19 mar. 2009

19 de marzo, San José ¿día del padre cereal?

Astarté

Los ritos paganos que relacionan los ciclos de la Naturaleza con los de la vida humana no dejan de sorprenderme. Leyendo La rama dorada de James Frazer he descubierto curiosos rituales que él califica como "salvajes" o "ignorantes", que me confirman la intuitiva inteligencia de aquellas civilizaciones que florecieron en comunión con las creencias en la supremacía de la Diosa y que para mí revisten toda la implacable lógica de la conexión con los cilos naturales.
En todo el Mediterráneo se celebraron en la Antiguedad solemnemente ritos mágicos con la intención de regular las estaciones en armonía con los ciclos vitales de la vegetación y la vida animal, en los que se personificaban los poderes de la Diosa en íntimo matrimonio con el Dios y sus consecuencias en la fertilidad de la tierra.
Bajo los nombres de Osiris (Egipto), Tammuz (Babilonia y Siria), Adonis (Biblos y Chipre) y Attis (Roma), los pueblos de Egipto y del Asia Menor representaban la decadencia y el poder anual de la vida, en particular de la vegetasl, personificándola como un dios que muere anualmente y vuelve a vivir.
Tammuz moría todos los años, marchando al mundo subterráneo, mientras su amante divina Istar, la Diosa Gran Madre, le buscaba hasta "el país de cual no se vuelve, la casa de las tinieblas, donde el polvo cubre la puerta y el cerrojo". Durante la ausencia de la diosa, ningún mortal osaba tener relaciones sexuales (¿no os recuerda esto el ayuno tanto sexual como alimenticio de la cuaresma?). La reina de las regiones infernales, Allatu o Eresh-kigal, consiente de mala gana a que Tammuz regrese con Istar a la superficie y vuelva a renacer la vida y la actividad en la tierra. Las lamentaciones por Tammuz se relatan en himnos babilónicos donde se le compara a las plantas que se marchitan prontamente.
En Biblos y en Pafos (Chipre) se rindió culto a Afrodita o su contrafigura semítica Astarté. Cada año tenía lugar la celebración de la muerte de Adonis, su amante, herido mortalmente por un oso o un jabalí en las montañas, tiñendose de rojo las aguas del río con su sangre, pues en el tiempo florecían las anémonas rojas. Las mujeres, antes de casarse, estaban obligadas a prostituirse con extrajeros en el santuario de la Diosa y dedicar al templo las ganancias obtenidas. Lloraban al son de plañideras flutas la muerte del dios, llevando su imagen a las aguas del mar, esperanzadas, sin embargo en su retorno cíclico. En Alejandría se creía que Adonis había surgido del árbol de la mirra, de ahí que se usara incienso de mirra en su festival. Afrodita luchaba con Perséfone en los abismos para traerse de vuelta a su amado a la tierra de los vivos y al fin sellaban el pacto de que estuviera una parte del año arriba y otra abajo, simbología ésta que casa con la vida del cereal, medio año entrerrado bajo la tierra y otro medio en la superficie. Adonis y Afrodita
Así como los agricultores hacían perecer al grano con la siega o era pateado por la pezuñas de los bueyes mientras las mujeres lloraban su muerte en casa, se cree que también se personificaba a Adonis con un hombre vivo sacrificado en el campo de la siega. Los espíritus de los inmolados volvían a la vida en las espigas que ha´bian nutrido con su sangre.
Los "jardines de Adonis" eran unas cestas o macetas llenas de tierra en donde se sembraba trigo, cebada, lechuga, hinojo y varias clases de flores que cuidaban las mujeres durante ocho días, dejándolas acariciar por el calor del sol. Las plantas crecían rápidamente, pero al tener raíces pronto se marchitaban, por lo que una vez transcurrido los ocho días se llevaban junto a las imágenes yacentes de Adonis y se tiraban al mar o a los manantiales. El crecimieento rápido del trigo y la cebada tenía por designio que la cosecha germinase pronto y brotara sobre la tierra y el arrojar juntos jardines (representación de su naturaleza) e imágenes (su figura humana) era un sortilegio para asegurar las lluvias fertilizadoras. Todavía se siembran "jardines de Adonis" en Cerdeña y Sicilia alrededor de marzo para ser arrojadas al mar en la festividad de San Juan en rituales relacionados con el emparejamiento de los jóvenes. En Sicilia y en Calabria los jardines sembrados por las sicilianas se dedican al Cristo de la Semana Santa. En Grecia sacan en procesión por todo el pueblo una imagen de cera que representa a Jesús en un túmulo adornado con limones, rosas, jazmines y otras flores. Tras lamentos y salmodias por su muerte y un ayuno estricto, la medianoche del sábado se anuncia su resurrección y se desata el júbilo, descargando los cañones, escopetas y toda clase de cohetes y fuegos de artificio.
Atis, amado por Cibeles, representaba en Frigia lo que Adonis en Siria. también su nacimiento fue milagroso: su madre Nana, una virgen, le concibió al poner una almendra o un granada en su regazo. En la cosmografía frigia se representa al almendro como padre de todas las cosas, ya que sus flores sonrosadas son los primeros heraldos de la primavera, apareciendo en sus ramas desnudas de hojas. Sobre la muerte de Atis hay dos versiones, una cuenta que le mató un jabalí y la segunda que él mismo se emasculó bajo un pino, muriendo desangrado allí mismo. Esta automutilación la practicaban los sacerdotes del culto a Cibeles, castrándose ellos mismos antes de entrar al servicio de la diosa. Cibeles fue llevada a Roma como parte de una profecía sbilina, que decía que el extranjero invasor (Aníbal) sería arrojado de Italia cuando la diosa fuera llevada allí desde su Frigia natal. La diosa, corpereizada en una piedra negra, llegó a mediados de abril y aquel año la cosecha fue como no se había visto en mucho tiempo. Al año siguiente, Aníbal embarcó hacia África.
El festival primaveral de Cibeles y Atis es bien conocido. El 22 de marzo cortaban un pino del bosque y lo llevaban al santuario de Cibeles, donde era tratado como una deidad. El tronco se amortajba con bandas de lana y se adornaba con guirnaldas de violetas (que habían brotado de la sangre de Atis como las rosas y las anémonas de Adonis).Después ataban a la mitad del tronco la figura de un joven, el propio Atis. El 23 se celebraba haciendo sonar las trompetas y el 24 era el "día de la sangre": el gran sacerdote se sangraba los brazos y presentaba su sangre como una ofrenda. Del mismo modo le imitaban los clérigos inferiores, danzando frenéticos y cotándose el cuerpo con trozos de loza y navajas, salpicando el altar y el árbol sagrado con su sangre. También se cree que entonces los novicios sacrficaban su virilidad y lanazaban sus miembros contra la imagen de la diosa. Después sus "rotos insmtrumentos de fertilidad", según la poética expresión de Frazer eran enterrados en el suelo o en las cámaras subterráneas consagradas a Cibeles, donde, al igual que la ofrenda de sangre, estaban destinados a llamar a Atis a su renacimiento y con él a la resurrección general de la naturaleza. Otras diosas también fueron asistidas por sacerdotes eunucos, como Artemisa de Éfeso o Astarté de Hierápolis.
Venus y Adonis
Más, al llegar la noche, la tristeza y el duelo se convertían en gozo: brillaba una luz en las tinieblas, se abría la tumba y el dios se levantaba de entre los muertos, llevando la promesa de la resurrección a todos sus creyentes. El 25 de marzo, considerado como el equinoccio de primavera, se celebraba la buena nueva con un carnaval y una fiesta de desenfreno, el 26 se descansaba y el 27 se daba término a las festividades con una procesión de la imagen de la diosa tallada en piedra negra colocada en una carreta tirada por bueyes, precedida de nobles descalzos y al son de tambores y flautas hasta el Tíber, donde un sacerdote vestido de púrpura lavaba la carreta, la imagen y demás objetos sagrados en el agua corriente. Al vuelta, se esparcían sobre el vehículo y los bueyes las flores de primavera, que hacían olvidar la sangre vertida.
No es difícil encontrar remisniscencias de todo ello en la celebración católica de la pasión y muerte de Cristo, anulando, eso sí, todo vestigio de sexualidad y remarcando sólo lo sangriento (los penitentes de Semana Santa no deben ser muy diferentes de los de Cibeles). Como cada primavera, Jesús va a ser sacrificado y resucitará al tercer día, como la promesa de la nueva vida resurge en la Naturaleza.

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