sustentabilidad socio ambiental, habiendo realizado entre otros, trabajos de investigación y docencia en Matemáticas (fundamentos) y Medio Ambiente en universidades del país y el

extranjero.

En el presente Seminario el Dr. Bertellotti expone y comenta resultados formales y conjeturas abiertas desarrollados a partir de la consideración de las estructuras simbólicas inherentes a lo divino y su emergencia dentro del contexto que ofrece el proceso cultural humano.


[1] Sin que esto sostenga la ingenua suposición de que la vida era entonces idílica y sustentable, sino destacando los alcances del término de la sucesión entonces.


No hay comentarios: